diumenge, 19 d’octubre de 2008

ÁNEMOI

Los vientos, entendidos como energía, desempeñan un papel importante en los mitos, en los que en muchas ocasiones han sido protagonistas, de las primeras civilizaciones. Desde la civilización sumeria a la romana, representaban una de las fuerzas primarias y elementales de la naturaleza.

Dado que el pensamiento griego consideraba que las fuerzas de la naturaleza no debían estar dominadas por los hombres, la civilización griega otorgó a los vientos carácter divino y les concedió personalidades propias. Convertidos, así, en dioses-viento, a algunos de ellos se les llegó a rendir culto, sobre todo por parte de agricultores y navegantes. De ahí, probablemente, el desinterés inicial por las aplicaciones tecnológicas con los vientos como energía y principio motor, a pesar del gran desarrollo científico y filosófico de la civilización helena.

Sí fueron, sin embargo, conocidos y fuertemente respetados en el arte de la navegación, lo que permitió a Grecia ser una gran potencia en el mar. Episodios que lo demuestran hay muchos en la literatura griega, baste recordar la espera de Agamenón para salir hacia Troya (y las consecuencias que tuvo) y el frustrante retorno de Odiseo a Ítaca.

Los principales vientos, que no los únicos, son ocho, que se identifican con los ocho puntos cardinales: Norte, Sur, Este, Oeste, Nordeste, Noroeste, Sureste y Suroeste.

Bóreas (Norte)

Dios del Viento del Norte. Vive en Tracia, que, para Grecia, es el país frío por excelencia. Es hijo de Eos y Astreo, hermano de Zephyros y Notos. Pertenece, pues, a la estirpe de los Titanes, seres que personifican las fuerzas elementales de la Naturaleza. Tenía un templo en Atenas, en la orilla del rio Iliso, y cada año los atenienses celebraban fiestas en su honor: las Borcasmas. Se le representa iconográficamente como un hombre alado, viejo y con barba, de cabellos duros y ásperos, vestido con túnica, calzado con coturnos hasta media pierna y llevando en la mano un Caracol de Mar a través del cual sopla el aire frío, haciendo el ruido característico del viento.


Notos (Sur)

Notos es el dios del Viento del Sur, cálido y cargado de humedad. Es hijo de Eos y de Cetreo y, por tanto, hermano de Boreas y Zephyros. Ovidio lo muestra de elevada estatura, viejo, con los cabellos blancos, de aspecto tétrico y una tela atada alrededor de su cabeza, mientras el agua gotea desde todas las partes de sus vestidos. Juvenal, en cambio, lo representa en la Caverna de Eolo con los rasgos de un hombre alado, robusto y completamente desnudo. Marcha sobre las nubes, sopla con las mejillas infladas para evidenciar su violencia y lleva una regadera en la mano para anunciar que casi siempre trae lluvias.
En Teogonia, v.869 ss., Notos destaca entre los vientos de gran beneficio para los hombres, lejos de las ráfagas desenfrenadas y malignas, engendros de Tifeo, que arrasan a los navegantes y las cosechas.

Dant maria et lenis crepitans vocat Auster in altum (Aen. III, 70)

Creber et aspirans rursus vocat Auster in altum (Aen. V, 764)

Apeliotes (Este)

Apeliotes es el dios del Viento del Este, hijo de Eos y Astreo. Él es el encargado de hacer soplar el viento que madura los frutos. Se decía que vivía cerca del palacio de Helios, hacia el Oriente, y, por ello, se le conoce también como «el viento cruzado», porque va guiando los rayos del sol. Iconográficamente se le representa como un hombre alado, joven, sin barba, completamente vestido con una túnica, con coturnos, y llevando en las manos parte de un manto dentro del cual hay una gran cantidad de frutos y cereales. En la mitología, a veces hay confusiones frecuentes entre el dios viento Apeliotes y el dios viento Euros: hay quien atribuye a Apeliotes, no la dirección Este de la rosa náutica, sino la dirección Nordeste, quedando, entonces, la dirección Este para el dios Euros.

Zephyros (Oeste)


Zephyros es el dios del Viento del Oeste, hijo también de Eos y Astreo. Los poetas griegos y latinos lo han honrado porque llevaba el fresco a las zonas cálidas que ellos habitaban. Su soplo, dulce y poderoso al mismo tiempo, da vida a la Naturaleza. Los griegos le suponían esposo de Cloris y los romanos, de la diosa Flora. Los poetas lo describen como un joven de fisonomía dulce y serena con alas de mariposa y una corona hecha de toda clase de flores. Se le representaba a través del espacio con una gracia y una ligereza aérea y llevando en la mano una cesta llena de las flores más bonitas de la Primavera.

Kaikias (Nordeste)

Kaikias es el dios del Viento del Nordeste, hijo de Eos y Astreo, y el encargado de lanzar granizo, que lleva dentro de un escudo que sostiene en sus manos, sobre todos los que se encuentran debajo de él. Se le representa como un hombre alado, viejo, con barba, completamente vestido con túnica y descalzo.



Skiron (Noroeste)

Es el dios del Viento del Noroeste, hijo de Astreo y de Eos. Por ser un viento frío y seco, se le asocia directamente con el inicio del invierno. Iconográficamente se le representa como un hombre alado, viejo y barbudo, con los cabellos desordenados, completamente vestido con túnica y calzando coturnos. Lleva entre sus brazos un vaso de bronce del que saca cenizas ardientes.

Euros (Sudeste)


Euros es el dios del Viento del Sudeste. Hijo de Eos y de Astreo, o tal vez de Tifón. Es el hijo preferido de Eos, viene de Oriente y vuela con los caballos de su madre. Horacio lo describe como un dios impetuoso y Valerio Flaco como un dios desgraciado por las tempestades que ha ocasionado. Los modernos, en cambio, lo representan como un joven alado, más calmado y dulce, que por donde pasa va sembrando flores.


Lips (Sudoeste)


Es el dios del Viento del Sudoeste, hijo de Astreo y de Eos. Lleva en las manos la popa de un barco en actitud de ir dirigiendo uno él mismo. Se le representa como un hombre alado, muy joven, sin barba, vestido con túnica y descalzo, sosteniendo entre sus manos el timón de una nave. Su función dentro de la mitología griega no está muy definida.

Una de las primeras aplicaciones tecnológicas de los vientos son los molinos hidráulicos, cuya existencia documenta Antípatro de Salónica en el siglo I a.C. al hablar de las ruedas hidráulicas. A pesar de que Vitruvio, los cita en su obra De architectura, los romanos no los utilizaron con demasiada frecuencia. Ello se debía a la abundancia de la mano de obra esclava, que suplía a las aplicaciones técnicas y a las fuentes de energía (precisamente fue la desaparición de la esclavitud lo que hizo que los molinos hidráulicos comenzaran a utilizarse en los siglos IV y V) No es, sin embargo, ésta la única aplicación técnica: Herón de Alejandría, en el siglo II d.C., crea una máquina neumática conocida como el Auneriom, que giraba impulsada por la fuerza del viento, y que debía su movimiento a un rotor de eje horizontal, parecido a los molinos mediterráneos y, en general, a los europeos.

Los vientos no sólo han inspirado a la técnica creando ingenios que nos facilitan la vida, sino que, en otro orden de cosas, han alimentado también nuestro espíritu: los encontramos en la literatura, en el arte... Y ayer me sorprendí cuando encontré que también han servido de inspiración a un locutor de radio argentino, Alejandro Dolina, que con mucho ingenio relata el mito que relaciona a Eolo con los vientos y con Odiseo. Lo podéis oír aquí. Según él, además, hay un tango de Gardel cuya letra fue inspirada por el mito del retorno de Odiseo a su hogar. Ese tango es Volver y aquí os dejo la letra. Juzgad vosotros mismos si hay o no un referente.