diumenge, 9 de febrer del 2014

Inicio de las Parentalia

C. Hölscher
En el calendario de Filócalo del siglo IV d. C y en el de Polemio Silvio del siglo V, aparece en los idus de febrero (13 de febrero) mencionada la ceremonia de la Parentatio: VIRGO VESTA PARENTAT,; PARENTATIO TUMULORUM INCIPIT. En ella la Virgo Vestalis Maxima o las vestales  hacían una parentatio, es decir, un sacrificio en honor de los parientes fallecidos que marcaba el principio de las Parentalia, fiestas privadas que no aparecen marcadas en el calendario republicano y que duraban hasta el día 21 de febrero, jornada de las Feralia.

El sacrificio debía ser hecho por las vestales en favor de la comunidad y en memoria de sus antepasados, pero ¿quiénes eran esos antepasados de las sacerdotisas? 


Una posible respuesta se puede obtener del lugar en el que se realizaba esta ceremonia:


I. La opinión más generalizada, siguiendo a Dioniso de Halicarnaso II, 40 nos habla de la tumba de Tarpeya, y el monumento conmemorativo en el que hacían las libaciones. 

Ya que donde cayó es honrada con un monumento y ocupa la colina más sagrada de la ciudad, y los romanos cada año le ofrecen libaciones (digo lo que Pisón escribe). Pero si ella hubiera muerto entregando su patria a los enemigos no es lógico que recibiera honores ni de los traicionados ni de los que la mataron, sino que si hubiera quedado algo de su cuerpo, con el tiempo se habría desenterrado y arrojado fuera para infundir miedo y hacer desistir a quienes fuesen a hacer lo mismo. Pero sobre ello que cada cual opine lo que quiera.


¿Quién era Tarpeya? ¿fue traidora  o defensora de Roma? Las fuentes clásicas no se ponen de acuerdo.  Tito Livio nos da diferentes versiones


Espurio Tarpeyo estaba al frente de la ciudadela de Roma. Su hija, una vestal, es sobornada por el oro de Tacio para que deje entrar en la ciudadela a unos hombres armados -ella había salido casualmente fuera de las murallas a buscar agua para las ceremonias del culto-. Cuando entraron, la hicieron morir aplastándola con sus armas, bien para dar la impresión de que la ciudadela había sido tomada por la fuerza, o bien para dejar sentado el precedente de que los traidores en ningún caso podrían confiar en los compromisos. La leyenda añade que los sabinos llevaban, ordinariamente, brazaletes de oro de gran peso en el brazo izquierdo y anillos de gran belleza con joyas engastadas, y que habían apalabrado con ella «lo que llevaban en la mano izquierda»: por eso echaron sobre ella los escudos, en vez de darle las alhajas de oro. Hay quien dice que ella, basándose en el acuerdo de entregar lo que había en la mano izquierda, pidió expresamente las armas y, al sospechar que les tendía una trampa, la hicieron morir con su propia recompensa.


Coinciden la mayoría de los autores en que Tarpeya que traiciona a su pueblo llevada por la ambición del oro de los sabinos o por el amor hacia Tito Tacio, era una de las primeras vestales de Roma, y por lo tanto era una de sus antepasadas.


II. Plutarco nos da otra ubicación al hablarnos de unas ceremonias fúnebres realizadas por los sacerdotes y el pontifex maximus, y quizá las vestales en el campus sceleratus, junto a la Porta Collina, lugar en el que eran enterradas vivas las sacerdotisas que habían perdido la virginidad.


El terrible castigo lo cuenta Plutarco en  Numa, X, I


En cambio, la que mancilla su virginidad es enterrada viva, junto a la puerta que se llama Colina (en la que hay, a la parte interior de la ciudad, una elevación de tierra que se extiende por delante), que significa montículo en el idioma de los latinos. Allí se prepara una habitación subterránea de escasas dimensiones, con una bajada desde arriba. Dentro de ella se encuentra una cama vestida, una antorcha ardiendo, y unos pocos alimentos de los que son indispensables para la vida, a saber: pan, agua en un cántaro, leche y aceite; como si tuvieran por sacrílego que muera de hambre una persona consagrada a los más importantes ministerios. Tras introducir en una litera a la condenada, cubriéndola desde fuera. y cerrándola totalmente con correas, de modo que no se pueda oír ninguna voz, la transportan a través de la plaza. Todos se apartan en silencio y la acompañan calladamente, llenos de impresionante tristeza. No existe otro espectáculo más sobrecogedor, ni la ciudad vive ningún día más triste que aquél. Cuando llega la litera hasta el lugar, los asistentes desatan las correas y el sacerdote oficiante, después de hacer ciertas inefables imprecaciones, la coloca sobre una escalera que conduce hacia la morada de abajo. Entonces, se retira él junto con los demás sacerdotes. Y, una vez que aquélla ha descendido, se destruye la escalera y se cubre la habitación echándose por encima abundante tierra, hasta que queda el lugar a ras con el resto del montículo. Así son castigadas las que pierden la sagrada virginidad.

Y la razón de este suplicio nos la da también Plutarco en Cuestiones romanas, 96

96. 'Por qué no castigan a las vírgenes consagradas que han sido seducidas, de ningún otro modo más que enterrándolas vivas? (....) ¿0 no consideraban lícito aniquilar un cuerpo consagrado a las más importantes ceremonias religiosas ni poner las manos sobre una mujer consagrada? Idearon, en efecto, que muriera por ella misma, y la bajaban a una cámara hecha bajo tierra, donde había una antorcha encendida y algo de pan, leche y agua. Después cubrían desde arriba la cámara con tierra. Y a pesar de evitar una abominación de esta forma, no han escapado a su temor religioso, sino que aún hoy los sacerdotes van allí y ofrecen sacrificios.



En ambos casos, la tumba de Tarpeya y en campus sceleratus,  no parecen ser lugares apropiados ya que rememoran acciones inapropiadas para las sacerdotisas vestales, sin embargo parece ser que les otorgaban a sus espíritus la función de vigilantes in aeternum de la sociedad y del mundo. Desde esta concepción las vestales hacen un sacrificio en honor de sus parientes difuntas y en beneficio del grupo social, dando inicio institucional  a los días de las Parentalia (13 al 21 de febrero).