diumenge, 27 de febrer de 2011

La cápsula de tiempo del Colegio Cervantes

Las cápsulas de tiempo son recipientes en los que se guardan mensajes y objetos del presente para que sean encontrados por generaciones futuras. Algunas son fortuitas, aquellas que nos han llegado sin intención por parte de nuestros antepasados. Se conocieron sobre todo en el siglo XVIII y en las primeras décadas el siglo XIX debido a los grandes descubrimientos de la arqueología:


  • la riqueza del antiguo Egipto y los tesoros de sus sarcófagos y momias
  • Pompeya, Herculano y Stabia, ciudades sepultadas por cenizas y piedras volcánicas arrojadas por el Vesubio, que se han convertido en verdaderas cápsulas del tiempo no intencionadas, y han conservado durante siglos edificios, objetos, restos de comida, incluso animales y personas.Todos ellos nos revelan con claridad la vida cotidiana, las costumbres y el arte de estas ciudades.

Otras son cápsulas de tiempo intencionadas nacen de la necesidad a lo largo de la historia de dejar nuestros legados culturales, históricos y científicos para generaciones venideras. Hay testimonios de notable antigüedad en los que vemos antecedentes de ellas. Gracias a José Luis Pellicer he conocido que en Mesopotamia existía una curiosa tradición a la hora de construir monumentos, la de colocar entre sus cimientos (pero en lugares supuestamente accesibles para futuros descubridores) una serie de cilindros fundacionales cuyo objetivo no sólo sería de carácter dedicatorio para las divinidades a cuya protección estaría encomendado el edificio en cuestión, sino también para transmitir información a un futuro monarca que emprendiera la restauración del monumento, ya que al ser el material de construcción la arcilla y no la piedra, los edificios necesitaban frecuentes reparaciones o reconstrucciones.

Estas inscripciones fundaciones que tenían forma de cilindros, prismas, conos y ladrillos inscritos, se colocaban dentro de las paredes envueltos en los llamados estuches de fundación, a la espera de ser rescatados en un tiempo futuro e indeterminado, como auténticas cápsulas de tiempo.

Una inscripción de Sargón II (721-705 a. C.) dice:

“Sobre tablillas de oro, plata, bronce, estaño, plomo, lapislázuli y alabastro inscribí mi nombre y los hice colocar en los muros de fundación (= cimientos). Que un príncipe futuro pueda llevar a cabo la restauración de sus ruinas, y que pueda inscribir su estela y alzarla junto a la mía. (Entonces) el dios Assur escuchará sus oraciones”.

Inscripción citada en D. G. Lyon, Keilschrifttexte Sargons II, Königs von. Assyrien. Leipzig 1883]. 23-34 y 52

Estas tradiciones también tienen un trasfondo político que era aprovechado por los monarcas. Con la restauración del templo el nuevo rey fijaba su legitimidad y continuidad respecto a las dinastías anteriores ante dioses y hombres.






Con motivo del centenario del Colegio Cervantes, el colegio de mi niñez, se va hacer una exposición para la que han solicitado a los antiguos alumnos fotografías o papeles del cole. Así que bucée en los cajones de casa y al tener de nuevo en mis manos algunos de mis cuadernos, boletines de notas y fotos...(¡menudas pintas!!) fue como abrir una cápsula del tiempo y descubrir mi propia infancia. De nuevo te vienen a la mente recuerdos de compañeras y compañeros, de profesores, de alguna trastada, del concurso de redacción de Coca-cola, de la participación en el Un, dos , tres,... del viaje a Mallorca... momentos inolvidables que tenías en un rincón de la memoria y que de repente aparecen totalmente vivos.

Esto me hizo pensar que estaría bien hacer algo que contribuyera a rescatar del olvido algún aspecto de su larga historia y desvelar algún secreto de su cápsula del tiempo y....descubrí que realmente tiene una!!!

Dado que justo frente al colegio están los jardincillos de Guillén de Castro y el monumento-fuente a Cervantes, comencé preguntándome ¿qué fue primero el Colegio o el monumento-fuente?

En realidad la suerte de la fuente y del colegio Cervantes han ido parejas desde sus orígenes que se remontan a la conmemoración del III Centenario de la publicación de la primera parte de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, celebrada el 7 de mayo de 1905 en Valencia debido a la vinculación de la ciudad con esta obra de Cervantes.

Para celebrar este hecho el Ayuntamiento determinó la construcción de unas escuelas graduadas con el nombre de Cervantes en los solares del viejo matadero municipal, situado en la calle Guillén de Castro, frente al mercado de abastos.

Con el objetivo de organizar los actos del centenario, se nombró una junta mixta que, presidida por José Aguilar y Blanch, estaba constituida, por representantes del Ayuntamiento y de las sociedades literarias. La Junta decidió erigir un monumento a Cervantes frente a las futuras escuelas, que se solicitó al escultor valenciano Mariano Benlliure.

La celebración del 7 de mayo de 1905 comenzó con una manifestación cívica desde el Ayuntamiento

Banderolas y estandartes, alumnos de escuelas públicas y privadas, representantes de entidades culturales, recreativas y mercantiles valencianas. Precedido por los timbales y clarines, el Ayuntamiento en corporación bajo mazos. Eran portadores de la “senyera” que había sido sacada de la Casa de la Ciudad con el ceremonial acostumbrado” (“Las fiestas centenarias del “Quijote” en Valencia”, Las Provincias, 8 mayo 1905, p. 1.)

Se dirigieron hacia la iglesia de San Martín, cerca de donde estuvo la imprenta de Pedro Patricio Mey que imprimió la edición valenciana de El Quijote, y que también publicaría en 1616 la segunda parte de la novela, pocos meses después de haber aparecido en Madrid. En aquel lugar descubrieron una lápida conmemorativa, que ahora podemos ver en la calle San Vicente esquina a la Plaza de la Reina.



Aquí se imprimieron por Patricio Mey 1605-1616 la primera y segunda parte del famoso Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes. El Excmo. Ayuntamiento de Valencia colocó esta lápida el 7 de mayo de 1905 para conmemorar el tercer centenario



Después por Santa Catalina, calle de Zaragoza, plaza de la Constitución, calle de Caballeros y Cuarte llegaron hasta el jardincillo de Guillén de Castro, donde había gran afluencia de público. En el centro del jardín se había instalado el boceto en yeso del monumento a Cervantes, realizado y regalado por Benlliure a la ciudad de Valencia, en un generoso gesto del escultor en homenaje al escritor y a la ciudad que conmemoraba su obra. Sobre unos grandes libros del autor, que transmiten con su volumen el peso de la obra, emerge la figura estilizada del más grande personaje de la quimera, reconocible pero etérea, que alza al mundo el busto de su creador.

Los alumnos de las escuelas municipales cantaron el Himno a Cervantes, con música de Salvador Giner y letra de Teodoro Llorente. El Sr. Serrano Morales, delegado de Instrucción Pública, leyó un documentado discurso sobre Valencia, Cervantes y el Quijote, en el que rememoró episodios de la vida del escritor, mencionó pasajes de las obras de Cervantes en que hace referencia a Valencia y a sus literatos, y acabó con unas palabras de elogio a Valencia, que por su cultura, ilustración y amor a las letras se la ha ensalzado en el transcurso de los siglos, ha creído ahora que no podía celebrar este centenario de modo más digno, laudable y conveniente, que colocando la primera piedra de un hermoso edificio a la enseñanza consagrado( “Las fiestas Centenarias del “Quijote” en Valencia”, Las Provincias, 8 mayo 1905, p. 2.)

Se procedió entonces a la inauguración de las obras del primer grupo escolar graduado que erigía el Ayuntamiento: la “Escuela de Cervantes” con la colocación de una cápsula del tiempo en los cimientos del edificio: se puso una caja de plomo que contenía el acta en pergamino, diferentes monedas en curso, ejemplares de los periódicos locales y una biografía de Cervantes. La piedra era bendecida por el canónigo Constantino Tormo, y el Alcalde José Ordeig y Ortega arrojaba las pertinentes paletadas de mortero. Los niños tuvieron merienda, y se les entregó un ejemplar de la biografía de Miguel de Cervantes, recibiendo los alumnos más destacados un ejemplar, también, del Quijote.

Imagen de la cápsula del tiempo hallada en 2009 bajo la estatua de Cervantes en Madrid que fue depositada el 11 de diciembre de 1834, y contenía: El Quijote del año 1810, el Estatuto Real para las Cortes del Reino de 1834, ediciones de la Gaceta de Madrid (actual BOE), un Diario de Avisos de Madrid de ese mismo año, un libro calendario manual y guías de forasteros, editado en la Imprenta Real; una biografía del General Mina, guerrillero español que luchó en la guerra de Independencia y fue fusilado en 1817 en México; un manuscrito, algo más deteriorado; un libro sobre la vida de Cervantes y ocho paquetes pequeños, que probablemente sean monedas.

Así pues en 1905 vieron la luz las obras tanto del colegio como de la estatua, pero mientras la actividad escolar comenzó en 1910, ¿qué ocurrió con la estatua de Cervantes?

Al año siguiente fue fundida en bronce, ya que la obra está fechada y firmada por su autor en Madrid en 1906. Sin embargo en febrero de 1909 el Ayuntamiento acordaba que se instalase el monumento a Cervantes en la Plaza del Picadero, actual del pintor Pinazo, hasta que las circunstancias permitieran su emplazamiento definitivo frente al colegio.


En septiembre de ese año 1909 se colocó la escultura sobre los sillares que por indicación del escultor se colocaron en el sitio primitivo, levantándolo por medio de un zócalo de hormigón”( A.H.M. Monumentos, 1909, Exp. 10.)

En esta plaza permanecería durante muchos años con pequeños cambios en su aspecto. Así en 1916 se colocó un macizo de plantas a su alrededor, y una verja provisional. (Las Provincias, 18 noviembre 1916, p. 1, “Noticias del Ayuntamiento. Ornato y guarda).


Y allí se hubiera quedado a no ser por la determinación del profesorado del Grupo Escolar Cervantes, que conllevaría el traslado definitivo de la obra. El 5 de diciembre de 1924, en un escrito al Ayuntamiento de Valencia, manifestaban:

Cuando se inauguraron estas escuelas, una de las cosas con que Valencia honró la memoria de Cervantes en las fiestas tricentenarias de la publicación del Quijote, el genio de Mariano Benlliure concibió y realizó un grupo escultórico de Cervantes y del Quijote que se colocó frente a las escuelas, en el antiguo Mercado de Abastos y con la intención de que las generaciones de niños que fueran pasando por ellas pudieran contemplar a diario la mencionada escultura; que el Excmo. Ayuntamiento con gran acierto entonces, trasladó el grupo escultórico para quien no era marco ajustado un Mercado de Abastos, a la llamada plaza del Picadero; que hoy no existe ya razón alguna que justifique, según el leal entender de los exponentes, que los niños sigan privados de su estatua, pues ha desaparecido el citado Mercado de Abastos...”( A.H.M. Monumentos, 1924, Exp. 27.208) y tras otras consideraciones, solicitaban, de acuerdo a su “conveniencia social”, se rotulase el edificio con el nombre de Cervantes, se trasladara allí el grupo escultórico, y que se transformase el antiguo solar de abastos en jardín o parque infantil, pues, según describen, era amplio y estaba poblado de árboles pero permanecía en estado de abandono.


Comenzó entonces una prolongada sucesión de trámites administrativos hasta que el 26 de marzo de 1931, después de veintiséis años se cumplía el acuerdo del Ayuntamiento. El monumento a Cervantes ocupó su definitivo emplazamiento frente al colegio, y desde finales de los años sesenta rodeado por una fuente que engrandece el conjunto.






Esta tradición de las cápsulas del tiempo no es en absoluto anticuada, en la actualidad es fácil encontrar noticias relativas a ellas pues muchas ciudades y países las instalan para celebrar algún acontecimiento especial, por ejemplo: Barcelona, Argentina, Chile, y otros lugares incluso hay interesantes propuestas a nivel mundial en concreto el satélite KEO, que es una cápsula del tiempo que será lanzado en el año 2011 llevando nuestros mensajes y volverá a la tierra en 50.000 años, cuando podrán leerse.

Es fácil mandar un mensaje, ¿nos animamos? o ¿confeccionamos nuestra propia cápsula del tiempo?. ¡¡ Eso sí que es complicado!! pues qué seleccionaríamos como representativo de nuestro tiempo y digno de recuerdo?



diumenge, 20 de febrer de 2011

Parentalia, Feralia y Caristia.

Februarius era en Roma un mes dedicado a la memoria de los difuntos en el que se celebraban varias festividades con este motivo (Feralia, Parentalia, y Cara Cognatio) que iban del 13 al 22 de febrero.

En la imagen vemos un fresco de un larario de Pompeya. En la parte superior están representados los Lares y el Genius que hace ofrendas en el altar y en la inferior las serpientes que son los dioses Manes.

La abundancia de serpientes en los cementerios, debida seguramente a la existencia de restos de comida, bebida y ofrendas a los difuntos era interpretada como la presencia del alma del difunto, ya que pensaban que que la médula espinal humana se convertía en serpiente.
Así Ovidio nos dice en Metamorfosis, XV, 389-390
    Hay quienes, cuando podrido se ha una espina en un sepulcro cerrado,
    que se mutan creen en serpientes las humanas médulas.

En Virgilio, Eneida V, 75 y ss, encontramos la primera mención al rito de las Parentalia, en el que Anquises adopta la forma de serpiente para materializarse ante su hijo Eneas

Él desde la asamblea con muchos millares se dirigía 75
al túmulo, en el centro de numerosa compañía.
Aquí libando según el rito dos copas de vino puro
las vertió en tierra, dos de leche nueva, dos de sangre consagrada,
y esparce flores purpúreas, y esto dice:
«Salve, sagrado padre, de nuevo; salve, cenizas en vano
recobradas, y ánimas y sombras paternas.
No se me concedió buscar contigo los territorios ítalos
ni los campos del destino ni, dondequiera que esté, el Tíber ausonio»
Así había dicho, cuando una lúbrica serpiente del hondo recinto
sacó, enorme, sus siete anillos, sus siete revueltas, 85
en plácido abrazo al túmulo y deslizándose por los altares;
el lomo tenía cubierto de manchas azulencas y de oro
un fulgor encendía sus escamas, como el arco en las nubes
esparce contra el sol mil diversos colores.
Se paralizó Eneas con la visión. Ella en larga línea 90
serpentea por fin entre las páteras y los vasos bruñidos
y gustó las viandas y bajó de nuevo sin daño a lo profundo
del túmulo y dejó los probados altares.




Durante estos días los romanos visitaban las tumbas de sus ancestros y hacían sobre ellas ofrendas de leche, vino, miel, flores y otros presentes. También se hacían banquetes en los sepulcros para honrar y mantener vivo el recuerdo de los antepasados.

Estas celebraciones eran de tal importancia que en los testamentos y en las inscripciones funerarias encontramos peticiones en este sentido:


-así en el testamento del ligón observamos una multitud de detalles especificando aspectos concretos de la construcción de su tumba de manera que hubiera un espacio preparado para estos banquetes funerarios:




Que delante de la exedra (y a los pies de mi estatua) se coloque un lecho fúnebre y a cada uno de sus lados dos asientos, hecho todo (también) de mármol importado. Para la celebración de los banquetes funerarios) dispóngase, en los días en que se abra mi capilla funeraria, de dos cobertores y dos cojines (como los que se usan en los triclinios) para el lecho, que se coloquen (también) dos capotes (de los que usan los militares) y una túnica.


Imagen de la tumba nº 15 en Isola Sacra que tiene un biclinium en la fachada, tomada del artículo de Regina Gee, cap. 5


-incluso dejando una suma para cubrir los gastos de flores y banquetes, como en esta inscripción de Rávena (Corpus Inscriptionum Latinarum, XI, 132).


ut quotannis rosas ad monumentum ei spargant et ibi epulentur,

para que cada año se esparzan rosas sobre el sepulcro y que allí se desarrolle el banquete.


Destaco por su calidez y profundo amor hacia su madre esta inscripción en verso hallada de Safatis (hoy Argelia) en la que se nos narra un banquete fúnebre celebrado en memoria de Aelia Secundula, madre de Estatulenia Julia que es quien la dedica. (Corpus Inscriptionum Latinarum, VIII, 20277)


Memoriae Aeliae Secundulae

Funeri mu[l]ta quid(e)m condigna iam misimus omneS,

Insuper ar(a)eque deposit(a)e Secundulae matrI(s),

Lapideam placuit nobis atponere mensaM,

In qua magna eius memorantes plurima factA;

Dum cibi ponuntur calicesque e[t] co[o]pertaE,

Vulnus ut sanetur nos rod(ens) pectore saevuM.

Libenter fabul(as) dum sera red(d)imus horA

Castae matri, bona(e), laudesq(ue), uetula dormiT

Ipsa, q(uae) nutri[t], iace(n)s e(s)t sobria sempeR.

v(ixit) a(nnos) LXXV, a(nno) p(rouinciae) CCLX Statulenia lulia fecit



En memoria de Elia Secundula. Todos nosotros hemos ya provisto que se disponga lo necesario para el rito funerario sobre el altar de nuestra madre Secundula, que aquí yace. Hemos cuidado que se prepare la mesa de piedra, en torno a la cual recordar sus numerosas obras virtuosas, mientras son dispuestos y ofrecidos alimentos y cálices y manteles para cubrir la mesa, a fin de que pueda cicatrizar la cruel herida que lacera nuestro corazón mientras en las horas tardías evocamos de buena gana los recuerdos y las alabanzas de nuestra buena y piadosa madre, nuestra dulce viejecita duerme, la misma que nos alimentó, ahora yace siempre sobria.Vivió setenta y cinco años. En el 260 de la provincia Estatulenia Julia lo hizo.

Contiene una dedicatoria semioculta que se hace visible en la lectura secuencial de las letras iniciales (acróstico) y las finales (teleóstico) de cada verso. Para hacerla más evidente, las letras están escritas aquí en mayúscula, dice los hijos a su dulcísima madre FILI DULCISIMAE MATR


  • Feralia, el 21 de febrero, último día de las Parentalia

Según Paulo Festo VI, el origen etimológico de Feralia se explicaba del verbo fero, " de la acción de traer el alimento " (a ferendis epulis) " o de la acción de sacrificar animales " (a feriendis pecudibus);


Por su parte Varrón, De lingua latina 6.13, introduce la idea del mundo subterráneo y nos dice

Feralia ab inferis et ferendo, quod ferunt tum epulas ad sepulcrum quibus ius ibi parentare.

El nombre de las feralia proviene de inferi (el mundo subterráneo) y de ferre (llevar), porque es la fecha en la que se llevan ofrendas comestibles a los sepulcros a los que se tiene la obligación de tributar honores fúnebres.

En las Feralia se hacía un sacrificio a la diosa Mania Tácita (=“silenciosa”), señora de la muerte, que unas veces aparece como madre de los Lares y otra como reina de los Manes cuya triste historia nos cuenta Ovidio en Fasti II , 583-616.


Ahora querrás saber por mí quién es la diosa Muta. Aprende lo que me es conocido por los viejos de antaño. Júpiter, vencido por el amor desmesurado de Yuturna, aguantó mucho, lo insufrible para un dios de su categoría. Ella, ora se ocultaba entre los avellanares de la selva, ora saltaba a las aguas, con ella emparentadas. Júpiter reunió a las ninfas, cuales quiera que habitaban en el Lacio, y les espetó las siguientes palabras en medio del corro: «Vuestra hermana tiene celos de sí misma y evita acostarse con el dios supremo, cosa que le sería provechosa. Ocuparos de los dos, pues si mi placer ha de ser grande, grande será el beneficio de vuestra hermana. Cuando eche a huir, poneos delante de ella al borde de la orilla para que no zambulla el cuerpo en el agua del río». Esto dijo. Todas las ninfas del Tíber asintieron y también las que agasajan tu tálamo, divina Ilia. Casualmente había una náyade, de nombre Lara, aunque su nombre antiguo tenía la primera sílaba duplicada por error. Almón le había dicho muchas veces: «Hija, contén la lengua», pero ella no la contenía. Así que dio con el lago de su hermana Yuturna, le dijo: «Aléjate de las orillas», y le refirió las palabras de Júpiter. También visitó a Juno y le dijo, compadeciéndose de las casadas: «Tu marido está enamorado de la náyade Yuturna». Júpiter se encolerizó y arrancó a la náyade la lengua de que se había servido imprudentemente, y llama a Mercurio: «Llévatela donde los Manes; ese es el lugar apropiado para los silenciosos. Será ninfa, pero ninfa de la laguna soterrada». Se cumplen las órdenes de Júpiter. El bosque acogió a los que llegaban; se cuenta que ella entonces resultó del agrado del dios que la conducía. Éste se aprestaba a la violencia, ella suplicaba con el rostro sustituyendo a las palabras, esforzándose en vano por hablar con su boca muda. Quedó embarazada y parió dos gemelos: los Lares, que guardan y vigilan siempre las encrucijadas de nuestra ciudad.


Encontramos una interesante explicación de este mito en el libro Vivir en femenino: estudios de mujeres en la antigüedad, escrito por M. Dolors Molas Font, Elena Almirall Arnal

La historia de esta ninfa que hizo de la palabra (prerrogativa masculina), y que actuó en perjuicio de la autoridad y poder del dios, así como la de su castigo, simbolizan la domesticación y mutilación del valor de la palabra femenina. Como ninfa alegre que habla es castigada, pero al mismo tiempo las mordazas del silencio son oportunamente teñidas de virtus y Lara es elevada a la categoría de diosa para ser venerada por su silencio y recluida en el silente mundo de los infiernos.


Así Lara se verá privada físicamente de la lengua por Júpiter en castigo por su excesivo lenguaje, por su incapacidad para utilizar la lengua de manera más discreta, y convertida, según Ovidio Fasti II, 571-582, en la diosa Tácita-Muta a la que las mujeres ofrecían un sacrum, que consistía en realidad en un conjuro contra las «malas lenguas», el último día de los Parentalia



He ahí que una vieja cargada de años se sienta entre las muchachas y cumple con el rito de Tácita [diosa silenciosa] aunque ella misma no se está callada (taceo), y coloca en la parte del umbral tres granos de incienso con tres dedos, en el punto donde un minúsculo ratón se ha abierto un camino oculto. A continuación ata un trompo encantado a un trozo de plomo oscuro, y remueve en la boca siete habas negras, y quema al fuego la cabeza de un pececillo que ha untado de alquitrán y cosido atravesándolo con una aguja de cobre. También vierte vino; el vino que queda se lo bebe o ella misma o las acompañantes, aunque ella más. «Hemos amordazado las lenguas de los enemigos y las bocas hostiles», dice la vieja conforme se va, saliendo borracha.


  • fiesta de la CARISTIA o CARA COGNATIO, 22 de febrero,

En esta fiesta se une el concepto de final-muerte y vida-renacimiento en dos ámbitos:

  • por un lado en el ámbito familiar, ya que una vez aplacados los espíritus de los antepasados llegaba el momento de revitalizar los lazos con los familiares vivos mediante un banquete de la familia en el que se intenta la reconciliación de los parientes.

  • y también en el ámbito temporal pues es ahora cuando el año que expira, ya que febrero era, en el antiguo calendario romano, el último mes del año, así pues marca el final de un año y el principio de otro.

Encontramos referencias en Valerio Máximo II, 8:

Nuestros antepasados instituyeron también un banquete anual al que llamaron CARISTIA. A dicho convite no asistían más que los familiares y parientes y tenía por finalidad el que, si había surgido alguna tensión o desavenencia entre los miembros de una misma familia, desapareciera, empleando como defensores de la concordia las libaciones del sagrado festín y la común alegría.

Y desde luego también en Ovidio Fasti II, 565


La festividad siguiente recibe el nombre de Carístia por los familiares queridos. Una muchedumbre de parientes acude ante los dioses de la familia. Resulta realmente consolador apartar la mirada de las sepulturas en que yacen los allegados que han fallecido y dirigirla a los vivos, así como, después de haber perdido a tantos, contemplar lo que aún queda de nuestra sangre y calcular el grado de parentesco. Pero ¡qué vengan sólo los virtuosos! Lejos, muy lejos de aquí, el hermano impío y la madre que se muestra cruel hacia sus propios hijos; aquel que piensa que su padre vive demasiado tiempo; el que intenta calcular los años que aún le quedan a su madre; la suegra malvada que acosa a la nuera, a la que odia.(....) Vosotros, los virtuosos, ofreced incienso a los dioses de la familia (dicen que la dulce Concordia muestra especialmente su asistencia en ese día) y ofrendad también alimentos para que el plato que les sirve-garantía de una veneración que les es grata- sirva de alimento a los Lares de túnica remangada.

Pervivenvia de la fiesta de las Caristia.


Imagen de la catacumba de San Marcelino en la Via Labicana

El 22 de febrero es para los cristianos la fiesta de la "Cátedra de San Pedro" o sea el día de la institución del pontificado de Pedro. El haber escogido este día para celebrar un acontecimiento del que no se podía saber la fecha exacta, parece se debió a querer suplantar con una fiesta cristiana importante la pagana de honrar a los muertos de la familia con banquetes frecuentemente escandalosos. San Agustín reprende duramente a los cristianos que en dicha fecha se entregaban a tales abusos, menciona los excesos que se producían en los refrigeria mantenidos en las áreas sepulcrales, incluso cuenta casos personales, como la costumbre de su madre Mónica de llevar viandas a las tumbas de los mártires (Aug. Conf. 6.2.2.)


La pervivencia de algunas de las costumbres relacionadas con el recuerdo de los difuntos las encontramos en expresiones que hoy utilizamos, como son : brillar por su ausencia y tener muchos humos. Os enlazo a la explicación de ambas frases que publiqué en el blog La llama de Vesta.


dimarts, 15 de febrer de 2011

El matrimonio en Grecia: προαυλία

La ceremonia del matrimonio en Atenas era una secuencia de eventos que abarcaba tres días: la víspera de la boda, προαυλα; el día de la boda, γμος; el día después de la boda, τ παλια. Los términos προαυλα y παλια derivan del verbo αλζεσθαι, dormir al raso, pasar la noche al raso. El mes preferido de los atenienses para celebrar los matrimonios era el de Gamelión _final de enero-principios de febrero en nuestro calendario y el séptimo mes del calendario ateniense, y que recibe su nombre de la festividad del ερς γμος en honor de Zeus y de Hera_ y los días preferidos, los de luna llena.

Es Pollux el que designa con el término προαυλα el día previo al de la boda. Era un día dedicado a los preparativos de la fiesta y a una serie de rituales y tradiciones, entre los que se encontraban sacrificios propiciatorios, baños y ofrendas. Era uno de los pocos momentos en los que se dejaba a la mujer participar activamente. A estos sacrificios se les daba el nombre de τ προτλεια. Hesiquio de Alejandría dice en este punto: τ προτλεια πρ μις τν γαμν τς παρθνου. Y según él mismo afirma, se trataba, al mismo tiempo, de un sacrificio y de una fiesta: πρ τν γμων θυσα, κα ορτ. Es, pues, un acto religioso que consistía en un sacrificio celebrado por el padre de la novia y que la consagraba a Artemisa y a las Moiras.

Algunas críticas desplazan el sacrificio de las προτλεια al día mismo de la boda y reconocen en él el sacrificio que se hacía inmediatamente antes del banquete de bodas. Pero, mientras en este caso la presencia del novio era obligatoria, en el que nos ocupa parece, según podemos extraer del texto de Ifigenia en Áulide, que se trataba de un sacrificio del padre de la novia sin la presencia de aquél: el mensajero relata los rumores que corren en el campo de los griegos:

Han consagrado a la joven a Artemisa, señora de Áulide; pero, ¿quién va a desposarla? (v.433-34)

ρτμιδι προτελζουσι τν νενιδα, Αλδος νσση. τς νιν ξετα ποτε;

Y cuando Agamenón le anuncia el cercano matrimonio de Ifigenia (v. 717 ταν σελνης ετυχς λθ κκλος), Clitemnestra le pregunta (v. 718):

προτλεια δ'δη παιδς σφαξας θε;

¿Ya has ofrecido a la diosa el sacrificio preliminar de la niña?

Según Richard Seaford (The Tragic Wedding. The journal of Hellenic Studies 107 (1987): 108), la función normal de las προτλεια parece haber sido la de dar a la deidad la vida de un animal en sustitución de la vida de la novia. En efecto, a menudo, la novia ateniense era comparada con un animal llevado al sacrificio (volvamos a recordar al respecto la tragedia de Ifigenia que, creyéndose novia, era llevada al sacrificio por su propio padre) Otros autores están también de acuerdo con este punto de vista: Avagianou (Sacred Marriage, 16) sostiene que el ritual de la boda está muy estrechamente relacionado con el de un sacrificio sagrado y que la propia novia sería la víctima sacrificial. Por otra parte, el flujo menstrual de una mujer fue comparado frecuentemente con la sangre que brota del animal sacrificado. Relacionado con esto, encontramos también en griego la palabra μνον (de donde amniótico) que designa el vaso para recoger la sangre del sacrificio y que está, a su vez, relacionada con μνς (cordero/-a)

Aunque, sin duda, la ceremonia de la boda fue un acontecimiento importante en la vida del hombre, no representó para él un rito de tránsito a la edad adulta como sí representó para la mujer. De hecho, ese ritual de paso a la edad adulta ya había sido realizado por el novio años atrás. En cambio, sería la noche antes de la boda cuando la novia ofrendaría a la diosa Artemisa, en la ceremonia llamada de las παρχα, todo aquello que representó su infancia, simbolizando, así, el adiós a su niñez y la entrada a la vida adulta. Con frecuencia también ofrecía a la diosa un mechón de su cabello o su cinturón (gr. ζνη), con la carga mágica que éste conllevaba y que podría interpretarse como una invocación a la Artemisa Lisizona, la que desata el cinturón, o lo que es lo mismo, una llamada a ser madre, una metáfora de la procreación.

Hay diversas interpretaciones al respecto de estas ofrendas: Lloyd Llewellyn-Jones (Aphrodite’s Tortoise: The Veiled Woman of Ancient Greece, Swansea: The Classical Press of Wales, 2003, 219) afirma que estas ofrendas a Artemisa dejarían a la novia metafóricamente desnuda y preparada para dar el siguiente paso: convertirse en mujer. Oakley y Sinos (Wedding in Ancient Athens, 12) dicen que las ofrendas estaban probablemente destinadas a pedir el permiso de la diosa para salir de su esfera de protección (según ilustra el mito de Calisto, dejar la protección de Artemisa sin su permiso puede resultar peligroso) Y, de todas formas, todo esto parece una contradicción respecto de lo que vimos en el post anterior. Es decir, la mujer estaría toda su vida bajo la tutela de un varón (su padre, su marido, su hijo, su hermano…) y no alcanzaría nunca la edad civil suficiente para ordenar y dirigir su propia vida o sus propios bienes. Era legalmente equivalente a un niño. Conocemos el texto de Aristóteles (Política I 1260 a 11-14):

κα πσιν νυπρχει μν τ μρια τς ψυχς, λλ'νυπρχει διαφερντως· μν γρ δολος λως οκ χει τ βουλευτικν, τ δ θλυ χει μν, λλ'κυρον, δ πας χειμν, λλ'τελς

Así, el matrimonio podría simplemente representar el último paso en el proceso de domesticación de la mujer. Puesto que, mientras es niña, está bajo la protección de la salvaje y libre Artemisa, el matrimonio la encarrila y la aseda. En Hipócrates encontramos que las παρθνοι son vulnerables a las alucinaciones debido a que su útero no se ha abierto a las relaciones conyugales. La mujer sólo podía estar físicamente saludable si mantenía frecuentes relaciones sexuales y traía niños a este mundo. Los seguidores de Hipócrates prescribían las relaciones sexuales y el embarazo como una panacea para muchas enfermedades de la mujer. Esto explicaría que la sociedad entendiese el matrimonio precoz como el camino más seguro y saludable para una παρθνος.

La última de las ceremonias de la víspera era el baño nupcial. Un uso general en toda Grecia, pero que difería en sus prácticas según la ciudad. En Atenas, las jóvenes novias utilizaban el agua de la fuente Calírroe. Pero el ritual tenía ciertas características: el recipiente que servía para recoger y transportar el agua era el loutróforo, un recipiente especial muy vinculado también con el ritual fúnebre. El cortejo debía estar formado por un niño seleccionado entre los parientes más próximos y una niña, además de la novia y jóvenes llevando antorchas, lo que da a entender que la ceremonia se llevaría a cabo al caer la noche. Así aparece en esta imagen de un loutróforo del museo arqueológico de Atenas. En ella observamos el cortejo precedido por una joven que lleva dos antorchas a la que sigue un niño coronado de mirto tocando el aulos. Detrás va la niña llevando el loutróforo que sobrevuela un Eros; le sigue la novia tapada con un manto y con la cabeza inclinada y cierran el cortejo dos jóvenes más, una de las cuales lleva otra antorcha.

Por último, no podemos dejar de hacer notar que no sólo el recipiente que transportaba el agua para el baño está relacionado con el ritual fúnebre, sino también el hecho de que el sacrificio ofrecido por el padre de la novia consagrara a ésta a Artemisa y a las Moiras. La interpretación parece obvia: el matrimonio era sentido como una separación, como la salida de un mundo (la infancia) y la entrada en otro (la vida adulta), exactamente igual que la muerte representa el último tránsito de una vida a otra.