Esta semana llega el 15 de mayo.....es la fiesta de nuestro Mercurio-Hermes!!.
Festo nos dice que los idus de Mayo eran un dia de fiesta para los comerciantes porque se celebraba la dedicación del templo de Mercurio, que por su sombrederivado de merx, mercis, ‘mercadería es fundamentalmente dios de los mercaderes y vendedores, (aunque también lo es de los ladrones). Tito Livio II, 21 y 27, 5-7 añade que la dedicación del templo de Mercurio se realizó en los idus de mayo del 495 aC por el centurión M. Laetorio a quien el pueblo concedió este honor.
Por su parte Ovidio Fasti V, 663-692, tras invocar a Mercurio, al que identifica con Hermes, menciona sus principales atribuciones y nos relata el ritual que hacían los comerciantes ese día:
Asísteme, ilustre nieto de Atlas, tú, a quien antaño una Pléyade dio a luz como hijo de Júpiter allá, en los montes de Arcadia. Tú, que eres el árbitro de la paz y de la guerra tanto para los dioses del cielo como para los del infierno; tú, que recorres los caminos con alados pies; tú, a quien le agrada tañer la lira y a quien no menos deleita la palestra brillante. Tú, bajo cuyas enseñanzas la lengua aprende a hablar con elegancia: a ti, en esta fecha de los idus, los senadores te dedicaron un templo que da vista al Circo. Desde entonces este es el día de tu fiesta. Todo aquel cuya profesión es la venta de mercancías te suplica, mientras te ofrece incienso, que le proporciones buenas ganancias.
En los aledaños de la Puerta Capena hay una fuente de Mercurio dotada de poder divino, si damos crédito a quienes lo han experimentado. A ella acude el mercader: lleva su túnica remangada, se ha purificado, y toma agua en un cántaro que previamente ha purificado también mediante una fumigación. Moja una rama de laurel, y con ese laurel impregnado de agua hace una aspersión sobre todas las mercaderías que van a tener nuevos propietarios. Se asperge también sus propios cabellos con el chorreante laurel, y con voz acostumbrada a engañar pronuncia la siguiente plegaria:
‘Lava mis perjurios de pasados tiempos, lava mis mentirosas palabras de días ya pasados. Si te he puesto por testigo, si he invocado falsamente el poder divino e ineficaz de un Júpiter que no va a hacerme caso, si a sabiendas he tomado en vano el nombre de algún otro dios o diosa, que los rápidos vientos se lleven mis impías palabras, y que en este día que llega tengamos dispuestos nuevos perjurios: no tomen en cuenta los dioses si cometo alguno de ellos. Tú simplemente permíteme que me enriquezca, concédeme la alegría que proporciona el acumular riquezas y proporcióname la satisfacción de timar al comprador’.
Desde las alturas del cielo, Mercurio sonríe a quien le dirige semejantes súplicas, recordando cómo él mismo substrajo en una ocasión sus bueyes al dios de Ortigia.
Según la opinión de algunos, los vientos son cuatro: del levante equinoccial, el Solano; del sur, el Austral; del oeste equinoccial, el Favonio y del norte, el Septentrión. Pero los autores que investigaron con más rigor nos dicen que los vientos son ocho […] Así, entre el Levante y el Austral, situó el Euro, que sopla desde el levante; entre el Austral y el Favonio, interpuso el Ábrego, que procede del suroeste; entre el Favonio y el Septentrión, el Cauro —que muchos llaman Coro—, y entre el Septentrión y el Levante, situó el Aquilón […]
Quizá no salgan de su asombro quienes hayan conocido muchos más nombres de vientos, dado que nosotros simplemente hemos hablado de ocho vientos. Ahora bien, si observan el giro de la Tierra siguiendo el curso del Sol y las sombras del gnomon equinoccial según la inclinación del cielo, ya Eratóstenes de Cirene, apoyándose en argumentos matemáticos y en métodos geométricos, descubrió que dicho giro mide 252.000 estadios, que equivalen a 31.500.000 pasos; ahora bien, la octava parte de este total, que es la que ocupa una clase concreta de viento, medirá 3.937.500 pasos, por lo que no deberán asombrarse si un solo viento, al propagarse en un espacio tan amplio, logra diversas orientaciones en su dirección, al desviarse y al replegarse. Así pues, a la derecha e izquierda del Austro normalmente soplan el Leuconoto y el Altano; a la derecha e izquierda del Áfrico, el Libonoto y el Subvespero; acompañando al Favonio suele soplar el Argestes (viento de poniente) y, en ocasiones, los vientos etesios; junto al Cauro, el Circias y el Coro; el Septentrión sopla acompañado con el viento de Tracia y el Gálico; a derecha e izquierda del Aquilón, el viento del Adriático y el Cecias; al viento Solano lo acompañan el Carbas y, en ocasiones, el Omitias (vientos septentrionales); cuando el Euro ocupa la parte intermedia, a sus lados soplan el Eurocircias y el Volturno.
Todavía se dan otros muchos nombres a los vientos que proceden de ciertos lugares muy concretos, o bien de los ríos o de los montes castigados por las tormentas. Además, podemos enumerar también a las brisas del amanecer cuando el Sol, emergiendo desde la parte subterránea, va absorbiendo la humedad del aire; al irse elevando el Sol, con sus rayos paulatinamente hace brotar las brisas con el viento prematutino. [...]
XVI. Pero vuelvo a la cuestión de que tratamos: los vientos son cuatro, divididos en Levante, Poniente, Mediodía y Septentrión. Todos los demás, calificados con nombres tan diferentes, están contenidos en estos cuatro.
Eurus ad auroram Nabat hoeaque regna recessit, Persidaque, et radiis juga subdita matutinis. Vesper et occiduo quoe, litora sole tepescunt, Proxima sunt Zaphiro. Scythiam septemque triones Horrifer invasit Boreas. Contraria tellus Nubibus assiduis, pluvioque madescit ab Austro (32).
O enumerándolos en menos palabras, congrégalos, lo cual es de todo punto imposible, en una sola tempestad:
Una Eurusque Notusque ruunt, creberque procellis Africus(33),
y también el cuarto, el Aquilón, aunque no tomase parte en la lucha. Otros cuentan doce vientos, subdividiendo en tres cada parte del cielo y añadiendo a cada viento dos subalternos. Este es el orden que establece el juicioso Varrón, orden que está muy justificado; porque el sol no sale ni se oculta siempre por los mismos puntos. En el equinoccio, que tiene lugar dos veces al año, su salida y ocaso no es igual a los del solsticio de invierno o al del verano. El viento que sopla del Oriente equinoccial, se llama entre nosotros Subsolano, y los Griegos le dan el nombre de Apeliotes. Del Oriente de invierno sopla el Euro, al que llamamos Vulturno […] Varrón le aplica también el mismo nombre. Pero el Euro ha obtenido ya el derecho de ciudadanía y no interviene en nuestro idioma como extranjero. Del Oriente solsticial viene el que los Griegos llaman Kaikías y que entre nosotros no tiene nombre. El Occidente equinoccial nos manda el Favonio, que hasta los que ignoran el griego te dirán se llama Zéfiro. El Occidente solsticial da origen al Corus, al que algunos llaman Argestes, lo que no me parece exacto; porque el Corus es viento fuerte que no tiene más que una dirección, mientras que el Argestes es de ordinario suave, y es sensible para los que van como para los que vuelven. Del Occidente de invierno viene el Áfrico, viento furioso y rápido al que los Griegos llaman Lips. Del lado septentrional del mundo, de la parte más elevada, sopla el Aquilón; de la que ocupa el medio, el Septentrión, y de la más baja, el Tracio. Éste carece de nombre entre nosotros. En el Mediodía se forma el Euronoto, el Noto, llamado en latín Auster, y el Libonoto, que no tiene nombre en nuestra lengua.
XVII. Acepto esta división en doce vientos, no porque existen siempre tantos, puesto que la inclinación de las tierras excluye con frecuencia algunos, sino porque en ninguna parte hay más: de la misma manera que cuando decimos que hay seis casos, no es porque todo nombre tenga seis casos, sino porque ninguno tiene más de seis. Los que han sostenido que hay doce vientos se fundan en análoga división del cielo. El cielo se divide en cinco círculos que pasan por el eje del mundo. Estos son, el septentrional, el solsticial, el equinoccial, el brumal y el opuesto al septentrional. Añádase el sexto que separa la región superior del cielo de la inferior […] Debe añadirse a estos círculos el meridiano, que corta el horizonte en ángulos rectos. Algunos círculos de éstos corren transversalmente y cortan los otros en su encuentro, y necesariamente las divisiones del cielo han de ser tantas como estas intersecciones. Así, pues, el horizonte o círculo terminal, al cortar los cinco círculos que he mencionado, forma diez partes, cinco al Oriente y cinco al Occidente. El meridiano, que también corta al horizonte, da dos regiones más. Resulta, por tanto, que el aire admite doce divisiones y produce en consecuencia otros tantos vientos. Algunos son peculiares de determinadas comarcas y no salen de ellas, o no pasan de las inmediaciones. Estos no soplan de las partes laterales del mundo […]
Así, la Rosa de los vientos quedaría conformada de la siguiente manera, según Vitruvio:
Punto cardinal
Norte
Sur
Este
Oeste
Viento
Septentrión
Auster/Austro
Solano
Favonio
Punto cardinal
Noroeste
Noreste
Sureste
Suroeste
Viento
Cauro
Aquilón
Euro
Ábrego/Áfrico
Punto cardinal
Nornoroeste
Nornoreste
Sursureste
Sursuroeste
Viento
Thracias
Gálico
Leuconoto
Altano
Punto cardinal
Oestenoroeste
Estenoreste
Estesureste
Oestesuroeste
Viento
Etesios
Carbas
Omitías
Argestes
Según Séneca, en cambio:
Punto cardinal
Norte
Sur
Este
Oeste
Viento
Septentrión
Mediodía/Auster
Levante/Subsolano
Poniente/Favonio
Punto cardinal
Noroeste
Noreste
Sureste
Suroeste
Viento
Cauro/Argestes
Kaikías
Euro/Vulturno
Ábrego/Áfrico
Punto cardinal
Nornoroeste
Nornoreste
Sursureste
Sursuroeste
Viento
Tracio
Aquilón
Euronoto
Libonoto
Entre los griegos, los vientos, tal y como aparecen distribuidos en la Torre de los Vientos, conformarían el siguiente cuadro:
Punto cardinal
Norte
Sur
Este
Oeste
Viento
Bóreas
Notos
Apeliotes
Céfiro
Punto cardinal
Noroeste
Noreste
Sureste
Suroeste
Viento
Skirón
Kaikías
Euros
Lips
Que nadie dude que el viento que nos visitó los últimos días de los Ludi Saguntini fue el Céfiro o el Favonio o el Poniente. Y para acabar este periplo por todos los puntos cardinales, aquí os dejo una preciosa canción de Enya, Afer Ventus.
Última tarde de LUDI SAGUNTINI tomando un café ante la perspectiva de recoger y desmontar los talleres, estamos divagando sobre descansar y viajar al Caribe (verdad, Juanvi?) y sale la pregunta....
¿febrero tuvo 30 días en el calendario romano?
Recordamos la anécdota leída e incluso repetida mil veces, según la cual al cambiar el nombre del mes Sextilis por Augustus, se le añadió un día más (pasó a 31 días), pues Augusto no podía ser menos que Julio César en cuyo honor se cambió el nombre al mes Quintilis, al que ya se le había añadido un día (llegando a ser 31 días). Estos dos días se habían tomado de Februarius, que pasó de 30 a 28 días. ¿Pero quién hizo tal afirmación?
Fue Juan de Sacrobosco quien en su obra De Anni Ratione de 1232, dijo que la duración de los meses del calendario republicano era alternativamente 30 y 29 días. Añade que más tarde Julio César sumó 11 días más, uno a cada mes excepto a febrero, que quedó con 29 días, menos en los años bisiestos que tenía 30 días. Y que posteriormente Augusto reformó la duración de los meses a partir de Sextilis, que pasó a llamarse Augustus y a tener los mismos días que Iulius (31 días), el resto de los meses continuaba con la alternancia 30(September, November)/31 (October, December).
Según SACROBOSCO s. XIII
Repú-
blica
Julio César
Augusto
-Añade 11 días, uno por mes, excepto a febrero, que tendrá uno más en los bisiestos
-altera la duración de los meses desde Sextilis
Martius
30
31
31
Aprilis
29
30
30
Maius
30
31
31
Iunius
29
30
30
Quintilis
30
31
31
Sextilis
29
30
31
September
30
31
30
October
29
30
31
November
30
31
30
December
29
30
31
Ianuarius
30
31
31
Februarius
29
29/30
28/29
Esta explicación tuvo éxito y ha llegado hasta nuestros días, pero hay pruebas que demuestran que es errónea, por ejemplo:
el calendario de Numa de Antium, en el que se ve la duración de los meses, que no coincide con lo anterior (sobre estas líneas)
Siguiendo a Censorino (op. cit) vemos la evolución del calendario romano hasta Julio César cuando los meses llegan a tener la misma duración que en la actualidad, pero por otras razones