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diumenge, 3 de desembre del 2017

La oreja sede de la memoria


Anillo romano
Hay unos curiosos ónices tallados con una mano que pellizca el lóbulo de una oreja bajo la leyenda escrita en griego "Recuerda", "Recuérdame". La razón de esto es porque los antiguos creían que en esta zona del cuerpo residía la memoria.

Plinio nos dice en su obra Naturalis Historia:  Est in aure ima memoriae locus, es decir en el lóbulo de la oreja está la sede de la memoria. Por esa razón, aurem vellere,  tocar el lóbulo auricular  de uno mismo o el de otra persona llegó a ser un gesto que expresaba la necesidad de recordar o hacer recordar algo importante. 

De este gesto encontramos variados testimonios en la literatura clásica como por ejemplo:
-en la Appendix Virgiliana, Copa 38: 

Mors aurem vellens "vivite" ait "venio" 

La muerte tocándome la oreja me dijo "disfruta de la vida", "ya voy".

-Séneca, De Beneficiis V, 7,6 

dicere solemus : Sine, loquar mecum ' et ' Ego mihi aurem pervellam.' 
 Solemos decir "déjame hablar conmigo mismo" y " yo me estiraré la oreja"
 Anillo romano



-Amiano Marcelino,22, 3, 12, 

aurem, quod dicitur, vellens monensque

como se suele decir tocándole la oreja y recondándole



Más anillos como éstos podemos ver en este enlace




Este gesto se realizaba en un contexto muy especial relacionado con los juicios. Se halla en la antestatio, es decir, en la citación de alguien como testigo en un juicio pues se tocaba el lóbulo de la oreja de quien debía testificar y se le decía algo como 

memento quod tu mihi testis eris
recuerda que serás mi testigo

Lo encontramos atestiguado en Plauto y Horacio. 

-Plauto, El persa, 747-748 

DOR, Nonne antestaris? SAT. Tuan ego causa, carnufex,/ cuiquam mortali libero auris atteram,/ qui hic commercaris civis homines liberos?
Dórdalo: ¿No tomas testigos? Sagaristón: ¡Bribón! ¿Voy yo a estirar la oreja de cualquier hombre libre por causa tuya que te dedicas al comercio de ciudadanos libres?

-Horacio, Sátiras I, 9,:

 "licet antestari?" ego vero oppono auriculam, Rapit in ius...
¿Quieres servirme de testigo? yo le presento  la oreja. Arrastra al juicio...



Quizá de este gesto romano venga la costumbre de estirar de las orejas a los que cumplen años en sus aniversarios para recordarles el paso del tiempo y el número de años que han disfrutado ya. De manera que simbólicamente muy pronto 
estiraremos las orejas de este blog que nació el día 6 diciembre del 2006 y cumple once años ya!!

Feliciter Hortus Hesperidum!!






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diumenge, 24 de maig del 2015

Píxides y joyeros en Roma


Fresco del palacio de Constantino (Trier)
El gusto por las joyas es una constante en la historia de todos los pueblos bien como símbolo de riqueza, de status social, por uso y funcionalidad, como los anillos-sello, por su valor mágico de protección, por su valor meramente artístico o por su efecto estético. 

Lo cierto es que, aunque podemos encontrar joyas específicas para los hombres, es entre las mujeres donde constatamos un mayor uso de las joyas para embellecerse. Ovidio en De Medicamine faciei, 17 y ss, dice:

Vuestras madres han criado hijas delicadas;
vosotras queréis que vuestros cuerpos sean cubiertos de vestidos de oro;
queréis perfumar vuestros cabellos y variar vuestro peinado,
deseáis que todos admiren vuestras manos zigzagueantes en piedras preciosas;
rodeáis vuestro cuello con diamantes traídos de Oriente,
tan pesados que dos para una oreja serían carga demasiado grande.

Joyas como anillos, pendientes, pulseras, collares, broches, diademas... son tesoros que guardaban en píxides y joyeros, pequeños recipientes de cerámica, madera o metal. 


De ellos nos han llegado algunos ejemplares que gracias a relieves, frescos y mosaicos cobran vida ante nuestros ojos.

La estela de Hegeso, hija de Próxeno ( siglo V a C.) que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, es una conmovedora estela que nos permite presenciar el preciso momento en que Hegeso extrae una cadena de entre sus joyas guardadas en el joyero que sujeta su esclava.

En el instante del adiós la joven difunta se despide con gran melancolía de cada una de sus joyas para de este modo rememorar recuerdos de su vida que están relacionados con ellas.




Y no es esta estela funeraria el único testimonio de la íntima relación entre pequeños objetos de uso cotidiano, como joyas y joyeros, y los sentimientos de las mujeres, sino que podemos ver otros como ocurre ela estela funeraria de Glykylla del siglo V a C. vemos una acción concreta en el arreglo diario de una mujer de cierto status. De la caja con joyas que le presenta su esclava, la señora elige un brazalete que se ajusta en el brazo.




Pyxis ática de figuras rojas. s. V a C.





Estos joyeros eran de distintos materiales y formas. Por un lado encontramos los píxides griegos, pequeñas cajas de cerámica con tapa que iban decoradas con imágenes de la vida de las mujeres, como la boda, el hilado, escena de gineceo,...
Pero también de madera decorado con herrajes de bronce y relieves trabajados en hueso , como este magnífico ejemplo del siglo I d C. que se halla en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.



Un ejemplar muy curioso nos llega desde la Galia ya que se trata de una caja metálica  con varios compartimentos con tapa. Estas cubiertas son láminas macizas o caladas que tienen unos salientes en un lado, que funcionan como bisagras y permiten abrir y cerrarlos gracias a unas asas de agarre que hay en su superficie.

El conjunto está protegido por una cubierta exterior que se desliza por unas guías internas hasta cerrarlo por completo.  Contenía dos anillos y una moneda de plata. Se encuentra expuesto en el Museo Nacional de Arqueología de Saint-Germain-En-Laye,  Paris. Podemos ver más ejemplos en este enlace

El uso de estas cajas metálicas era normalmente guardar colirios y medicinas y es habitual encontrarlos entre al material de médicos y oculistas.



Quizá sea este estuche la dactiloteca, o estuche de anillos, de la que nos habla Marcial en sus Epigrammata, libro IX- LIX


Carino lleva seis anillos en todos y cada uno de sus dedos y no se los quita ni por la noche ni al bañarse. ¿Preguntáis cuál es el motivo? —No tiene “estuche de anillos”





También las niñas y sus muñecas infantiles poseían sus propios joyeros, ya lo vimos con más detalle en otro post,  el de Crepereia Tryphaena

En el Museo Palazzo Massimo alle Terme de Roma hallamos otras muñecas romanas de las que destacamos una articulada que representa a una mujer adulta con la cara y el peinado de la emperatriz Julia Domna.


Lleva un collar de oro, aros en los tobillos y brazaletes en los brazos.  Junto a ella hay una cajita, que quizá fuera el joyero. 

Ambos objetos forman parte de las ofrendas fúnebres a una niña enterrada en un sarcófago de mármol en la Via Valeria en Tívoli.


Salutem plurimam!!



diumenge, 5 de juny del 2011

Crepereia Tryphaena y su muñeca


    Crepereia Tryphaena fue una joven romana que murió antes de su boda y cuyo esqueleto fue hallado en la fiesta de las Lemuria cuando, según los romanos, los espíritus de los muertos regresaban a la tierra.
     Su historia, al igual que a mí, ha conmovido y despertado el interés de muchas personas, de poetas como Pascoli que escribió en latín una composición dedicada a Crepereia, o de artistas actuales  que han elaborado réplicas de ella con su muñeca que la acompañó en su último rito de paso.


Cómo se descubrió el sarcófago de Crepereia Trypahena

 Rodolfo Lanciani que estuvo en su descubrimiento nos hace un relato detallado y emocionante con marcado aire romántico, misterioso y sentimental que podemos leer en en su obra Pagan and Christian Rome 
 Según nos cuenta Lanciani, el 12 de mayo de 1889, le llamaron para presenciar la apertura de un sarcófago que se iba a realizar excepcionalmente fuera de los depósitos arqueológicos debido a su enorme peso, ya que estaba inundado de agua que había ido filtrándose a lo largo de los siglos.
Qué hallaron en el interior
Cuando retiraron la tapa todos quedaron horrorizados pues vieron un esqueleto cuyo cráneo parecía cubierto con pelo largo cabello castaño, que flotaba en el agua. En realidad se trataba de una planta acuática de largos hilos de color oscuro que estaba instalada en la parte convexa del cráneo. Sin embargo aumentó considerablemente el impacto que el hallazgo arqueológico tuvo en su momento y la exhumación de Crepereia se hizo con una solemnidad inesperada.

Continúa con la descripción del esqueleto y de los objetos que encontraron en su interior y nos dice que el cráneo estaba ligeramente inclinado hacia el hombro izquierdo donde había una delicada muñeca acostada sobre el omóplato. En el esqueleto se encontraron las joyas de Crepereia: a cada lado de la cabeza había unos pendientes de oro con perlas, un collar de oro con treinta y siete colgantes de jaspe verde, un broche de forma oval con una amatista tallada con la representación de la lucha de un grifo alado que persigue a un ciervo y en su mano izquierda cuatro anillos de oro.

Había una cajita de madera con incrustaciones de hueso, marfil y madera de varios tipos y colores que se encontraba totalmente deshecha por la acción del agua. En su interior hallaron dos peines finos, un pequeño espejo de acero pulido, una caja de plata para los cosméticos, una horquilla de ámbar, una pieza rectangular de cuero suave, y algunos fragmentos de una esponja.
Pero lo más impresionante se vió cuando el sarcófago quedó totalmente seco. A los lados y en el fondo se encontraron trozos de tela de lino blanca y fina, y una corona de mirto sujeta con un broche de plata sobre la frente.
Quién era Crepereia Tryphaena.
Crepereia era una niña de unos catorce años que vivió a finales del siglo II d. C. Su nombre griego Tryphaena muestra quepertenecía a una familia de libertos, antiguos sirvientes de la familia noble de los Creperei. A diferencia de la mayoría de los entierros, la inscripción en su tumba está casi ausente, nos da sólo el nombre, pero no dice nada sobre la edad, su vida y las causas de su muerte. Sobre sus características físicas se sabe que tenía una deformidad en las costillas, causada probablemente por la escrófula que quizá fue la causa de su muerte.
Es el ajuar de su tumba lo que da más información sobre ella. Sobre todo, la corona de mirto con el broche de plata central, y los anillos que proporcionan una prueba importante: Crepereia se iba a casar con el joven Fileto.

El nombre del prometido Filetus está grabado en la piedra de un anillo de oro de diámetro bastante reducido que tenía una placa del mismo material y cornalina.
Parece ser la prenda de compromiso matrimonial que Filetus, había donado a Crepereia cuando se supone todavía un niño como " anulus pronubus, que llevaba en el anular porque, según antiguas creencias también transmitidas por el gramático Aulo Gelio, del dedo anular partía un nervio, o una vena, según San Isidoro, que lo une con el corazón.
Posteriormente los dos amantes felices habían intercambiado o iban a hacerlo el juramento de fidelidad y devoción mutua que se expresa mediante el símbolo de las manos entrelazadas iunctio dextrarum que sella la boda. El anillo lleva una piedra es un jaspe rojo, de forma ovalada y plana, en la que están grabadas dos manos derechas que aprietan un montón de espigas, una clara referencia a la confarreatio, la oferta del panis farreus que la pareja hace a Júpiter.
La historia de su triste muerte en las vísperas de la boda, se señala claramente por la presencia en el ataúd de la muñeca y la corona de mirto, que es una nuptialis corona. Para Lanciani se conservaba intacta porque se había fosilizado, aunque parece ser de oro. De hecho Lanciani proponía que la joven había sido enterrada con su traje de novia, y luego iba cubierta con un sudario lo que explicaría las diferentes texturas y calidades mezcladas con los de la ropa blanca. Si fuera así, llevaría una túnica blanca con un cinturón de doble nudo, y con su cabello cubierto por el flammeum, el velo que cubre el rostro y el pelo de la novia dividido en sex crines por la punta de una lanza según mandan los rituales romanos.

Pero lo más sorprendente es la presencia de una exquisita muñeca articulada de 23 cm de altura, junto al cuerpo de la niña. Lanciati, consideró que era de roble o ébano por el color, sin embargo análisis posteriores han evidenciado que se trata de marfil que debido al tiempo y al contacto con el agua ha adoptado un tono muy oscuro.
La habilidad del artesano se puede ver en la atención a los detalles de la factura de pies , manos, los rasgos faciales y la complejidad del cabello, algo que se toma por un retrato, tal vez de Faustina Menor, esposa de Marco Aurelio, o bien de Faustina Mayor, esposa de Antonino Pío. Esta referencia nos permite hasta la fecha del entierro y, por tanto, la muñeca a finales del siglo II, pero no más tarde de 175, el año de la muerte de Faustina Menor.
Frente a esta exquisitez, la sencillez en la elaboración del tronco y las extremidades parece indicar que llevaba vestidos. Además de los restos de tejidos hallados, hay pruebas literarias que mencionan los vestidos de las muñecas, como Ateneo de Naucratis que en El banquete de los eruditos IX, 410: menciona que Safo en su libro V pide a Venus “no desprecies los velos púrpuras de mis muñecas” y también en la Antología Palatina, encontramos las palabras de Timáreta quien la víspera de su boda ofrece a la diosa Artemisa sus preciadas posesiones símbolos de la infancia:
732 (VI 280)

Timáreta al ir a casarse la amable pelota ofrendó,

el tamboril y la red de su pelo y también,
como cuadra de virgen a virgen,
muñecas con sus ropas para la Artemis Limnátide.
Ahora tú extiende, Letoa, tu mano y protege
devotamente a la devota Timáreta.

La muñeca no sólo debió tener vestidos sino que también sus propias joyas, al igual que su dueña junto a la que se halló un cofrecito, una delicada miniatura que forma parte del conjunto de la muñeca. Esta llevaba en su dedo pulgar un anillo con llave del tipo de los usados por las mujeres para su cofres de joyas. En su interior estaban los peines de marfil y espejos de juguete, y un bastoncito torneado de ámbar que sugiere un fusus, como símbolo de la actividad femenina, o una horquilla del pelo.
Se han encontrado otras muñecas de gran calidad como la muñeca de la vestal Cossinia con adornos de oro en las muñecas y los tobillos, además de una caja de pasta de vidrio de color rosa con bisagras de cobre para sus accesorios: un collar de oro, formado como una doble cadena, y una serie de pulseras de oro. Debió vivir a finales del siglo III y su muñeca sigue la moda marcada entonces por el tocado de la esposa de Septimio Severo, Julia Domna.
En la tumba de la vestal Cossinia hay una inscripción que nos informa bien de quién es:
VV COSSINIAE L F
A la virgen vestal Cossinia hija de Lucio
Y en la parte de atrás añade que permaneció fiel a servicio de la diosa Vesta durante sesenta y seis años.
La razón por la que una mujer adulta es enterrada con su muñeca está en la tradición de la ofrenda de las muñecas la víspera de la boda a las divinidades como Venus o Diana, como una señal del fin de la infancia y paso a su nueva vida de mujer casada. En estos dos casos de la vestal Cossinia y de Crepereia, ambas no han abandonado su estado de doncella y han muerto antes de contraer matrimonio, por lo que la muñeca acompaña el triste destino de su joven dueña.

diumenge, 22 de maig del 2011

Año, ano y anillo

Quizá resulte chocante ver juntas las palabras año, ano y anillo ya que tienen significados muy dispares, sin embargo estas tres palabras están relacionadas etimológicamente según algunos autores para quienes todas proceden de anus, círculo. Vamos a verlas por parejas:

(Imagen: Eón y Tellus rodeado de cuatro niños que representan las estaciones personificadas, mosaico romano de una villa de Sentinum, comienzos del siglo III, Gliptoteca de Múnich (Inv. W504). Wikipedia)

Anus “círculo” y annus “año”

Las fuentes clásicas nos dicen que de la palabra anus, "círculo" deriva annus, "año" con geminación expresiva por la idea de círculo, de período, de revolución solar.

  • Varrón De lingua Latina VI, 8.

Tempus a bruma ad brumam dum sol redit, vocatur annus, quod ut parvi circuli anuli, sic magni dicebantur circites ani, unde annus.

Se denomina annus (año), porque al igual que a los círculos pequeños se les llama anuli (anillos), así a los círculos grandes se les llamaba ani, de donde viene el nombre de annus.

  • San Isidoro, Etimologías V, 36, 1

Annus autem dictus quia mensibus in se recurrentibus volvitur. Unde et anulus,quasi annus, id est circulus, quod in se redeat.

Se llama año porque regresa al punto inicial después del decurso de los meses. De ahí que se de al anillo el nombre como si dijera año en el sentido de círculo porque retorna a su comienzo.

Esta es también la opinión autores más modernos como Angel Pariente en su Estudios de fonética y morfología latina (Universidad de Salamanca, 1949). También el diccionario Lewis and Short insiste en esta relación.

Sin embargo hay otros autores, como Ernout-Meillet para quienes la palabra annus (año) no tiene ninguna relación con anus (círculo, anillo). Explican la grafía de esta última con doble n, annus y annulus por influencia de la palabra annus, y se debe a una falsa relación etimológica.

Anus “círculo”, ano y anulus “anillo”

Por otra parte la palabra anus, “círculo” adquirió el significado de “ano” pasando a ser un eufemismo de culus, que se consideraba más grosero. Así Cicerón en su carta Ad Familiares XXII nos hace patente este uso

"Anum" appellas alieno nomine: cur? si turpe est, ne alieno quidem; si non est, suo potius.

Lo llamas ano con nombre prestado. ¿Por qué? Si es obsceno, también lo será con nombre ajeno, si no lo es, llámalo con el propio.

Por consiguiente para decir anillo se usaba el diminutivo de anus, anulus e incluso anellus, "anillito" tal como leemos en San Isidoro y Horacio.

San Isidoro, Etimologías XIX, 32: El nombre de anillo es una forma diminutiva de anus.

Horacio, Satirae, 2, 7, 9: cum tribus anellis. con tres anillos.


¿Quién llevó el primer anillo?

Nos dice San Isidoro (Eti. XIX, 32) que los hombres comenzaron a llevar anillos imitando al titán Prometeo.




Mano de una escultura del foro de Lucentum .MARQ).

Se dice que Prometeo fue el primero que ciñó su dedo con un aro de hierro en el que iba engarzada una piedrecilla. Siguiendo su ejemplo los hombres empezaron a usar anillos.

Según el mito Prometeo fue encadenado en el Cáucaso por Zeus quien prometió que nunca lo desataría, sin embargo Hércules consiguió liberarlo. Como esto aumentaba la proezas de su hijo, Zeus lo permitió pero para que su juramento no hubiera sido en vano ordenó a Prometeo que llevara un anillo fabricado con el acero de las cadenas y así una atadura de acero seguía uniendo al titán con su peña.

Entre los griegos el primer testimonio escrito en el que se menciona un anillo es el episodio narrado por Heródoto sobre el anillo de Polícrates en Historias III, 41. Polícrates de Samos era un hombre tan afortunado y bendecido por los dioses, que, habiendo tirado al mar un anillo de gran valor que poseía, le fue devuelto posteriormente por un pescador que había capturado al pez que se lo había tragado. Amasis de Egipto pensó que un hombre así tendría que ser castigado algún día por los dioses, envidiosos del éxito y felicidad de un hombre. Esto fue para él suficiente razón como para romper el pacto de hospitalidad, ya que no quería que la posible futura mala suerte de su aliado se volviera también contra él.

Parece ser que la costumbre de llevar anillos entre los romanos llegó procedente de sabinos o etruscos según el testimonio de Plinio (Naturalis Historia XXXIII) de que las estatuas de los reyes Numa y Servio Tullio llevaban anillos en el dedo cuarto de la mano izquierda. Y esta parece ser la ubicación más habitual, San Isidoro nos da una razón

Los hombres en un principio llevaban los anillos en el cuarto dedo a partir del pulgar, porque por él corre una vena que llega hasta el corazón y los antiguos pensaron que era preciso señalarla y adornarla de una manera especial

En los sponsalia romanos, en los que se celebraba la promesa de futuras nupcias, el sponsus o prometido regalaba a la novia, como garantía del compromiso, presentes de valor entre los que destaca el anulus pronubus, anillo de oro o de hierro, con una gema engarzada, que le era colocado también en el dedo anular de la mano izquierda. Según Aulo Gellio, Noctes Atticae X, 10 por lo siguiente

Sabemos que los antiguos griegos llevaban el anillo en el dedo de la mano izquierda que está junto al meñique. Se dice que también los romanos en su mayoría utilizaban anillos así. Dice Apión, en sus libros sobre Egipto, que ésta es la causa de esta costumbre: porque, seccionados y abiertos cuerpos humanos, como era costumbre en Egipto, lo que los griegos llaman anatomía, se encontró un nervio finísimo que sale del dedo que hemos dicho y llega al corazón del hombre. Además no parece una torpeza que este dedo fuera el mejor para ser decorado con tal honor, por su contenido y por estar conectado con la parte principal del corazón.

Manos de bronce con anillo y brazalete, siglo VII a.C de flickr

Sin embargo esta explicación de Aulo Gellio está teñida de un sentimentalismo que no tiene cabida en la mayoría de los esponsales romanos en los que la mujer es un sujeto pasivo que no participa en la elección de su futuro marido.

Se trata más bien de hacer visible a todos el compromiso establecido mediante una prueba tangible, el anillo que se colocaba en la izquierda desde época etrusca porque molestaba menos para los quehaceres diarios, tal como leemos en Macrobio Saturnalia 7, 13, 7, quien a través de Ateio Capitón nos dice que las modas de llevar gemas preciosas hizo que

se dejara exenta del uso de anillos la mano derecha, que se relegase a la zurda, que es más ociosa, para que con el movimiento frecuente y el trabajo de la mano derecha no se rompieran las piedras preciosas.

Jurídicamente la entrega del anillo era un regalo sin compromiso legal, sin embargo para Tertuliano sí que tiene la garantía de un futuro matrimonio, pues en su De idolatria cuando habla de los sponsalia para indicar la solemnidad del compromiso usa como equivalentes sponsalia y anulus.

Del mismo modo Juvenal Sat 6, 25 se refiere al anillo así:

Y tal vez ya le pusiste al dedo la prenda del compromiso

También Plinio en Nat Hit XXXIII, VI utiliza la fórmula sponsio anulo exsiliente para referirse a los compromisos nupciales hechos con la entrega del anillo en garantía.

Este anulus pronubus es nuestro actual anillo de compromiso que el chico regala a la novia y ésta lleva en el anular de la mano izquierda, como una evidente herencia de nuestra cultura clásica.

Los anillos para los romanos tenían una gran carga simbólica, remarcando su nacimiento, anulus natalitius, el compromiso de boda, anulus pronubus, la posición social, anulus aureus, el anillo de los soldados, pero también fines prácticos, el anillo como llave, como caja, como sello , como amuleto…. de los que veremos más adelante características propias y otras curiosidades generales, así como su pervivencia en la actualidad.

Salutem plurimam!!