dilluns, 1 de novembre de 2010

JUNO / DIANA LUCINA

Si buscamos el epíteto Lucina en el diccionario de latín editado en Vox, encontramos que puede relacionarse con Juno o con Diana. Sin embargo, en latín Lucina va habitualmente unido a Juno, como divinidad protectora de los partos y de la infancia. De hecho, lo encontramos unido a Diana en traducciones de textos griegos y en ellos debemos entender, siempre, que se ha traducido Artemisa por Diana, aun cuando el culto de la antigua divinidad itálica no corresponde exactamente con el que Artemisa tenía en Grecia.

En principio, tampoco Artemisa en Grecia fue la divinidad protectora de los alumbramientos, sino que se dio en ella un sincretismo de diferentes divinidades y mitos. Para entender este sincretismo, debemos primero dilucidar lo cierto del oscuro mito de Artemisa Ilithyia o Lucifera:

Ilithyiaλεθυια; λεθια o λεθω en Creta, Laconia y Mesenia), nombre probablemente de origen prehelénico, era hija de Zeus y Hera, pero, según un himno de Olén, era la madre de Eros y tenía origen hiperbóreo. Primitivamente fue una antigua diosa de la fecundidad de la naturaleza antes de convertirse en la que regía los alumbramientos. Fue particularmente venerada en Creta y en Laconia y se la ve en Delos ligada a Artemisa. Píndaro la asocia a las Moiras. Pausanias, hablando de Atenas (libr. VIII, cap. XXXI-XXXVII), dice que junto a la capilla de Serapis había un templo de Ilithyia que, viniendo del país de los Hiperbóreos, auxilió a Leto que entonces estaba de parto en la isla de Delos. Los Delios, añade, pretenden ser los que han enseñado a los otros griegos el nombre de esta diosa: los Delios ofrecen aún sacrificios a Ilithyia y entonan en su honor el himno de Olén. Los cretenses, al contrario, piensan que Ilithyia nació en Amnisos en las cercanías de Cnossos, y que es hija de Hera. En este pasaje, pues, Pausanias nos da dos tradiciones, así como dos Ilithyias.

Intentemos diferenciar la una de la otra para entender el mito:

Las divinidades indígenas de los cretenses, Zeus y Hera, son consideradas en las antiguas tradiciones de aquéllos como los fundadores del matrimonio y Hera, además, como la divinidad que presidía los deberes conyugales y todo lo concerniente a la vida doméstica. Por consiguiente, debía presidir todo lo que resulta del vínculo matrimonial y así es como en estos pueblos se tenía como hijas de Zeus y Hera a Hebe, la hija núbil, e Ilithyia, la partera o comadrona.

El culto de cualquier divinidad que se consideraba como el símbolo de la fuerza productora y nutritiva de la naturaleza había venido de Media y se había difundido a lo largo de las costas del mar Negro y en el Asia Menor. La luna estaba reputada como su símbolo, porque, según la creencia de entonces, de ella dependía la fertilidad de la tierra; la vaca era, a su vez, considerada como su símbolo más natural en la tierra; en Escitia se convirtió en la diosa táurica; en Asia Menor, su culto se asoció al de la Cibeles frigia y fue la gran madre con numerosos senos de Éfeso; finalmente, amalgamada con el culto menos antiguo de los hijos de Leto, fue la Artemisa de los griegos.

El nuevo culto de Apolo y Artemisa halló mucha resistencia en las costas de Asia Menor por parte de los sacerdotes de las divinidades más antiguas. Una colonia de sacerdotes de las nuevas divinidades se retiró a la isla de Delos. Conocida bajo el nombre genérico de Oleno, esta colonia estableció allí una fiesta con la que se celebraba el nacimiento de las nuevas divinidades Apolo y Artemisa. Según esta celebración, Leto encontró en Delos, isla que acababa de salir del mar, el lugar idóneo y tranquilo que necesitaba para alumbrar a sus hijos. Como Hera, celosa, no dejó que su hija saliera a asistirla, llegó del país de los Hiperbóreos una bienhechora, la Ilithyia de Olén: sus favores se ensalzaron en un himno compuesto en su honor, introduciéndose, así, su culto en la isla de Delos. Esta hiperbórea que llegó en auxilio de Leto, según el mito citado, es la gran divinidad que preside los partos, llamada luego Artemisa de Éfeso; es también la misma que Lucina (Lucifera), la que da luz o alumbra el cielo y la tierra. Según Pausanias, Olén, en su himno, llama a Ilithyia madre de Eros, lo cual recuerda la cosmogonía órfica, donde, en el lenguaje sagrado de los órficos, Eros fue llamado Phanés, el primogénito de la naturaleza, que produce, regula y enlaza todo lo que goza de vida. Así, según este himno, Ilithyia sería la Gran Madre. También en Pausanias se lee que en el himno de Olén se le da a Ilithyia el nombre de la buena hiladora, lo cual justifica que Píndaro la una a las Moiras; unión que también se encuentra en Eurípides y en Platón (El Banquete, 206d: Así pues, la Belleza es la Moira y la Ilitía del nacimiento)

Por otra parte, _ aunque se ha confundido a la virgen Artemisa con la antigua y venerable Gran Madre adorada en Éfeso; aunque se la llamaba la eterna y casta virgen, que, por asistir a las mujeres de parto, se la adoraba como Lucina Phosphoros o como Lisizona, la que desata el cinturón (Teócrito, Encomio a Ptolomeo, XVII 60-1: Allí la hija de Antígona, aquejada de dolores, invocó a Ilitía, la que desata el cinturón) _ quedaban vestigios de la tradición primitiva, según la cual, Artemisa nació primero en Ortigia y después Apolo en Delos. La antigua Ortigia estaba situada en un bosque sagrado en las márgenes del río Cenchreos o Cenchrius, cerca de Éfeso. De ahí que el nombre de Ortigia haya pasado a Delos y otros lugares en que se celebraba el alumbramiento de Leto y he aquí también el rastro del mito que consideraba a la diosa de Éfeso como la hermana mayor de Apolo y que se tuviera Delos como la patria de los dos hijos de Leto. Otros vestigios se encuentran en ese otro mito que narra que Artemisa salió primero del seno de su madre y que la ayudó en el nacimiento de Apolo. Según Calímaco, su nacimiento no causó dolor alguno a su madre, porque las Moiras le confiaron el cuidado de socorrer a las mujeres en sus partos (Hymn. III 22-5): Las Moiras me asignaron desde el momento en que nací la tarea de ayudarlas, pues mi madre me engendró y me llevó en su seno sin ningún dolor y sin esfuerzo dio a luz el fruto de sus entrañas.

Este sincretismo se hizo patente en las obras de muchos autores. Orfeo, por ejemplo, en su Himno (Hymn. 2 1-4) la llamó además Protirea (Protectora de las puertas), por la costumbre de poner ante las casas como protección una imagen de aquélla a la que se debía el nacimiento y los comienzos de la vida y salvación humanas:

Escúchame, oh venerable diosa de muchos nombres, divinidad que ayudas a las parturientas, dulce protectora de los lechos, salvadora de los engendrados, única amante dulce de los niños, rápido auxilio, que asistes a los jóvenes mortales, Protirea.

Más adelante, (10-2), se lee:

Pues los lechos te invocan a ti sola, descanso del alma. Pues por ti son aliviados los pesares de los partos, Artemisa, Ilitía y augusta Protirea.

En Herodoto VI, XXXV:

Cuentan los Delios así mismo que por aquella misma época en que vinieron dichos conductores, y un poco antes que las doncellas Hipéroque y Laódice, llegaron también a Delos otras dos vírgenes hiperbóreas, que fueron Agra y Opis, aunque con diferente destino, pues dicen que Hipéroque y Laódice vinieron encargadas de traer a Ilitía o Artemisa Lucifera el tributo que allá se habían impuesto por el feliz alumbramiento de las mujeres.

En Roma, la antigua divinidad itálica de los bosques y la vida salvaje, se identificó con la Artemisa griega y, aunque su culto fue muy notable, nunca Diana asumió todos los roles de la diosa griega. De hecho, fue Juno, como madre de Ilithyia y finalmente asimilada a ella, la que adoptó el papel de la Artemisa Lucifera bajo el epíteto de Lucina. Así lo encontramos, por ejemplo, en Horacio (Carm. Saec. 13-6): Tú que felizmente abres suave los maduros frutos, Ilitía, protege a las madres, o si tú prefieres ser invocada Lucina o Genital. Y cuando se la requería bajo ese aspecto, se le ofrecía dictamo (Euforión, F137=Schol. Arat. Phaen. 33, donde se habla de Lucina: Se encontró coronada de floreciente dictamo) y adormidera. Plantas, ambas, que convenían a las parturientas por facilitar el alumbramiento y mitigar el dolor. También como Juno Lucina, su imagen llevaba en una mano un niño y en la otra la hasta simple o bastón largo sin hierro.

Cada mujer romana tenía su Juno, por eso puede leerse en muchas inscripciones: a la Juno de Lucilla, de Tranquilla