dilluns, 1 de març de 2010

INFANTIA I: INTRODUCCIÓN. NACIMIENTO


El período comprendido entre el nacimiento y los 7 años de edad recibía en Roma el nombre de Infantia. Infans era aquél que no hablaba (in-fari) o que era incapaz de construir un discurso lógico y bien estructurado. A partir de los 7 años, se entraba en la Pueritia.

En Roma, como en prácticamente todas las culturas y civilizaciones, existía un cuidadoso ritual alrededor del nacimiento y los primeros años de vida. El recién nacido representaba el miembro más débil de la unidad familiar y como tal debía ser objeto de cuidados y mimos. Es por esto que, como iremos viendo, había todo un séquito de divinidades protegiendo al bebé en todas las facetas y aspectos de su vida. A esto se suma el hecho de que las primeras semanas de vida eran cruciales para su supervivencia, dada la elevada tasa de mortalidad durante ese período, aunque éste no era el único obstáculo que un recién nacido debía salvar.

Ese cuidado que rodeaba el mundo de la infancia se observa ya en el mito «construido» alrededor de su procedencia. En nuestra cultura, los niños vienen de París o los trae la cigüeña, para los romanos procedían del bosque sagrado de Juno, concretamente de Juno Lucina, protectora del parto y, junto a Hércules, de la infancia. Nos lo cuenta Ovidio, Fasti II, 428 y ss:


nam fuit illa dies, dura cum sorte maritae

reddebant uteri pignora rara sui. 430

'quid mihi' clamabat 'prodest rapuisse Sabinas'

Romulus (hoc illo sceptra tenente fuit),

'si mea non vires, sed bellum iniuria fecit?

utilius fuerat non habuisse nurus.'

monte sub Esquilio multis incaeduus annis 435

Iunonis magnae nomine lucus erat.

huc ubi venerunt, pariter nuptaeque virique

suppliciter posito procubuere genu:

cum subito motae tremuere cacumina silvae,

et dea per lucos mira locuta suos. 440

'Italidas matres' inquit 'sacer hircus inito.'

obstipuit dubio territa turba sono.

augur erat, nomen longis intercidit annis:

nuper ab Etrusca venerat exul humo;

ille caprum mactat: iussae sua terga puellae 445

pellibus exsectis percutienda dabant.

luna resumebat decimo nova cornua motu,

virque pater subito nuptaque mater erat.

gratia Lucinae: dedit haec tibi nomina lucus,

aut quia principium tu, dea, lucis habes. 450

parce, precor, gravidis, facilis Lucina, puellis,

maturumque utero molliter aufer onus.


Hubo una época en que, por un aciago destino, las esposas no daban a sus maridos más que extraños testimonios de su fecundidad. « ¿De qué me sirve haber raptado a las sabinas -exclama Rómulo (pues esto sucedía durante su reinado)- si el ultraje que cometí no nos ha proporcionado nuevos hombres, sino que ha traído la guerra? Hubiera sido más provechoso no haber traído mujeres»

Al pie del Esquilino, y desde tiempos remotos respetado por el hacha, había un bosque sagrado bajo la advocación de la gran Juno. Nada más llegar a este lugar, esposas y maridos a un tiempo se prosternaron en actitud de súplica. Cuando, de repente, las copas de los árboles, agitadas, comenzaron a estremecerse, y la diosa, a través de su bosque sagrado, dejó oír estas extrañas palabras: «Que el sagrado macho cabrío–dijo- penetre a las matronas itálicas»

La multitud, aterrorizada, quedó atónita por el dudoso significado de aquellas palabras. Estaba presente un augur (su nombre, después de tanto tiempo ha caído en el olvido) que hacía poco que había llegado exiliado de tierra etrusca. Éste sacrificó un macho cabrío. Por orden suya, las jóvenes ofrecieron sus espaldas para ser golpeadas con las correas cortadas de la piel de la víctima sacrificada. En su decena revolución, la luna renovaba los cuernos de su creciente cuando, de repente, el marido se ve convertido en padre y la esposa, en madre. ¡Gracias a Lucina! Tal nombre te confirió el bosque sagrado; o quizá recibas tal calificativo, porque tú, diosa, eres el origen de la luz. Ampara, benévola Lucina, te lo ruego, a las mujeres encinta, y extrae suavemente de su seno el fruto ya maduro.


Las copas de los árboles sagrados estaban repletas de nidos con niños para que las mujeres que allí acudieran pudiesen elegir el suyo.


En este bosque se erigiría, en el año 375 aC, un templo en honor de Juno Lucina. El natalis de su construcción se celebraba el día 1 de marzo con la festividad de las Matronalia. Por disposición de Servio Tulio, en este templo se depositaba una moneda por cada recién nacido.

Comentábamos más arriba que el bebé debía superar varios obstáculos antes de ser un miembro más de la comunidad. De hecho, podrían diferenciarse tres fases:


· Nacimiento: con gran riesgo de su vida y de la de su madre, el niño deja el mundo invisible que supone el vientre materno y entra en el mundo de los vivos.

· Aceptación: se trata de la aceptación, o no, por parte del paterfamilias, después de lo cual recibirá, por fin, las primeras curas y cuidados.

· Entrada en la comunidad: con la celebración del Dies Lustricus, el recién nacido entrará a formar parte de la comunidad como miembro de pleno derecho.


Nacimiento


Los niños nacían en casa. La madre era asistida por el resto de las mujeres de la casa, por las vecinas o por una comadrona, al mismo tiempo que se invocaba a la diosa Juno Lucina para que facilitara el alumbramiento. Sabemos que se utilizaba una silla obstétrica, propiedad de la comadrona, en la que la futura madre se sentaba completamente desnuda y con los cabellos sueltos, evitando así que cualquier nudo imposibilitara un buen nacimiento. Sobre esto Ovidio, Fasti III, 258, dice:


Si alguna se encuentra encinta, que levante sus plegarias después de soltarse el cabello, para que Juno Lucina le suelte también dulcemente el fruto de sus entrañas.



Según M.A. Marcos Casquero, se trata de un principio de magia simpática. Siendo Juno Lucina la protectora de los partos, su ritual exige que las mujeres, especialmente las embarazadas, no lleven nada que esté atado. Eso redundará en un parto fácil, en el que el recién nacido se desatará sin dificultad de su madre, a la que está atado por el cordón umbilical.


El bebé recibía el nombre de PUPUS hasta que, en el Dies Lustricus, se le imponía el nombre oficial.



El recién nacido era entonces examinado por la comadrona:


1- Observaba el sexo, que era anunciado a las presentes por medio de signos.

2- Cortaba el cordón umbilical. Los médicos antiguos recomendaban un cuchillo bien afilado, pero las comadronas preferían no utilizar ningún instrumento metálico por considerar que podía provocarse la muerte involuntaria y violenta del niño. Así, utilizaban otros medios: un trozo de vidrio o de cerámica, una caña o una corteza de pan duro. Finalmente, el cordón umbilical se ataba con un trozo de hilo de lana.

3- Colocaba al niño en el suelo para observar si era un bebé sano: con qué fuerza lloraba al entrar en contacto con el suelo frío, si presentaba anomalías físicas, si flexionaba bien las extremidades, si tenía todos los dedos…

4- Si el recién nacido tenía vigor y fuerza física, era preparado para ser presentado al paterfamilias


2 comentaris:

Álvaro P. Vilariño ha dit...

Que gran trabajo estás haciendo en este blog...
Y que atrás nos queda ya el libro de texto...
No hay ninguno que proporcione una información tan pormenorizada y con tantas citas de autores clásicos como hacéis vosotros.
Enhorabuena!
Os pido permiso para traducirlo al gallego y usarlo en mis clases. Citado la fuente, por supuesto.
pd: y esperando ansioso que publiquéis la segunda parte

Lluïsa ha dit...

Te estamos muy agradecidas, Álvaro, porque, de verdad, tus palabras son muy amables. Por supuesto que tienes el permiso, es más, no necesitas pedirlo. Adelante y ya nos dirás qué tal te quedó en clase.
Un saludo