Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris februarius. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris februarius. Mostrar tots els missatges

diumenge, 15 de febrer del 2015

Un gran epitafio para una gran mujer


En estos días se celebraban en la antigua Roma las fiestas en honor de los difuntos, Parentalia, Feralia y Carístia, pero también las Lupercalia, fiestas de fertilidad y purificación que nos han llegado transformadas por el cristianismo en la fiesta de San Valentín y el día de los enamorados.
Para aunar ambas celebraciones vamos a presentar el epitafio sepulcral de una esposa ejemplar llamado laudatio Turiae. Se trata de la inscripción más extensa que se ha conservado (unas 180 líneas) que es en realidad una laudatio funebris, o elogio fúnebreescrita por el esposo de la fallecida  en su honor.
La laudatio era un género literario muy del gusto de la aristocracia senatorial romana que a la muerte de todo hombre público le dedicaba un elogio fúnebre en su funeral y que en ocasiones se escribía en piedra.



Las dos placas de mármol que lo formaban con un peso de unas tres toneladas se han conservado parcialmente en diferentes fragmentos que han ido apareciendo en distintos lugares de Roma desde el siglo XVII. 
Entre los trozos que faltan está el principio de la inscripción en el que aparecerían los nombres de la esposa y del dedicante, su marido. La hipótesis más difundida, aunque actualmente está muy cuestionada es la que identifica este matrimonio de la inscripción con el cónsul Quinto Lucrecio Vespillo y su esposa Turia cuyas vidas guardan cierto paralelismo con lo narrado en el epitafio según  Valerio Máximo, Apiano y Dión Casio.

El texto completo con comentarios y traducción lo encontraréis en en este enlace

Sean quienes sean este matrimonio sabemos que disfrutó de su vida en común durante cuarenta años y pasó unos años de grandes sufrimientos por la convulsa situación política debido a la guerra civil entre César y Pompeyo (49 a C.) y a las proscripciones de los partidarios de Pompeyo (43 a C.) que hizo que la esposa pusiera en peligro su vida al mantener oculto a su esposo en la casa, a esto hay que añadir otras desgracias que les afectaron como el asesinato de los padres de ella, y la lucha por recuperar el patrimonio familiar.

Cuando se restablece la paz, logran la felicidad en su matrimonio que no es completa por la ausencia de hijos. Ante este hecho la propia esposa sugiere el divorcio para que su marido pueda formar una familia con otra mujer, mientras ella se encargaría de cuidar a los niños, lo que demuestra la generosidad de la mujer hacia su esposo. En casos de infertilidad era muy frecuente esta práctica del divorcio, pero era planteada por el esposo no la propia mujer.
A la propuesta el marido reacciona de forma colérica tal como leemos ¿ser tú capaz de concebir algo que me impediría, estando aún vivo, seguir teniéndote como esposa, después de haberme sido tan fiel cuando estaba casi muerto?



La muerte de la esposa rompe la concordia establecida en esta pareja y las palabras que él le dedica están llenas de amor, respeto y veneración. El final de la laudatio dice, siguiendo la traducción de Robles y Torres, Epitafio de una esposa ejemplar, 2002:

Me tomaste la delantera en la muerte. Has hecho que me tocara a mí el duelo por tu ausencia y has dejado en soledad a un marido sin hijos. Por mi parte, plegaré mis opiniones a tus criterios y seguiré tus advertencias.

Que todos tus consejos y recomendaciones cedan el puesto a los elogios que te dedico, para que me sirvan de consuelo y no añore demasiado lo que he entregado a la inmortalidad y al perpetuo recuerdo.

Tu vida no habrá sido infecunda para mí. Confortado al pensar en el buen recuerdo que has dejado y aleccionado por tu ejemplo, resistiré a la Fortuna que no me ha despojado del todo, cuando permite que mis elogios sirvan para acrecentar tu fama. Pero la paz de tu existencia la he perdido al morir tú y, si recuerdo cuán previsora y defensora fuiste en mis peligros, quedo roto por la desgracia y no puedo mantener lo prometido.

El dolor natural arranca las fuerzas a mi entereza. Me hundo en la pena y no puedo hallar mi equilibrio ni en el dolor ni en el miedo que me aflijen: al recordar mis desventuras del pasado y prever el futuro que me aguarda, pierdo toda esperanza. Privado de tu protección tan grande y no pudiendo apartar mi mente  de tu recuerdo, no me veo ahora con fuerzas suficientes para sobrellevar esto, sino más bien destinado a la nostalgia y el llanto.

Para acabar mi discurso, diré que tú te lo mereciste todo, pero que no estuvo en mi mano dártelo todo. Tengo por ley tus mandatos y lo que aún pueda hacer por ti, lo cumpliré.

Que tus manes te concedan y descanso y te guarden en él.



diumenge, 9 de febrer del 2014

Inicio de las Parentalia

C. Hölscher
En el calendario de Filócalo del siglo IV d. C y en el de Polemio Silvio del siglo V, aparece en los idus de febrero (13 de febrero) mencionada la ceremonia de la Parentatio: VIRGO VESTA PARENTAT,; PARENTATIO TUMULORUM INCIPIT. En ella la Virgo Vestalis Maxima o las vestales  hacían una parentatio, es decir, un sacrificio en honor de los parientes fallecidos que marcaba el principio de las Parentalia, fiestas privadas que no aparecen marcadas en el calendario republicano y que duraban hasta el día 21 de febrero, jornada de las Feralia.

El sacrificio debía ser hecho por las vestales en favor de la comunidad y en memoria de sus antepasados, pero ¿quiénes eran esos antepasados de las sacerdotisas? 


Una posible respuesta se puede obtener del lugar en el que se realizaba esta ceremonia:


I. La opinión más generalizada, siguiendo a Dioniso de Halicarnaso II, 40 nos habla de la tumba de Tarpeya, y el monumento conmemorativo en el que hacían las libaciones. 

Ya que donde cayó es honrada con un monumento y ocupa la colina más sagrada de la ciudad, y los romanos cada año le ofrecen libaciones (digo lo que Pisón escribe). Pero si ella hubiera muerto entregando su patria a los enemigos no es lógico que recibiera honores ni de los traicionados ni de los que la mataron, sino que si hubiera quedado algo de su cuerpo, con el tiempo se habría desenterrado y arrojado fuera para infundir miedo y hacer desistir a quienes fuesen a hacer lo mismo. Pero sobre ello que cada cual opine lo que quiera.


¿Quién era Tarpeya? ¿fue traidora  o defensora de Roma? Las fuentes clásicas no se ponen de acuerdo.  Tito Livio nos da diferentes versiones


Espurio Tarpeyo estaba al frente de la ciudadela de Roma. Su hija, una vestal, es sobornada por el oro de Tacio para que deje entrar en la ciudadela a unos hombres armados -ella había salido casualmente fuera de las murallas a buscar agua para las ceremonias del culto-. Cuando entraron, la hicieron morir aplastándola con sus armas, bien para dar la impresión de que la ciudadela había sido tomada por la fuerza, o bien para dejar sentado el precedente de que los traidores en ningún caso podrían confiar en los compromisos. La leyenda añade que los sabinos llevaban, ordinariamente, brazaletes de oro de gran peso en el brazo izquierdo y anillos de gran belleza con joyas engastadas, y que habían apalabrado con ella «lo que llevaban en la mano izquierda»: por eso echaron sobre ella los escudos, en vez de darle las alhajas de oro. Hay quien dice que ella, basándose en el acuerdo de entregar lo que había en la mano izquierda, pidió expresamente las armas y, al sospechar que les tendía una trampa, la hicieron morir con su propia recompensa.


Coinciden la mayoría de los autores en que Tarpeya que traiciona a su pueblo llevada por la ambición del oro de los sabinos o por el amor hacia Tito Tacio, era una de las primeras vestales de Roma, y por lo tanto era una de sus antepasadas.


II. Plutarco nos da otra ubicación al hablarnos de unas ceremonias fúnebres realizadas por los sacerdotes y el pontifex maximus, y quizá las vestales en el campus sceleratus, junto a la Porta Collina, lugar en el que eran enterradas vivas las sacerdotisas que habían perdido la virginidad.


El terrible castigo lo cuenta Plutarco en  Numa, X, I


En cambio, la que mancilla su virginidad es enterrada viva, junto a la puerta que se llama Colina (en la que hay, a la parte interior de la ciudad, una elevación de tierra que se extiende por delante), que significa montículo en el idioma de los latinos. Allí se prepara una habitación subterránea de escasas dimensiones, con una bajada desde arriba. Dentro de ella se encuentra una cama vestida, una antorcha ardiendo, y unos pocos alimentos de los que son indispensables para la vida, a saber: pan, agua en un cántaro, leche y aceite; como si tuvieran por sacrílego que muera de hambre una persona consagrada a los más importantes ministerios. Tras introducir en una litera a la condenada, cubriéndola desde fuera. y cerrándola totalmente con correas, de modo que no se pueda oír ninguna voz, la transportan a través de la plaza. Todos se apartan en silencio y la acompañan calladamente, llenos de impresionante tristeza. No existe otro espectáculo más sobrecogedor, ni la ciudad vive ningún día más triste que aquél. Cuando llega la litera hasta el lugar, los asistentes desatan las correas y el sacerdote oficiante, después de hacer ciertas inefables imprecaciones, la coloca sobre una escalera que conduce hacia la morada de abajo. Entonces, se retira él junto con los demás sacerdotes. Y, una vez que aquélla ha descendido, se destruye la escalera y se cubre la habitación echándose por encima abundante tierra, hasta que queda el lugar a ras con el resto del montículo. Así son castigadas las que pierden la sagrada virginidad.

Y la razón de este suplicio nos la da también Plutarco en Cuestiones romanas, 96

96. 'Por qué no castigan a las vírgenes consagradas que han sido seducidas, de ningún otro modo más que enterrándolas vivas? (....) ¿0 no consideraban lícito aniquilar un cuerpo consagrado a las más importantes ceremonias religiosas ni poner las manos sobre una mujer consagrada? Idearon, en efecto, que muriera por ella misma, y la bajaban a una cámara hecha bajo tierra, donde había una antorcha encendida y algo de pan, leche y agua. Después cubrían desde arriba la cámara con tierra. Y a pesar de evitar una abominación de esta forma, no han escapado a su temor religioso, sino que aún hoy los sacerdotes van allí y ofrecen sacrificios.



En ambos casos, la tumba de Tarpeya y en campus sceleratus,  no parecen ser lugares apropiados ya que rememoran acciones inapropiadas para las sacerdotisas vestales, sin embargo parece ser que les otorgaban a sus espíritus la función de vigilantes in aeternum de la sociedad y del mundo. Desde esta concepción las vestales hacen un sacrificio en honor de sus parientes difuntas y en beneficio del grupo social, dando inicio institucional  a los días de las Parentalia (13 al 21 de febrero).

diumenge, 19 de febrer del 2012

Fornacalia, por la fertilidad y su simbología



En la primera quincena de febrero se celebraban en Roma las Fornacalia, fiestas en honor de la diosa Fornax, encargada de los hornos y del secado y tostado de los cereales. Se trata de una festividad muy antigua ya que según la tradición fue instituida por Numa.  Así Plinio en Naturalis Historia XVIII, 2, 8 nos dice

Él fue, también, quien instituyó los Fornacalia, festivales caracterizados por el uso del grano tostado.

Son unas popularia sacra según afirma Festo en p 28 L, siguiendo a Laebón, como las Parilia, Laralia y la porca praecidanea, en las que participan todos los ciudadanos y no están reservadas a unas familias determinadas.

El origen nos lo explica Ovidio, 2 513-532: Nuestros antepasasados sembraban escanda, cosechaban escanda y eran las primicias de la escanda recolectada lo que ofendaban a Ceres. Siguiendo los dictados de la experiencia, comenzaron a tostar los granos, pero a causa de su impericia sufrieron frecuentes calamidades. En efecto, unas veces, en lugar de escanda lo que barrían eran negras cenizas; otras, el fuego les devoraba incluso las propias cabañas. Fornax fue elevada a la categoria de diosa. Los campesinos felices de contar con Fornax, les suplican que les dé el punto exacto de torrefacción de sus cosechas.

Era una fiesta móvil celebrada de manera independiente por cada una de las 30 curias en la fecha que determinaba para cada una el Curio Maximus y que se anunciaba mediante unas tablillas en el foro en las que se hacía constar fecha, hora y lugar para cada curia. Ovidio dice (op. Cit) Hoy día, el Curio Máximo, anuncia públicamente , con las palabras rituales, la fiesta de Fornax, pero no celebra la fiesta en fecha fija. En el foro, en ls numerosas tablillas que en su entorno se cuelgan, cada una de las curias escribe las anotaciones oportunas.

Pistrinum- Horno pompeyano

Sabemos por Festo-Paulo 82 L que en esta fiesta después de realizar un sacrificio, tostaban el grano en los hornos de los molinos o en sus propias casas,

Las Fornacalia son una celebración instituida para la torrefacción del grano, porque ese día solía realizarse un sacrificio ante el horno que hay en los molinos.

Horno pórtatil
Por lo tanto parece ser que en la propia familia, la fiesta consistía en un sacrificio ante el horno, seguido de una comida en la que la harina era el elemento principal. Por otra parte fuera del ámbito familiar la fiesta tenía como objeto la purificación de los campos, ante la próxima cosecha y la consagración de sus límites respectivos.

Dionisio de Halicarnaso II, 23 nos habla sobre el funcionamiento de las curias y detalla la organización de alguna fiesta, del estilo de las fornacalia, destacando que en ellas lo habitual era pan de cebada, tortas de escanda y primicias de frutas en sencillos cestos y platos de barro, sin ostentaciones.

Aquellos a los que se les pasaba el día correspondiente a la curia a la que pertenecían, tenían una última oportunidad el 17 de febrero por lo que este día se llamaba stultorum feriae, fiesta de los tontos. Así nos lo tramiten Ovidio y Plutarco

Los tontos del pueblo no saben a qué curia pertenecen, y por ello celebran el último día la  fiesta que han ido difiriendo. (Ovidio, Fasti II)

¿O a quienes por sus ocupaciones, o por estar ausentes de la ciudad, o por ignorancia, no habían realizado el sacrifico, como los demás, al mismo tiempo que lo había hecho su tribu en las Fornacalia, se les dio la oportunidad de cumplir el ritual en esta fecha?. 
(Plutarco, Quaestiones Romanae,  89)

Debemos tener en cuenta que la diosa Fornax sería una divinización del horno en sí que solo es mencionada por Ovidio y posteriormente por Lactancio en Institutionum divinarum, I, 20, 35

Quis non rideat Fornacem deam, uel potius doctos uiros celebrandis Fornacalibus operari? Quis, cum audiat deam Mutam, tenere risum queat?

Ovidio, 6 314 antaño los campesinos solo tostaban la escanda en sus hornos y la diosa Fornax tenía su fiesta particular.

La explicación al hecho de la divinización del horno nos llega del sentido último de la fiesta ya que es, una acción de gracias por la cosecha y pero también una exaltación de la fertilidad de la Madre Tierra. Así leemos en El mito de la mujer, el horno, el hombre y el viento, de Genaro Chic García

Como sucedía con los minerales, el hombre podía celebrar rituales de magia simpática que le sirvieran para, ayudando a la divinidad productora de los cereales, garantizar la madurez de unos granos que en ese momento estaban empezando a tomar forma. Es lo que sucedía en Roma en el festival de los fornacalia, celebrado aproximadamente en la misma época del año que los ritos de fecundidad de los lupercalia, y durante los cuales el grano incipiente era horneado para facilitar la labor de la primavera, que los habría de convertir en granos perfectos aptos para la alimentación de los hombres. Y por supuesto el símbolo principal representado por el horno, con ese carácter sexuado que se le otorgaba, era la mujer. Ella era la que producía en su "horno" interno ese pan o pastel que constituía la vida humana y que ha quedado patente en la palabra alemana que equivale a la española placenta: Mutterkuchen, el pastel (Kuchen) de madre.

El término placenta, en latín designaba un pastel plano, pasó a nombrar por su semejanza en la forma al órgano efímero que relaciona estrechamente al bebé con su madre y atiende las necesidades de respiración, nutrición y excreción del feto durante su desarrollo.

Actualmente existen pasteles de forma plana llamados palatschinken derivados de la palabra placenta romana, pastel cuya receta nos ha transmitido Catón el Censor autor del tratado De Agricultura. Para la parte externa se emplea harina de trigo y espelta, y para el relleno, una mezcla de queso, miel y especias. Se iba colocando por capas sobre hojas de laurel untadas en aceite y se servía con mucha miel. La receta completa de la placenta romana y su adaptación la tenemos en en el blog De Re Coquinaria.  

En el trabajo de José Manuel Pedrosa, El herrero, las cabrillas y el horno: léxico y simbolismo eróticos en La Lozana Andaluza (XIV) y el Quijote (11:41). CRITICÓN, 80, 2000, pp. 49-68., encontramos otros testimonios literarios, semánticos y relativos al psicoanálisis del horno como una metáfora del sexo femenino. Veamos algunos de ellos:

1. Por ejemplo en textos literarios de gran antigüedad como el este fragmento del Poema de Gilgamesh, escrito en lengua acadia en Babilonia antes del 1500 a. C., en el que el héroe rechaza la seducción de la diosa Ishtar:

¡No! ¡No te quiero
como esposa!
Porque eres sólo un horno
que se apaga con el frío,
una puerta oscilante
que no resiste ni corrientes de aire ni vientos

O como en la comedia la Paz de Aristófanes (siglo V a. C.) donde leemos

TRIGEO: Vamos, tú, deja en el suelo primero tus tramoyas (FIESTA deja caer sus vestidos, queda desnuda). Consejo, Prítanis, contemplad a Fiesta. Mirad qué felicidades os traigo y os entrego, para que enseguida alcéis en alto sus dos piernas y luego celebréis el Levantamiento. Y mirad ese hornillo.
ESCLAVO: ¡Ay, qué hermoso!
TRIGEO: Por eso está ahumado: es que antes de la guerra el Consejo tenía en él sus trébedes.

2. Otra prueba de ello es el valor semántico dado a la palabra horno que ha sido considerada muchas veces como un eufemismo genital. Así, en catalán, tanto forn como boca de forn designan el sexo femenino, y por ejemplo en inglés la expresión she has a bun in the oven, es decir, «ella tiene un bollo en el horno» se entiende como «ella está preñada»

3. También el psicoanálisis establece la vinculación del horno y del sexo femenino en muchas culturas, como nos dice Wolfgang Lederer, The Fear of Women (Nueva York-Londres: Gruñe & Statton, 1968), p. 118

El pan en el horno es el niño en el útero, y la molienda del trigo y el cocimiento del pan son labores que corresponden a la mujer en todas las sociedades primitivas... Y la vasija hecha de la materia de la Madre Tierra, cocida en el horno, destinada a convertirse también en oscuro recipiente, es la misma mujer, y por eso suele muchas veces tener la misma forma que tiene la mujer.

Por si os animáis  a celebrar la fiesta de Fornax con la elaboración de algunos platos de cereales, os aconsejo que visitéis el blog De Re Coquinaria, donde hallaréis algunas recetas muy adecuadas para las fornacaliaEso sí, invocad bien a Fornax...que no os queden como este pan pompeyano....


Museo de Boscoreale


Salutem plurimam!!












diumenge, 20 de febrer del 2011

Parentalia, Feralia y Caristia.

Februarius era en Roma un mes dedicado a la memoria de los difuntos en el que se celebraban varias festividades con este motivo (Feralia, Parentalia, y Cara Cognatio) que iban del 13 al 22 de febrero.

En la imagen vemos un fresco de un larario de Pompeya. En la parte superior están representados los Lares y el Genius que hace ofrendas en el altar y en la inferior las serpientes que son los dioses Manes.

La abundancia de serpientes en los cementerios, debida seguramente a la existencia de restos de comida, bebida y ofrendas a los difuntos era interpretada como la presencia del alma del difunto, ya que pensaban que que la médula espinal humana se convertía en serpiente.
Así Ovidio nos dice en Metamorfosis, XV, 389-390
    Hay quienes, cuando podrido se ha una espina en un sepulcro cerrado,
    que se mutan creen en serpientes las humanas médulas.

En Virgilio, Eneida V, 75 y ss, encontramos la primera mención al rito de las Parentalia, en el que Anquises adopta la forma de serpiente para materializarse ante su hijo Eneas

Él desde la asamblea con muchos millares se dirigía 75
al túmulo, en el centro de numerosa compañía.
Aquí libando según el rito dos copas de vino puro
las vertió en tierra, dos de leche nueva, dos de sangre consagrada,
y esparce flores purpúreas, y esto dice:
«Salve, sagrado padre, de nuevo; salve, cenizas en vano
recobradas, y ánimas y sombras paternas.
No se me concedió buscar contigo los territorios ítalos
ni los campos del destino ni, dondequiera que esté, el Tíber ausonio»
Así había dicho, cuando una lúbrica serpiente del hondo recinto
sacó, enorme, sus siete anillos, sus siete revueltas, 85
en plácido abrazo al túmulo y deslizándose por los altares;
el lomo tenía cubierto de manchas azulencas y de oro
un fulgor encendía sus escamas, como el arco en las nubes
esparce contra el sol mil diversos colores.
Se paralizó Eneas con la visión. Ella en larga línea 90
serpentea por fin entre las páteras y los vasos bruñidos
y gustó las viandas y bajó de nuevo sin daño a lo profundo
del túmulo y dejó los probados altares.




Durante estos días los romanos visitaban las tumbas de sus ancestros y hacían sobre ellas ofrendas de leche, vino, miel, flores y otros presentes. También se hacían banquetes en los sepulcros para honrar y mantener vivo el recuerdo de los antepasados.

Estas celebraciones eran de tal importancia que en los testamentos y en las inscripciones funerarias encontramos peticiones en este sentido:


-así en el testamento del ligón observamos una multitud de detalles especificando aspectos concretos de la construcción de su tumba de manera que hubiera un espacio preparado para estos banquetes funerarios:




Que delante de la exedra (y a los pies de mi estatua) se coloque un lecho fúnebre y a cada uno de sus lados dos asientos, hecho todo (también) de mármol importado. Para la celebración de los banquetes funerarios) dispóngase, en los días en que se abra mi capilla funeraria, de dos cobertores y dos cojines (como los que se usan en los triclinios) para el lecho, que se coloquen (también) dos capotes (de los que usan los militares) y una túnica.


Imagen de la tumba nº 15 en Isola Sacra que tiene un biclinium en la fachada, tomada del artículo de Regina Gee, cap. 5


-incluso dejando una suma para cubrir los gastos de flores y banquetes, como en esta inscripción de Rávena (Corpus Inscriptionum Latinarum, XI, 132).


ut quotannis rosas ad monumentum ei spargant et ibi epulentur,

para que cada año se esparzan rosas sobre el sepulcro y que allí se desarrolle el banquete.


Destaco por su calidez y profundo amor hacia su madre esta inscripción en verso hallada de Safatis (hoy Argelia) en la que se nos narra un banquete fúnebre celebrado en memoria de Aelia Secundula, madre de Estatulenia Julia que es quien la dedica. (Corpus Inscriptionum Latinarum, VIII, 20277)


Memoriae Aeliae Secundulae

Funeri mu[l]ta quid(e)m condigna iam misimus omneS,

Insuper ar(a)eque deposit(a)e Secundulae matrI(s),

Lapideam placuit nobis atponere mensaM,

In qua magna eius memorantes plurima factA;

Dum cibi ponuntur calicesque e[t] co[o]pertaE,

Vulnus ut sanetur nos rod(ens) pectore saevuM.

Libenter fabul(as) dum sera red(d)imus horA

Castae matri, bona(e), laudesq(ue), uetula dormiT

Ipsa, q(uae) nutri[t], iace(n)s e(s)t sobria sempeR.

v(ixit) a(nnos) LXXV, a(nno) p(rouinciae) CCLX Statulenia lulia fecit



En memoria de Elia Secundula. Todos nosotros hemos ya provisto que se disponga lo necesario para el rito funerario sobre el altar de nuestra madre Secundula, que aquí yace. Hemos cuidado que se prepare la mesa de piedra, en torno a la cual recordar sus numerosas obras virtuosas, mientras son dispuestos y ofrecidos alimentos y cálices y manteles para cubrir la mesa, a fin de que pueda cicatrizar la cruel herida que lacera nuestro corazón mientras en las horas tardías evocamos de buena gana los recuerdos y las alabanzas de nuestra buena y piadosa madre, nuestra dulce viejecita duerme, la misma que nos alimentó, ahora yace siempre sobria.Vivió setenta y cinco años. En el 260 de la provincia Estatulenia Julia lo hizo.

Contiene una dedicatoria semioculta que se hace visible en la lectura secuencial de las letras iniciales (acróstico) y las finales (teleóstico) de cada verso. Para hacerla más evidente, las letras están escritas aquí en mayúscula, dice los hijos a su dulcísima madre FILI DULCISIMAE MATR


  • Feralia, el 21 de febrero, último día de las Parentalia

Según Paulo Festo VI, el origen etimológico de Feralia se explicaba del verbo fero, " de la acción de traer el alimento " (a ferendis epulis) " o de la acción de sacrificar animales " (a feriendis pecudibus);


Por su parte Varrón, De lingua latina 6.13, introduce la idea del mundo subterráneo y nos dice

Feralia ab inferis et ferendo, quod ferunt tum epulas ad sepulcrum quibus ius ibi parentare.

El nombre de las feralia proviene de inferi (el mundo subterráneo) y de ferre (llevar), porque es la fecha en la que se llevan ofrendas comestibles a los sepulcros a los que se tiene la obligación de tributar honores fúnebres.

En las Feralia se hacía un sacrificio a la diosa Mania Tácita (=“silenciosa”), señora de la muerte, que unas veces aparece como madre de los Lares y otra como reina de los Manes cuya triste historia nos cuenta Ovidio en Fasti II , 583-616.


Ahora querrás saber por mí quién es la diosa Muta. Aprende lo que me es conocido por los viejos de antaño. Júpiter, vencido por el amor desmesurado de Yuturna, aguantó mucho, lo insufrible para un dios de su categoría. Ella, ora se ocultaba entre los avellanares de la selva, ora saltaba a las aguas, con ella emparentadas. Júpiter reunió a las ninfas, cuales quiera que habitaban en el Lacio, y les espetó las siguientes palabras en medio del corro: «Vuestra hermana tiene celos de sí misma y evita acostarse con el dios supremo, cosa que le sería provechosa. Ocuparos de los dos, pues si mi placer ha de ser grande, grande será el beneficio de vuestra hermana. Cuando eche a huir, poneos delante de ella al borde de la orilla para que no zambulla el cuerpo en el agua del río». Esto dijo. Todas las ninfas del Tíber asintieron y también las que agasajan tu tálamo, divina Ilia. Casualmente había una náyade, de nombre Lara, aunque su nombre antiguo tenía la primera sílaba duplicada por error. Almón le había dicho muchas veces: «Hija, contén la lengua», pero ella no la contenía. Así que dio con el lago de su hermana Yuturna, le dijo: «Aléjate de las orillas», y le refirió las palabras de Júpiter. También visitó a Juno y le dijo, compadeciéndose de las casadas: «Tu marido está enamorado de la náyade Yuturna». Júpiter se encolerizó y arrancó a la náyade la lengua de que se había servido imprudentemente, y llama a Mercurio: «Llévatela donde los Manes; ese es el lugar apropiado para los silenciosos. Será ninfa, pero ninfa de la laguna soterrada». Se cumplen las órdenes de Júpiter. El bosque acogió a los que llegaban; se cuenta que ella entonces resultó del agrado del dios que la conducía. Éste se aprestaba a la violencia, ella suplicaba con el rostro sustituyendo a las palabras, esforzándose en vano por hablar con su boca muda. Quedó embarazada y parió dos gemelos: los Lares, que guardan y vigilan siempre las encrucijadas de nuestra ciudad.


Encontramos una interesante explicación de este mito en el libro Vivir en femenino: estudios de mujeres en la antigüedad, escrito por M. Dolors Molas Font, Elena Almirall Arnal

La historia de esta ninfa que hizo de la palabra (prerrogativa masculina), y que actuó en perjuicio de la autoridad y poder del dios, así como la de su castigo, simbolizan la domesticación y mutilación del valor de la palabra femenina. Como ninfa alegre que habla es castigada, pero al mismo tiempo las mordazas del silencio son oportunamente teñidas de virtus y Lara es elevada a la categoría de diosa para ser venerada por su silencio y recluida en el silente mundo de los infiernos.


Así Lara se verá privada físicamente de la lengua por Júpiter en castigo por su excesivo lenguaje, por su incapacidad para utilizar la lengua de manera más discreta, y convertida, según Ovidio Fasti II, 571-582, en la diosa Tácita-Muta a la que las mujeres ofrecían un sacrum, que consistía en realidad en un conjuro contra las «malas lenguas», el último día de los Parentalia



He ahí que una vieja cargada de años se sienta entre las muchachas y cumple con el rito de Tácita [diosa silenciosa] aunque ella misma no se está callada (taceo), y coloca en la parte del umbral tres granos de incienso con tres dedos, en el punto donde un minúsculo ratón se ha abierto un camino oculto. A continuación ata un trompo encantado a un trozo de plomo oscuro, y remueve en la boca siete habas negras, y quema al fuego la cabeza de un pececillo que ha untado de alquitrán y cosido atravesándolo con una aguja de cobre. También vierte vino; el vino que queda se lo bebe o ella misma o las acompañantes, aunque ella más. «Hemos amordazado las lenguas de los enemigos y las bocas hostiles», dice la vieja conforme se va, saliendo borracha.


  • fiesta de la CARISTIA o CARA COGNATIO, 22 de febrero,

En esta fiesta se une el concepto de final-muerte y vida-renacimiento en dos ámbitos:

  • por un lado en el ámbito familiar, ya que una vez aplacados los espíritus de los antepasados llegaba el momento de revitalizar los lazos con los familiares vivos mediante un banquete de la familia en el que se intenta la reconciliación de los parientes.

  • y también en el ámbito temporal pues es ahora cuando el año que expira, ya que febrero era, en el antiguo calendario romano, el último mes del año, así pues marca el final de un año y el principio de otro.

Encontramos referencias en Valerio Máximo II, 8:

Nuestros antepasados instituyeron también un banquete anual al que llamaron CARISTIA. A dicho convite no asistían más que los familiares y parientes y tenía por finalidad el que, si había surgido alguna tensión o desavenencia entre los miembros de una misma familia, desapareciera, empleando como defensores de la concordia las libaciones del sagrado festín y la común alegría.

Y desde luego también en Ovidio Fasti II, 565


La festividad siguiente recibe el nombre de Carístia por los familiares queridos. Una muchedumbre de parientes acude ante los dioses de la familia. Resulta realmente consolador apartar la mirada de las sepulturas en que yacen los allegados que han fallecido y dirigirla a los vivos, así como, después de haber perdido a tantos, contemplar lo que aún queda de nuestra sangre y calcular el grado de parentesco. Pero ¡qué vengan sólo los virtuosos! Lejos, muy lejos de aquí, el hermano impío y la madre que se muestra cruel hacia sus propios hijos; aquel que piensa que su padre vive demasiado tiempo; el que intenta calcular los años que aún le quedan a su madre; la suegra malvada que acosa a la nuera, a la que odia.(....) Vosotros, los virtuosos, ofreced incienso a los dioses de la familia (dicen que la dulce Concordia muestra especialmente su asistencia en ese día) y ofrendad también alimentos para que el plato que les sirve-garantía de una veneración que les es grata- sirva de alimento a los Lares de túnica remangada.

Pervivenvia de la fiesta de las Caristia.


Imagen de la catacumba de San Marcelino en la Via Labicana

El 22 de febrero es para los cristianos la fiesta de la "Cátedra de San Pedro" o sea el día de la institución del pontificado de Pedro. El haber escogido este día para celebrar un acontecimiento del que no se podía saber la fecha exacta, parece se debió a querer suplantar con una fiesta cristiana importante la pagana de honrar a los muertos de la familia con banquetes frecuentemente escandalosos. San Agustín reprende duramente a los cristianos que en dicha fecha se entregaban a tales abusos, menciona los excesos que se producían en los refrigeria mantenidos en las áreas sepulcrales, incluso cuenta casos personales, como la costumbre de su madre Mónica de llevar viandas a las tumbas de los mártires (Aug. Conf. 6.2.2.)


La pervivencia de algunas de las costumbres relacionadas con el recuerdo de los difuntos las encontramos en expresiones que hoy utilizamos, como son : brillar por su ausencia y tener muchos humos. Os enlazo a la explicación de ambas frases que publiqué en el blog La llama de Vesta.


diumenge, 15 de febrer del 2009

Parentalia



El término Parentalia designa el período de nueve días durante los cuales las familias romanas honraban a sus muertos. Esta novena, que era de tipo privado, comenzaba el 13 de febrero con la parentatio virgo vesta ceremonia pública efectuada por las vestales junto a la tumba de Tarpeya y continuaban con ceremonias familiares que terminaban con las Feralia, el 21 de febrero, festividad con la que acabó confundiéndose y el propio Ovidio, usa de manera indistinta dies parentales (Fasti II.548) o dies ferales (Fasti II.34).


El rito de las Parentalia fue instituido según Ovidio por el propio Eneas que fue el primero que lo practicó en los funerales de Anquises, y según Ausonio, por el rey Numa (Parentalia, Praef.).

Virgilio nos lo cuenta en Eneida V 77 y ss, así:


Aquí libando según el rito dos copas de vino puro
las vertió en tierra, dos de leche nueva, dos de sangre consagrada,
y esparce flores purpureas y esto dice:
“Salve, sagrado padre, de nuevo; salve, cenizas en vano
recobradas, y ánimas y sombras paternas.”



Ausonio escribió poemas de recuerdo a sus familiares fallecidos y los agrupó en un libro en cuyo prefacio dice:


Este libro se titula Parentalia, por la antigua denominación de este día consagrado por Numa a los manes de las familias; el deber más santo de los que viven es honrar la memoria de los que ya no están.


En estos días la gente visitaba los sepulcros haciendo ofrendas sencillas apropiadas para los manes, las sombras o los espíritus de los muertos que Ovidio (Fasti II.533-539) nos detalla:


Una teja velada por las coronas votivas, unas semillas desparramadas, unos pocos granos de sal, dones de Ceres empapados en vino, y algunas violetas esparcidas.



Se llegó incluso a crear un término exclusivo para este rito festivo, el verbo parentare, cuyo significado era “honrar a los difuntos”.

En una carta de Cornelia la madre de los Gracos, conservada fragmentariamente por Cornelio Nepote, ella le dice a su hijo Gaius Sempronius Gracchus

Ubi mortua ero, parentabis mihi et invocabis deum parentem
Cuando esté muerta, me honrarás en las Parentalia e invocarás al dios de los antepasados


Evidencia el hecho de que era una fiesta importante el que figure en los calendarios como en el de Philocalus en el que se lee el día 13 de febrero: parentatio virgo vesta y que los autores cristianos hablen sobre ella. El propio Tertuliano en De resurrectione carnis, I critica esta costumbre por los festines organizados en los sepulcros por parte de los paganos que no creían en la vida después de la muerte.

Para terminar parece apropiado este poema de Catulo ante la tumba de su hermano:

Después de atravesar muchos pueblos y muchos mares vengo, hermano, a estas tristes exequias, para darte el postremo tributo de la muerte y hablar en vano a tus mudas cenizas, puesto que la desdicha me arrancó lo que fuiste tú mismo, oh, pobre hermano mío, indignamente arrebatado a mí.
Ahora, sin embargo, estas tristes ofrendas que según el viejo rito de nuestros padres te he traído, acéptalas, empapadas del llanto fraterno, y para siempre, hermano mío, hola y adiós.

La imagen es de Ana Ovando en flickr. A los dioses Manes Inscripción romana encontrada en Borriol. Museu de Castelló. CIL II2/14, 760