dimarts, 17 de maig de 2011

Ὧραι

Diosas de las estaciones y del tiempo en la Antigua Grecia. Hijas de Zeus y Temis, hermanas de las Moiras y de las Ninfas que habitaban el río Erídano, en principio eran personificaciones de los fenómenos naturales; más tarde, sin embargo, aparecen como protectoras del crecimiento y la prosperidad adoradas en Atenas con los nombres de Thalló (Θαλλώ), Auxó (Αὐξώ) y Karpó (Καρπώ), es decir, como personificaciones de la naturaleza en primavera, verano y otoño, respectivamente; en Hesíodo, Teogonía, 901 y ss., en cambio, aparecen en número de tres como representantes de la Justicia (Δίκη), de la Paz (Εἰρήνη) y de la Legalidad (Εὐνομία), pues supervisan las acciones de los hombres y manifiestan la armonía y el orden en general. En esto, como en muchos otros casos de la mitología griega, se observa una transición gradual que va desde lo puramente físico a las nociones éticas, y la influencia que las Horas originalmente tenían en la naturaleza se trasladó posteriormente a la vida humana en particular.

δεύτερον ἠγάγετο λιπαρὴν Θέμιν, τέκεν Ὥρας,
Εὐνουμίην τε Δίκην τε καὶ Εἰρήνην τεθαλυῖαν,
αἳ ἔργ᾽ ὠρεύουσι καταθνητοῖσι βροτοῖσι, […]

Hes. Teogonía. 901

También en Pseudo-Apolodoro:

Con Temis, la hija de Urano, él [Zeus] fue padre de sus hijas las Horas, por su nombre Eirene, Eunomia y Dike. Biblioteca 1. 13

Fueron las primeras en recibir a Afrodita en Chipre y, después de vestirla, la escoltaron hasta el Olimpo; adornaron con flores a Pandora; se las cita también como asistentes de Helios, incluso ayudan a Chloris en su trabajo, en la germinación y floración de la tierra, regulando las estaciones del año. En otros mitos las vemos acompañando a Pan o formando parte del séquito de Dioniso, dios del renacer de la Naturaleza; según los Órficos, las Horas, junto con las Gracias y las Moiras, condujeron a Perséfone en su ascensión desde el Hades en primavera y, según Pausanias, estuvieron presentes en el nacimiento de Atenea.


Homero, sin especificar su número ni su origen, las presenta como las guardianas de las Puertas del Cielo que cierran y abren, amontonando nubes ante el Olimpo o dispersándolas. Eran, por tanto, supervisoras del clima, aunque más bien ministras del único que tenía poder sobre el cielo, Zeus. Se ocupaban también de los caballos de Hera.

Ἥρη δὲ μάστιγι θοῶς ἐπεμαίετ᾽ ἄρ᾽ ἵππους: αὐτόμαται δὲ πύλαι μύκον οὐρανοῦ ἃς ἔχον Ὧραι, τῇς ἐπιτέτραπται μέγας οὐρανὸς Οὔλυμπός τε ἠμὲν ἀνακλῖναι πυκινὸν νέφος ἠδ᾽ ἐπιθεῖναι. τῇ ῥα δι᾽ αὐτάων κεντρηνεκέας ἔχον ἵππους: εὗρον δὲ Κρονίωνα θεῶν ἄτερ ἥμενον ἄλλων ἀκροτάτῃ κορυφῇ πολυδειράδος Οὐλύμποιο.

Hom. Il. 5.749-755


La mitología las presenta como hermosas jóvenes adornadas con flores y frutos. Son amables y benevolentes, trayendo a dioses y hombres muchas cosas que son buenas y deseables.

A medida que fueron concebidas para promover la prosperidad de todo lo que crece, aparecen también como protectoras de los jóvenes y de los recién nacidos entre los dioses y en el juramento que los jóvenes atenienses pronunciaban en el templo de Aglauro en su efebía se menciona a Thalló y a Auxó, entre otros dioses. (Pólux, VIII, 106):

No deshonraré las armas sagradas que llevo; no abandonaré a mi camarada de lucha; combatiré por la defensa de los santuarios del Estado, y transmitiré a la posteridad no una patria empequeñecida, sino más grande, más poderosa, en la medida de mis fuerzas y con la ayuda de todos. Obedeceré a los magistrados, a las leyes establecidas y las que se instituyan debidamente; si alguien intentara abolirlas se lo impediré con todas mis fuerzas y con la ayuda de todos. Honraré los cultos de mis padres. Tomo como testigos a las divinidades: Aglauro, Hestia, Enio, Enialio, Ares y Atenea, Areia, Zeus, Talo, Auxo, Hegemones, Heracles, los Limites de la patria, los Trigos, las Cebadas, las Viñas, los Olivos y las Higueras.

Finalmente, atenuado su significado inicial, adoptan un carácter simbólico y alegórico y acaban como subdivisiones del tiempo. En efecto, los escritores alejandrinos elevaron su número a doce, es decir, tantas cuantas son las horas del día y de la noche, y las consideraron hijas de Chronos y Gea. Higino (Fábulas 183) elabora una primera lista de nueve Horas, en la que se aprecia una gran confusión, dado que mezcla los nombres originales con los epítetos: Auxó (Αὐξώ), ninfa de las plantas; Eunomía (Εὐνομία) la del buen orden; Férousa (Φέρουσα), diosa de la sustancia y las granjas; Karpó (Καρπώ), hora otoñal; Díke (Δίκη), diosa de la justicia; Euporía (Εὐπορία), diosa de la abundancia; Eiréne (Εἰρήνη), diosa de la paz; Orthosía (Ὀρθωσία), diosa de la prosperidad; Thalló (Θαλλώ), hora de la primavera.

En una segunda lista de once Horas, a la que después se añadió Árktos, aparecen como diosas menores guardianas del tiempo y del orden del día y van desde el momento antes del amanecer hasta justo después del anochecer: Aúges (Αὔγης), la primera luz; Anatolé (Ἀνατολή), amanecer; Mousiké (Μουσική), la hora matutina de la música y del estudio; Gymnasía (Γυμνασία), la hora matutina del ejercicio físico; Nýmfe (Νύμφη), la hora de las abluciones; Mesembría (Μεσημβρία), el mediodía; Spondé (Σπονδή), la hora de las libaciones; Teleté (Τελετή), la primera hora de trabajo de la tarde; Akté (Ἀκτή), la segunda hora de trabajo de la tarde; Hesperís (Ἑσπερίς), atardecer; Dýsis (Δύσις), ocaso y Árktos (Ἄρκτος), la última luz.

Los romanos propusieron cuatro Horas y las consideraron hijas de Helios y de Selene.

Febo, cubierto con ropa púrpura, estaba sentado en un trono lleno de brillantes esmeraldas. A derecha e izquierda, se encontraban de pie el Día, el Mes, el Año y el Siglo, y las Horas, situadas a igual distancia las unas de las otras; allí estaba la joven Primavera, con una corona de flores; el Verano, desnudo i con una guirnalda de espigas; el Otoño, lleno de manchas de uvas pisadas, y el Invierno, con sus cabellos blancos erizados. Ovidio, Metamorfosis, II, 24 y ss.


Su culto se propagó por muchas regiones de Grecia, donde había templos y altares especiales para las Horas. En Atenas las honraron por medio de la celebración de una fiesta especial llamada Ὡραία. Sus estatuas adornaron también la antigua Olimpia y los templos de diferentes ciudades.

[En el templo de Zeus en Megara:] Por encima de la cabeza de Zeus están las Horas y las Moiras, y todos pueden ver que él es el único dios obedecido por el Destino y el que reparte las estaciones como es debido. Pausanias, Descripción de Grecia 1. 40. 4


2 comentaris:

Apicius ha dit...

Me ha gustado una vez la historia antigua que ponen al alcance de todos.
Un buen artículo, por lo que le felicito.
Saludos

Lluïsa ha dit...

Gracias, Apicius, pues, como siempre, tus palabras son muy amables. Así da gusto hacer artículos.
Saludos