diumenge, 23 de maig de 2010

OCTOBER EQUOS


Según la tradición, el primer calendario romano se debe a Rómulo y empezaba el año en el mes de marzo. Rómulo consagró el primer mes del calendario a su padre, Marte, dios de la guerra. Así, como en casi todas las civilizaciones antiguas, el año empezaba en primavera, lo cual tiene sentido si pensamos que la primavera implica el renacer de la vida. En esta estación se abría en Roma el ciclo guerrero que se cerraba en octubre. La campaña militar se iniciaba las Kalendas de marzo con la Processio Saliorum y se cerraba en octubre con otras dos festividades, el October Equos, el día 15, y el Armilustrium, el día 23.

Tal y como ha llegado hasta nosotros, en los Idus de octubre, se celebraba en el Campo de Marte una carrera de bigas. El caballo de la derecha de la biga vencedora era sacrificado: se le cortaba la cabeza y la cola. Ésta era llevada por un veloz corredor hasta la Regia para que su sangre pudiera aún gotear sobre el fuego: eiusdem coda tanta celeritate perfertur in Regiam, ut ex ea sanguis destillet in focum. Las cenizas resultantes de haber quemado la sangre de la cola se unían a las resultantes de haber quemado los fetos de vacas preñadas en las Fordicidia y a las obtenidas de quemar las vainas vacías de las habas. Con estos tres ingredientes se confeccionaba, según nos cuenta Ovidio en Fasti 4, 731-734, el suffimen, que se utilizaba para fumigar los rebaños y los establos en las Parilia, el 21 de abril: i, pete virginea, populus, suffimen ab ara; / Vesta dabit, Vestae munere purus erit. / sanguis equi suffimen erit vitulique favilla, / tertia res durae culmen inane favae. Por la cabeza disputaban dos barrios de Roma: la Subura y la Via Sacra. Si vencían los primeros, la cabeza se colgaba en la Torre Mamilia, situada en el barrio; si vencían los segundos, en la Regia. Allí quedaba colgada como fetiche sin otro objeto que el de la apropiación de la victoria y el mantenimiento mágico de la misma.
Según Manuel Antonio Marcos Casquero, en su edición de Cuestiones Romanas de Plutarco, pág. 450, en este punto Festo-Paulo, pág. 246 L., añaden que la cabeza del caballo era adornada con un collar de panes, porque el sacrificio se hacía ob frugrum eventum, por el buen éxito de las cosechas. Uniendo esto a lo que Ovidio nos dice en Fasti 4, 731-734 respecto al suffimen, es decir, que uno de los ingredientes es sanguis equi, que las Parilia son unas festividades puramente agrarias y que el sacerdote que presidía la ceremonia del October Equos era, según aparece en una parodia de Dion Casio 43, 24, 4, el Flamen Martialis junto a los pontífices, tendremos todos los ingredientes para que se haya visto en Marte también a un dios agrario.

De todas formas, dice Marcos Casquero, esta visión de Marte no es sino una confusión y una mala interpretación del texto de Ovidio y de la mención que hace Propercio a un curtus equus relacionado con las Parilia: algunos estudiosos dieron por supuesto que la sanguis equi del texto de Ovidio era la del October Equos, sin tener en cuenta, además, que ningún autor griego o latino afirmó nunca que la sangre del October Equos sirviera de componente para el suffimen
Esta teoría cobró auge a mediados del s. XIX con W. Mannhardt y sus ideas sobre la concepción agraria como base de la religión primitiva, posteriormente radicalizadas por sus discípulos hasta llegar y defender una concepción totalmente agraria de todas las divinidades que no respetó ni siquiera a un dios guerrero como Marte.
Algunos autores se cuestionan esta interpretación aludiendo no sólo a la falta de textos que la corroboren sino también a otros hechos:
- la distancia entre el Campo de Marte y la Regia era aproximadamente de un kilómetro y medio, por lo que, por muy rápido que fuera el corredor, cubrirla llevaría un tiempo;
- la cola del caballo, por su propia naturaleza, apenas contiene sangre, con lo que parece difícil que Ovidio se refiera a ella como ingrediente para el suffimen y que se tratara realmente de la cola.
Así es como piensan H. Wangenboort, "Zur magischen Bedeutung des Schwanzes", Serta Philologica Oenipontana 7-8, 1961, 273-287, y más recientemente G. Devereux, "The Equus October reconsidered", Mnemosyne 23, 1970, 297-301, que consideran que la palabra cauda está utilizada como un eufemismo para referirse al pene del animal, órgano, por otra parte, que sí proporcionaría sangre en abundancia. Por otra parte, además, Marte y Pales no tienen ninguna relación ni tiene sentido guardar una sangre que se utilizaría seis meses después, máxime si se tiene en cuenta que la expresión de Propercio, curtus equus, hace referencia a un caballo mutilado, no sacrificado, que podría serlo expresamente para las Parilia (de hecho, seis días antes se hacía el sacrificio de las vacas preñadas en las Fordicidia). Sigue Marcos Casquero apuntando que la sangre de la cola del October Equos tendría otro fin, como también lo tenía la cabeza: según Plinio, NH 28, 146-147, la sangre del caballo erodit, emarginar ulcera y probablemente no buscara otra cosa que la destrucción por medio del fuego de las desgracias de la guerra.

Respecto a la cabeza adornada con panes, la interpretación que da G. Dumézil, Fêtes romaines d'eté et d'automne, Suivi de Dix Questions Romaines, es que esta celebración se hacía cuando las cosechas ya se habían recogido, por tanto, mira al pasado y no al futuro; para adornar la cabeza no se utilizan semillas o espigas, sino el fruto ya elaborado de las mismas y, finalmente, gracias a las campañas guerreras, que se cierran en octubre, los romanos han mantenido alejados a sus enemigos y las cosechas han podido llevarse a cabo. La expresión ob frugrum eventum puede, gramaticalmente, interpretarse también como en reconocimiento del feliz resultado de la cosecha pasada, con lo que, muy probablemente, lo que se estaría agradeciendo a Marte con esta ceremonia es que hubiese hecho posible la cosecha.