diumenge, 13 de març de 2011

El Matrimonio en Grecia: γάμος

En el momento de su boda, el novio muy probablemente doblaría en edad a la novia y los dos estarían en muy diferentes etapas de sus vidas. Platón recomienda imponer una multa a cualquier hombre que permanezca soltero después de la edad de treinta y cinco años (Leyes VI, 774) Las niñas, en la Atenas Clásica, contraerían matrimonio entre los catorce y los dieciocho años, y, aunque la evidencia en la literatura parece favorecer la edad más temprana (Demóstenes, Contra Áfobo III 43), Platón afirma que las niñas deben estar casadas entre los dieciséis y los veinte años (Leyes, VI, 785)

El segundo día tenía lugar la ceremonia del matrimonio propiamente dicho, γμος, palabra que no tiene únicamente la acepción de matrimonio, sino la de unión, y más concretamente, la de unión sexual (Bailly, A., Dictionnaire Grec-Français, voz γμος, pág.387). Esta ceremonia tenía lugar, la mayoría de las veces, en casa del padre de la novia, pero también podía celebrarse en la del padre del novio o en la del mismo novio en ciertas situaciones. En cualquier caso, entre las personas asistentes, además de las familias, se encontraban los amigos de la pareja, que servirían como testigos. Así, nos lo muestra, por ejemplo, el vaso François, que representa la boda de Tetis y Peleo acompañados por muchos de los dioses en calidad de testigos. En Atenas, en el siglo IV a.C., el número de asistentes a esta ceremonia estaba regulado por las leyes, de la misma manera que se prohibía una gran afluencia de gente en las ceremonias fúnebres. Así, los γυναικονμοι, se encargaban de visitar las casas en las que se celebraba una boda para hacer respetar esta prescripción. También Platón, en Leyes VI, 784, establece que cualquier persona culpable de infidelidad debe abstenerse de asistir a este tipo de ceremonias. Es imposible, al respecto, saber si esto era así por tradición, para evitar un mal augurio a los recién casados, o porque los culpables tenían prohibido acudir a eventos públicos importantes.

Si nos guiamos por la pintura de los vasos que representan escenas nupciales, la principal forma de decoración fueron las guirnaldas de mirto y las coronas de flores (Oakley y Sinos, Wedding in Ancient Athens, 21) Algunas pinturas muestran a menudo guirnaldas y tejidos colgando de las puertas y paredes. La casa del novio, además, se decoraba con lana, como se hacía también en el caso del nacimiento de una niña (Oakley y Sinos, Wedding in Ancient Athens, 34) La cámara nupcial, θλαμος, se decoraba con telas de color azafrán y podía utilizarse una cama con dosel, llamada pastós (παστς). Pollux (3, 43) dice que era frecuente utilizar una segunda cama en la cámara nupcial para que la nueva pareja pudiera dormir por separado si era necesario (Oakley y Sinos, Wedding in Ancient Athens, 35) Solía contratarse a una νυμφοκμος para vestir y preparar a la novia (νυμφοστολεν), que, además, le daría consejos y la acompañaría a lo largo de toda la ceremonia. La novia iría ricamente vestida, todo lo que la familia pudiera permitirse: una túnica (στολ) sobre la que vestiría un manto bordado (μτιον ποικλον) y también el calzado sería especial (νμφιδες)

ἐώνητο δ τ κρ τ πρς τν γμον· περιδραιον μν λθων ποικλων·σθτα δ τ πν μν πορφυρν, νθα δ τας λλαις σθσιν χρα τς πορφυρς, κε χρυσς ν

Se habían comprado todos los adornos de boda para la niña: un collar de piedras preciosas y un vestido en todo teñido de púrpura y donde en los demás vestidos había un trenzado de púrpura, aquí era de oro (Aquiles Tacio, Las aventuras de Leucipe y Clitofonte, 11.2)

Pero el elemento más importante del atuendo era el velo que debía cubrir su rostro y sobre el que se colocaba una corona, στεφνη, que podía ser de metal o de plantas o flores, como mirto, tomillo, amapola o, incluso, espárragos. Plutarco describe las coronas de las novias beocias como hechas de espárragos y da la siguiente razón para su uso:

κενη τε γρ διστον κ τραχυττης κνθης καρπν ναδδωσιν, τε νμφη τ μ φυγντι μηδ δυσχερναντι τν πρτην χαλεπτητα καὶ ἀηδαν ατς μερον κα γλυκεαν παρξειν συμβωσιν

Pues aquella produce el fruto más grato de la planta más espinosa y la novia, al que no huye ni rechaza la primera dificultad y enojo hacia ella, ofrecerá una vida en común pacífica y dulce. (Plutarco, Moralia 138 D)

El velo tenía una gran carga simbólica. Estaba teñido de color azafrán, probablemente debido a la asociación con el ciclo menstrual, puesto que el azafrán se utilizaba para curar los males menstruales (Llewellyn-Jones, Lloyd, Aphrodite’s Tortoise: The Veiled Woman of Ancient Greece, Swansea: The Classical Press of Wales, 220) Algunos estudiosos defienden la tesis de que el velo era una extensión del γυναικν y que servía para separar a las mujeres de la esfera masculina cuando estaban en un espacio público. Esta interpretación es especialmente interesante por lo que hace al velo de novia: Escondida detrás del velo, la novia estaba protegida dentro de los límites del espacio puramente femenino de una manera apropiada. El velo, además, serviría para destacar su pureza sexual, su modestia y su nobleza delante del público, validaría su papel como esposa virtuosa y la protegería en su peligroso tránsito, a través de su estado liminal, de la tutela de su padre a la de su marido.

Este velo se levantaría, dejando el rostro de la novia al descubierto, en una ceremonia_ llamada νακαλυπτριον _ en el momento oportuno. Momento que unos estudiosos sitúan después del banquete y otros, después de la procesión a la casa del novio.

Otro elemento importante del atuendo, y también con mucha carga simbólica, era la ζνη, el cinturón: potente símbolo de la feminidad al que, a menudo, se alude en la literatura para dar a entender la consumación del matrimonio al afirmar que el novio ha aflojado la ζνη de la novia.

La novia, pues, desempeña dos funciones en el γμος, la de joven fértil y la de un simple objeto. Su sexualidad se pone de relieve a través de su adorno y alude a la próxima consumación del matrimonio.


El novio, por su parte, vestiría un himatión blanco, iría coronado con una guirnalda de sésamo o de cualquier otra planta que simbolice fertilidad y se perfumaría con mirra (Oakley y Sinos, Wedding in Ancient Athens, 16):


νν δ'μεναων γος ντπαλος λευκν τε ππλων μλανες στολμοπμπουσ μ'σω λκτρων κοτας ς ρμους


Pero ahora, el lamento que sirve de contrapeso a los cantos nupciales, y los negros vestidos, que reemplazan a los blancos peplos, me llevan hasta un lecho desierto y no hasta los tálamos (Eurípides, Alcestis 920)

Antes del banquete, se celebraba un sacrificio (que algunos estudiosos, como vimos en el artículo anterior, identifican con las προτλεια) dirigido a los dioses protectores del matrimonio: Zeus Teleios, Hera Teleia, Afrodita, Peitho y Artemisa, para que favoreciesen la fecundidad de la unión.

El banquete nupcial (θονη γαμικ), del que Charo nos habla ampliamente esta semana, tenía lugar normalmente, como ya se ha dicho, en casa del padre de la novia. Había un encargado (τραπεζοποις) que se preocupaba de que todo estuviese preparado y daba las órdenes oportunas para que el banquete discurriese con normalidad. En un fragmento de una comedia ática, Anakalyptoméne de Evangelos, un personaje da las órdenes para un banquete de boda: Es necesario que el banquete sea copioso y que no falte nada; queremos que la boda sea brillante. Una de las mujeres de la casa, que adopta el papel de demiurgo, la misma que debe supervisar los preparativos del sacrificio, prepara un plato tradicional para ofrecerlo a los invitados: pasteles de sésamo (πλακος γαμικς), símbolo de fecundidad. Se disponen las mesas siguiendo un orden prescrito. En el pasaje de Anakalyptoméne de Evangelos que se ha citado, se hace mención de cuatro mesas destinadas a las mujeres y de otras seis reservadas para los hombres. Aunque parece que hombres y mujeres comían por separado, al menos eso es lo que se infiere del siguiente pasaje de Ifigenia en Áulide cuando Clitemnestra le pregunta a su marido:

μες δ θονην πο γυναιξ θσομεν;

Y las mujeres, ¿dónde tenemos nuestro banquete? (Eurípides, Ifigenia en Áulide, 723-724)

Cuando los invitados habían tomado sitio, la νυμφετρια introducía en la sala del banquete a la joven esposa, con el rostro cubierto por el velo, y la sentaba entre las mujeres, de donde se deduce que los novios permanecían separados, sentados cada uno entre sus familiares. Entre los invitados se paseaba un niño (μφιθαλς πας: niño que crece rodeado de su padre y de su madre) portando bellotas y ramas de roble y una cesta con pan, que ofrecía a los presentes, y recitando: he huido de lo malo, he encontrado lo mejor. Según Reeder, Ellen Women and Men in Classical Greece» En Pandora: Women in Classical Greece), esta frase, ligada a la ceremonia del matrimonio, parece indicar ese tránsito de la condición de soltera a la de casada, reflejo de otra transición: la de una sociedad agrícola a otra no agrícola, es decir, a la civilización.

Al final del banquete tenía lugar la ceremonia del νακαλυπτριον. Momento en que la joven novia, que había asistido a su propio banquete con el rostro cubierto por el velo, se descubría por primera vez en presencia de los hombres. Ya hemos apuntado antes un cierto desacuerdo con respecto a cuándo se llevaba a cabo esta ceremonia, pero, según M. Caillemer y M. Deubner, debió haber sido después del banquete y antes de la formación del cortejo que debía acompañar a la novia hasta la casa del marido. Este acto significaba que el matrimonio era ya oficial y estaba consagrado. Era el momento en que el novio ofrecía a la novia sus regalos, los νακαλυπτρια δρα. Se entonaban entonces las canciones e himnos de boda, invocando a Himeneo, y que acompañarían a los novios durante el trayecto a su nueva casa y a lo largo de la noche. Estos himnos debían ser fácilmente reconocibles por todos:

ατρ θεος οιδς χων φρμιγγα λγειαν μιν γεσθω φιλοπαγμονος ρχηθμοο, ς κν τις φαη γμον μμεναι κτς κοων, ν'δν στεχων, ο περιναιετουσι·

y acto seguido el divinal aedo, tomando la sonora cítara, nos guiará en la alegre danza; de suerte que, en oyéndolo desde fuera algún transeúnte o vecino, piense que son las nupcias lo que celebramos (Homero, La Odisea XXIII 133-136)

Lamentablemente, los estudiosos modernos tienen gran dificultad para reconstruir las palabras y los sonidos del Himeneo. Rebecca H. Hague, «Ancient Greek Wedding Songs: The Tradition of Praise», Journal of Folklore Research 20 (1983): 132, afirma que la canción de boda se cantaba en todo el ritual y reflejaba las diferentes etapas de la ceremonia adoptando diversas variaciones. Todas las canciones eran similares y solían comparar a los novios con un ser divino o una idea. Por ejemplo, a menudo la belleza de la novia se compara con la de Helena o Afrodita y el valor del novio con el de Aquiles o Ares. Los participantes en la boda también se comparan a menudo con plantas y frutas, tales como un ciprés o una manzana. Esto sería una comparación apta para invocar la fertilidad. Aunque no pueden identificarse las letras de las canciones de boda, muchas de las obras existentes de autores antiguos parecen imitarla en su forma. Contamos, por ejemplo, con muchos fragmentos de la poesía de Safo que parecen basados en ese tipo de canciones:

Τίῳ σ', φλε γμβρε, κλως ϊκσδω; /ρπακι βραδν σε κλιστ'ϊκσδω.

¿Con qué podré compararte, esposo? /Con un esbelto y tierno junco (Safo, fragmento 117)

ψοι δ τ μέλαθρον έρρετε, τέχτονες νδρες, /— μήναον — /γαμβρός (γρ θαλάμοις) εσέρχεται σος Αρευι· /(ο μάν σάθεος,) μεγάλω (δ') νδρός πολύ μείζων /(— μήναον —)

Más alto levanten el techo, carpinteros. /¡Oh Himeneo! /Porque el novio que entra al tálamo semejante es a Ares./No igual a un Dios, sino mucho más grande que cualquier hombre./¡Oh Himeneo! (Safo, fragmento 110)

λβιε γαμβρέ, σοι μν δ γάμος, ς φιπαο /χτετίλεστ', χης δΐ πάρθενον τ ναραο τ

Oh esposo afortunado: se realizaron las nupcias que deseabas./Tienes ya la muchacha de tus deseos (Safo, fragmento 106)

χαίρε (.) νόμφα, τίμιε γαμβρέ, πολλά

¡Felicidades. . . novia! ¡Muchas felicidades, noble novio! (Safo, fragmento, 107)

Así, con canciones de alabanza, la fiesta daba paso al siguiente ritual del matrimonio, la procesión de la boda.

4 comentaris:

Charo Marco ha dit...

Benvolguda Lluïsa, un article excel·lent.

Ha estat un plaer treballar amb tú

Moltes gràcies

Besets

Amparo Moreno ha dit...

Un gran trabajo Lluïsa! Enhorabuena

Lluïsa ha dit...

El plaer ha sigut meu, Charo
Gràcies a tu.
Besets

Lluïsa ha dit...

Gracias, Amparo, por el comentario. Es una gran satisfacción para mí que me animeis así.

Un beso