dissabte, 24 maig de 2008

Quid est ergo tempus?

Os dejo este fragmento de Las Confesiones de San Agustín para pensar un rato...


¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si, pues, el presente, para ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito, ¿cómo deciros que existe éste, cuya causa o razón de ser está en dejar de ser, de tal modo que no podemos decir con verdad que existe el tiempo sino en cuanto tiende a no ser?

quid est ergo tempus? si nemo ex me quaerat, scio; si quaerenti explicare velim, nescio. fidenter tamen dico scire me quod, si nihil praeteriret, non esset praeteritum tempus, et si nihil adveniret, non esset futurum tempus, et si nihil esset, non esset praesens tempus. duo ergo illa tempora, praeteritum et futurum, quomodo sunt, quando et praeteritum iam non est et futurum nondum est? praesens autem si semper esset praesens nec in praeteritum transiret, non iam esset tempus, sed aeternitas. si ergo praesens, ut tempus sit, ideo fit, quia in praeteritum transit, quomodo et hoc esse dicimus, cui causa, ut sit, illa est, quia non erit, ut scilicet non vere dicamus tempus esse, nisi quia tendit non esse?

San Agustín, Confesiones XI, 14 17


Imagen: San Agustín y Santa Mónica (1846) por Ary Scheffer

dilluns, 12 maig de 2008

Mercuralia

Esta semana llega el 15 de mayo.....es la fiesta de nuestro Mercurio-Hermes!!.

Festo nos dice que los idus de Mayo eran un dia de fiesta para los comerciantes porque se celebraba la dedicación del templo de Mercurio, que por su sombre derivado de merx, mercis, mercadería es fundamentalmente dios de los mercaderes y vendedores, (aunque también lo es de los ladrones). Tito Livio II, 21 y 27, 5-7 añade que la dedicación del templo de Mercurio se realizó en los idus de mayo del 495 aC por el centurión M. Laetorio a quien el pueblo concedió este honor.

Por su parte Ovidio Fasti V, 663-692, tras invocar a Mercurio, al que identifica con Hermes, menciona sus principales atribuciones y nos relata el ritual que hacían los comerciantes ese día:


Asísteme, ilustre nieto de Atlas, tú, a quien antaño una Pléyade dio a luz como hijo de Júpiter allá, en los montes de Arcadia. Tú, que eres el árbitro de la paz y de la guerra tanto para los dioses del cielo como para los del infierno; tú, que recorres los caminos con alados pies; tú, a quien le agrada tañer la lira y a quien no menos deleita la palestra brillante. Tú, bajo cuyas enseñanzas la lengua aprende a hablar con elegancia: a ti, en esta fecha de los idus, los senadores te dedicaron un templo que da vista al Circo. Desde entonces este es el día de tu fiesta. Todo aquel cuya profesión es la venta de mercancías te suplica, mientras te ofrece incienso, que le proporciones buenas ganancias.

En los aledaños de la Puerta Capena hay una fuente de Mercurio dotada de poder divino, si damos crédito a quienes lo han experimentado. A ella acude el mercader: lleva su túnica remangada, se ha purificado, y toma agua en un cántaro que previamente ha purificado también mediante una fumigación. Moja una rama de laurel, y con ese laurel impregnado de agua hace una aspersión sobre todas las mercaderías que van a tener nuevos propietarios. Se asperge también sus propios cabellos con el chorreante laurel, y con voz acostumbrada a engañar pronuncia la siguiente plegaria:

‘Lava mis perjurios de pasados tiempos, lava mis mentirosas palabras de días ya pasados. Si te he puesto por testigo, si he invocado falsamente el poder divino e ineficaz de un Júpiter que no va a hacerme caso, si a sabiendas he tomado en vano el nombre de algún otro dios o diosa, que los rápidos vientos se lleven mis impías palabras, y que en este día que llega tengamos dispuestos nuevos perjurios: no tomen en cuenta los dioses si cometo alguno de ellos. Tú simplemente permíteme que me enriquezca, concédeme la alegría que proporciona el acumular riquezas y proporcióname la satisfacción de timar al comprador’.

Desde las alturas del cielo, Mercurio sonríe a quien le dirige semejantes súplicas, recordando cómo él mismo substrajo en una ocasión sus bueyes al dios de Ortigia.
La imagen es el Hermes de Xilxes de A. Ovando

Que nuestro amado Mercurio-Hermes siga guiándonos con sus aladas palabras desde Los sueños de Hermes


Bona Mercuralia omnibus!

dimarts, 6 maig de 2008

La Rosa de los Vientos

De los vientos, Vitruvio dice:

Según la opinión de algunos, los vientos son cuatro: del levante equinoccial, el Solano; del sur, el Austral; del oeste equinoccial, el Favonio y del norte, el Septentrión. Pero los autores que investigaron con más rigor nos dicen que los vientos son ocho […] Así, entre el Levante y el Austral, situó el Euro, que sopla desde el levante; entre el Austral y el Favonio, interpuso el Ábrego, que procede del suroeste; entre el Favonio y el Septentrión, el Cauro —que muchos llaman Coro—, y entre el Septentrión y el Levante, situó el Aquilón […]

Quizá no salgan de su asombro quienes hayan conocido muchos más nombres de vientos, dado que nosotros simplemente hemos hablado de ocho vientos. Ahora bien, si observan el giro de la Tierra siguiendo el curso del Sol y las sombras del gnomon equinoccial según la inclinación del cielo, ya Eratóstenes de Cirene, apoyándose en argumentos matemáticos y en métodos geométricos, descubrió que dicho giro mide 252.000 estadios, que equivalen a 31.500.000 pasos; ahora bien, la octava parte de este total, que es la que ocupa una clase concreta de viento, medirá 3.937.500 pasos, por lo que no deberán asombrarse si un solo viento, al propagarse en un espacio tan amplio, logra diversas orientaciones en su dirección, al desviarse y al replegarse. Así pues, a la derecha e izquierda del Austro normalmente soplan el Leuconoto y el Altano; a la derecha e izquierda del Áfrico, el Libonoto y el Subvespero; acompañando al Favonio suele soplar el Argestes (viento de poniente) y, en ocasiones, los vientos etesios; junto al Cauro, el Circias y el Coro; el Septentrión sopla acompañado con el viento de Tracia y el Gálico; a derecha e izquierda del Aquilón, el viento del Adriático y el Cecias; al viento Solano lo acompañan el Carbas y, en ocasiones, el Omitias (vientos septentrionales); cuando el Euro ocupa la parte intermedia, a sus lados soplan el Eurocircias y el Volturno.

Todavía se dan otros muchos nombres a los vientos que proceden de ciertos lugares muy concretos, o bien de los ríos o de los montes castigados por las tormentas. Además, podemos enumerar también a las brisas del amanecer cuando el Sol, emergiendo desde la parte subterránea, va absorbiendo la humedad del aire; al irse elevando el Sol, con sus rayos paulatinamente hace brotar las brisas con el viento prematutino. [...]

Vitruvio, De Architectura I, 6

Séneca, por su parte, en Cuestiones Naturales, V, 16-17, dice sobre los vientos:

XVI. Pero vuelvo a la cuestión de que tratamos: los vientos son cuatro, divididos en Levante, Poniente, Mediodía y Septentrión. Todos los demás, calificados con nombres tan diferentes, están contenidos en estos cuatro.

Eurus ad auroram Nabat hoeaque regna recessit,
Persidaque, et radiis juga subdita matutinis.
Vesper et occiduo quoe, litora sole tepescunt,
Proxima sunt Zaphiro. Scythiam septemque triones
Horrifer invasit Boreas. Contraria tellus
Nubibus assiduis, pluvioque madescit ab Austro (32).

O enumerándolos en menos palabras, congrégalos, lo cual es de todo punto imposible, en una sola tempestad:

Una Eurusque Notusque ruunt, creberque procellis
Africus(33),

y también el cuarto, el Aquilón, aunque no tomase parte en la lucha. Otros cuentan doce vientos, subdividiendo en tres cada parte del cielo y añadiendo a cada viento dos subalternos. Este es el orden que establece el juicioso Varrón, orden que está muy justificado; porque el sol no sale ni se oculta siempre por los mismos puntos. En el equinoccio, que tiene lugar dos veces al año, su salida y ocaso no es igual a los del solsticio de invierno o al del verano. El viento que sopla del Oriente equinoccial, se llama entre nosotros Subsolano, y los Griegos le dan el nombre de Apeliotes. Del Oriente de invierno sopla el Euro, al que llamamos Vulturno […] Varrón le aplica también el mismo nombre. Pero el Euro ha obtenido ya el derecho de ciudadanía y no interviene en nuestro idioma como extranjero. Del Oriente solsticial viene el que los Griegos llaman Kaikías y que entre nosotros no tiene nombre. El Occidente equinoccial nos manda el Favonio, que hasta los que ignoran el griego te dirán se llama Zéfiro. El Occidente solsticial da origen al Corus, al que algunos llaman Argestes, lo que no me parece exacto; porque el Corus es viento fuerte que no tiene más que una dirección, mientras que el Argestes es de ordinario suave, y es sensible para los que van como para los que vuelven. Del Occidente de invierno viene el Áfrico, viento furioso y rápido al que los Griegos llaman Lips. Del lado septentrional del mundo, de la parte más elevada, sopla el Aquilón; de la que ocupa el medio, el Septentrión, y de la más baja, el Tracio. Éste carece de nombre entre nosotros. En el Mediodía se forma el Euronoto, el Noto, llamado en latín Auster, y el Libonoto, que no tiene nombre en nuestra lengua.

XVII. Acepto esta división en doce vientos, no porque existen siempre tantos, puesto que la inclinación de las tierras excluye con frecuencia algunos, sino porque en ninguna parte hay más: de la misma manera que cuando decimos que hay seis casos, no es porque todo nombre tenga seis casos, sino porque ninguno tiene más de seis. Los que han sostenido que hay doce vientos se fundan en análoga división del cielo. El cielo se divide en cinco círculos que pasan por el eje del mundo. Estos son, el septentrional, el solsticial, el equinoccial, el brumal y el opuesto al septentrional. Añádase el sexto que separa la región superior del cielo de la inferior […] Debe añadirse a estos círculos el meridiano, que corta el horizonte en ángulos rectos. Algunos círculos de éstos corren transversalmente y cortan los otros en su encuentro, y necesariamente las divisiones del cielo han de ser tantas como estas intersecciones. Así, pues, el horizonte o círculo terminal, al cortar los cinco círculos que he mencionado, forma diez partes, cinco al Oriente y cinco al Occidente. El meridiano, que también corta al horizonte, da dos regiones más. Resulta, por tanto, que el aire admite doce divisiones y produce en consecuencia otros tantos vientos. Algunos son peculiares de determinadas comarcas y no salen de ellas, o no pasan de las inmediaciones. Estos no soplan de las partes laterales del mundo […]

Así, la Rosa de los vientos quedaría conformada de la siguiente manera, según Vitruvio:

Punto cardinal

Norte

Sur

Este

Oeste

Viento

Septentrión

Auster/Austro

Solano

Favonio

Punto cardinal

Noroeste

Noreste

Sureste

Suroeste

Viento

Cauro

Aquilón

Euro

Ábrego/Áfrico

Punto cardinal

Nornoroeste

Nornoreste

Sursureste

Sursuroeste

Viento

Thracias

Gálico

Leuconoto

Altano

Punto cardinal

Oestenoroeste

Estenoreste

Estesureste

Oestesuroeste

Viento

Etesios

Carbas

Omitías

Argestes


Según Séneca, en cambio:

Punto cardinal

Norte

Sur

Este

Oeste

Viento

Septentrión

Mediodía/Auster

Levante/Subsolano

Poniente/Favonio

Punto cardinal

Noroeste

Noreste

Sureste

Suroeste

Viento

Cauro/Argestes

Kaikías

Euro/Vulturno

Ábrego/Áfrico

Punto cardinal

Nornoroeste

Nornoreste

Sursureste

Sursuroeste

Viento

Tracio

Aquilón

Euronoto

Libonoto


Entre los griegos, los vientos, tal y como aparecen distribuidos en la Torre de los Vientos, conformarían el siguiente cuadro:

Punto cardinal

Norte

Sur

Este

Oeste

Viento

Bóreas

Notos

Apeliotes

Céfiro

Punto cardinal

Noroeste

Noreste

Sureste

Suroeste

Viento

Skirón

Kaikías

Euros

Lips


Que nadie dude que el viento que nos visitó los últimos días de los Ludi Saguntini fue el Céfiro o el Favonio o el Poniente. Y para acabar este periplo por todos los puntos cardinales, aquí os dejo una preciosa canción de Enya, Afer Ventus.