dilluns, 26 de març de 2012

ΤΑ ΚΑΡΝΕΙΑ

Según nos cuenta Heródoto (VII 206; VIII 72.), las Carneas las celebraban los espartanos, pero también otros pueblos dorios del Peloponeso, en honor de Apolo Karneios, de quien los mitos etiológicos son numerosísimos y con muchos matices (por eso los veremos en otro post). La única diferencia entre estos pueblos consistía, según el historiador, en la inusual seriedad con que los espartanos cumplían sus deberes religiosos. También Tucídides señala las Carneas como una fiesta importantísima para los lacedemonios, durante la cual existía la prohibición de emprender guerras (V 54; 75-76, 1) Tucídides aporta, además, dos informaciones nuevas: el mismo mes Carneo era considerado sagrado e imponía abstenerse de las guerras; la sacralidad del mes no era observada solo por los espartanos, sino por todos los dorios. Este mes se definía como ἱερομηνία Δωριεῦσι.

En el ritual de las Carneas había elementos ligados a la guerra: según Demetrio de Scepsis, eran una reproducción de la vida militar (Ateneo IV 141e-f.):

Demetrio de Scepsis en el primer libro del Τρωικὸς διάκοσμος sostiene que entre los espartanos la fiesta de las Carneas constituye una representación de su disciplina militar. Hay nueve puntos de recogida llamados pérgolas (skiades), muy similares a las tiendas militares, y en cada una se encuentran para comer nueve hombres; todo viene impuesto por un heraldo según las órdenes; cada pérgola hospeda tres fratrías y los festejos para las Carneas duran nueve días.

El dios era representado, como se ve en la imagen, con cuernos de carnero y esta misma imagen del ariete, evidente tanto en la etimología del epíteto del dios y en la del nombre del adivino Crío (que aparece en uno de sus tantos mitos etiológicos) como en los yelmos criomorfos presentes hasta la edad arcaica en Laconia y relacionados casi con seguridad con el culto de Apolo Carneo, podría constituir un argumento que justificase la relación de las Carneas con la guerra. En algunos símiles de la Ilíada, además, al héroe se lo compara con un ariete, que se distingue del rebaño de ovejas y lo guía (Il. III 197-198; XIII 491-493).

Lo anterior introduce un aspecto evidente en el rito, pero de difícil individualización en los diferentes mitos: la iniciación. Práxila es la única fuente a partir de la cual es posible proceder en este sentido. En el pasaje sacado del escolio V 83a a Teócrito, Karnos es definido como ἐρώμενος de Apolo; esta situación delinea un vínculo ἐραστής - ἐρώμενος, en el que el amado es un joven que debe todavía entrar en la esfera de los adultos y de los guerreros.

Πράξιλλα μὲν ἀπὸ Κάρνου φησὶν ὠνομάσθαι τοῦ Διὸς καὶ Εὐρώπης ὑιοῦ, ὃς ἦν ἐρώμενος τοῦ Ἀπόλλωνος

Práxila dice que se llama así por Karnos, hijo de Zeus y Europa, que era ἐρώμενος de Apolo

Pausanias (III 13, 5, 1-3) refiere la misma información con alguna diferencia:

Πραξίλλῃ μὲν δὴ πεποιημένα ἐστὶν ὡς Εὐρώπης εἴη καὶ <Διος > Κάρνειος καὶ αὐτόν ἀνεθρέψατο Ἀπόλλων καί Λητώ

La poetisa Práxila presenta a Karneios como hijo de Europa (y de Zeus), y a Apolo y Latona como los que lo criaron

En la sociedad griega, ser el erómenos de alguien implicaba inevitablemente también un aspecto educativo, de la misma forma que ser criado por alguien. Las dos noticias por tanto podrían expresar de forma distinta el mismo concepto (Jenofonte, Lak. Pol. II 12-14; Plutarco, Lyk. 17, 1; 18, 8-9; Eliano, Var. Hist. III 10, 12)

De todas formas, en el pasaje de Ateneo, debe tenerse en cuenta cierta información, que no está presente en ninguna otra fuente. Como hemos visto, en él Demetrio afirma que la fiesta es una imitación de la educación/disciplina militar. Parece oportuno señalar, al respecto, que Demetrio define a los que participan en el banquete ritual como ἄνδρες, que no son los que participan en la staphylodromia, llamados νέοι, ni otros que pudieran estar relacionados con la ἀγωγή espartana. Teniendo esto en cuenta, el rito no parece presentar características iniciáticas, al menos no de forma explícita. Estos ἄνδρες parecen, en cambio, representar el cuerpo cívico espartano, o bien a los ciudadanos de pleno derecho, que tienen más de treinta años y disfrutan de plenos derechos políticos.

Staphylodromia

La staphylodromia puede ser considerada uno de los principales ritos de las Carneas. La etimología del nombre indica una relación con una carrera y con la uva _ y, quizá, con la vendimia_ puesto que el término δρόμος significa carrera o lugar en que esta se realiza, mientras el término σταφυλή significa uva, racimo. Las únicas fuentes literarias a nuestra disposición son las glosas de Hesiquio y las Anecdota Bekker. Según Hesiquio, los staphylodromoi formaban parte de los Karneatai, algunos jóvenes célibes elegidos por sorteo para prestar servicio a Apolo Carneo:

Staphylodromoi: algunos de los Karneatai, que animan a los vendimiadores. (σταφυλοδρόμοι: τινες τῶν Καρνεατῶν, παρορμῶντες τοὺς ἐπὶ τρύγῃ)

Karneatai: los célibes, elegidos por sorteo para la liturgia del Carneo. Cinco de cada … servían durante cuatro años.

_Καρνεᾶται: οἱ ἄγαμοι, κεκληρωμὲνοι δὲ ἐπὶ [τὴν] τοῦ Καρνείου λειτουργίαν. πέντε δὲ ἀφ' ἑκάστης ... ἐπὶ τετραετίαν ἐλειτούργουν

Staphylodromoi: durante la fiesta de las Carneas uno, envuelto con vendas, corre augurando prosperidad a la ciudad, mientras algunos jóvenes, llamados staphylodromoi, lo siguen. Y si lo alcanzan, se esperan cosas buenas para la propia ciudad; si no lo alcanzan, se espera lo contrario. Anecd. I 305.

_Σταφυλοδρόμοι: κατὰ τὴν τῶν Καρνείων ἑορτὴν στέμματά τις περιθέμενος τρέχει, ἐπευχόμενός τι τῇ πόλει χρηστόν, ἐπιδιώκουσι δὲ αὐτὸν νέοι, σταφυλοδρόμοι καλούμενοι. καὶ ἐὰν μὲν καταλάβωσιν αὐτόν, ἀγαθόν τι προσδοκῶσι κατὰ τὰ ἐπιχώρια τῇ πόλει· εἰ δὲ μή, τοὐναντίον

Los Karneatai formaban parte de aquellos jóvenes que todavía no gozaban de plenos derechos políticos y que no habían alcanzado la edad de treinta años, es decir, la edad a partir de la cual el celibato era objeto de sanciones. La glosa de los Anecdota Bekker parece confirmarlo por cuanto los define néoi: en Esparta, los jóvenes entre veinte y treinta años, que se encontraban en la situación descrita, eran llamados néoi. Habitualmente, la laguna de la glosa Karneatai viene integrada con φυλῆς: se elegían, pues, cinco célibes por cada una de las tribus de Esparta. No se debe pensar que la liturgia de estos Karneatai consistiera en sufragar los costos de la fiesta, como en Atenas. Parece más verosímil que se resolviera prestando servicio para el culto del dios, organizando la fiesta y desarrollando los rituales prescritos. La carrera debía estar estructurada de manera que se concediera al fugitivo pocas ocasiones de escapar a los staphylodromoi. Finalmente, parece probable que la carrera tuviese lugar en la zona del Dromos, donde se encontraba el santuario de Karneios Dromaios y donde habitualmente los jóvenes se entrenaban, y no en el ágora, donde tenía su sede el santuario del Karneios Oiketas citado por Plutarco.

Sacrificios y otros ritos

Quien decretó que en Esparta y en Argos

y en la divina Pilostomaran morada

los valerosos hijos de Heracles y de Egimio.

Pero proclama que viene de Esparta

la gloria que me es querida;

de allí descendientes los Egidas, mis padres,

llegaron a Tera por querer los dioses,

pero los guiaba un destino;

de allí tomamos el rito del banquete

solidario, opulento de víctimas,

y en el convite en tu honor,

Apolo Carneo, veneramos

la bien construida ciudad de Cirene

(Píndaro, Pit. V vv. 69-81)

De la Pítica 5 de Píndaro, nos interesan los versos 77-81, donde se habla del banquete rico de víctimas en el convite por Apolo Carneo, con el que se intenta honrar a la ciudad de Cirene. Píndaro testimonia la centralidad de las Carneas en la vida política, social y religiosa de Cirene, fundación de una colonia de Esparta, Tera.

Plutarco (Dión 23, 3-24, 1) describe una celebración de las Carneas ocurrida el 9 de agosto del 357 a.C en la isla de Zacinto y que parece presentar analogías con las celebradas en Esparta:

Era pleno verano y los vientos etesios dominaban el mar; la luna estaba en su plenitud. Dión preparó un sacrificio suntuoso en honor de Apolo y avanzó en procesión hacia el templo con los soldados ornados con panoplias; después del sacrificio, los hizo acomodarse en el estadio de los de Zacinto y les ofreció un banquete; estos admiraban el esplendor (un esplendor que iba más allá de una riqueza privada) de las mesas y de las copas de oro y plata y razonaban así: un hombre de edad avanzada y amo de tanta riqueza no se dispondría a empresas arriesgadas sin una mera esperanza y amigos que le prestaran los medios más amplios y potentes. Después de las libaciones y las plegarias del rito, se verificó un eclipse de luna (se verificó el 9 agosto del 357.). Para Dión no se trataba de un evento sorprendente porque conocía la periodicidad de los eclipses y sabía que la sombra, que se proyecta sobre la luna, es causada por la tierra que se pone como obstáculo frente al sol.

Respecto a los agones musicales hay muchas lagunas, no se sabe con seguridad la cantidad o el tipo de concursos, ni en qué consistían ni los premios que se otorgaban a los vencedores. Mucho de lo que se sabe al respecto gira en torno a la figura del poeta lesbio Terpandro. Las fuentes proponen tres diferentes dataciones: -contemporáneo de Licurgo (776 a.C.); -vencedor de las primeras Carneas en el 676 a.C.; -situado temporalmente en el 644 a.C. El dato cierto, sin embargo, según las fuentes provenientes del s. V a.C. y posteriores, es el estrecho vínculo existente entre el poeta y las Carneas.

Ateneo, Deipnosofistas XIV 635E, dice:

τὰ Κάρνεια πρῶτος πάντων Τέρπανδρος νικᾷ, ὡς Ἑλλάνικος ἱστορεῖ ἔν τε τοῖς ἐμμέτροις Καρνεονίκαις κἀν τοῖς καταλογάδην. ἐγένετο δὲ ἡ θέσις τῶν Καρνείων κατὰ τὴν ἕκτην καὶ εἰκοστὴν ὀλυμπιάδα, ὡς Σωσίβιός φησιν ἐν τῷ περὶ Χρόνων. Ἱερώνυμος δ΄ ἐν τῷ περὶ Κιθαρῳδῶν, ὅπερ ἐστὶ πέμπτον περὶ Ποιητῶν, κατὰ Λυκοῦργον τὸν νομοθέτην τὸν Τέρπανδρόν φησι γενέσθαι, ὃς ὑπὸ πάντων συμφώνως ἱστορεῖται μετὰ Ἰφίτου τοῦ Ἠλείου τὴν πρώτην ἀριθμηθεῖσαν τῶν Ὀλυμπίων θέσιν διαθεῖναι.

Terpandro, el primero entre todos, venció en las Carneas, como cuenta Helánico en Los vencedores de las Carneas en verso y en prosa. La institución de las Carneas tuvo lugar en la vigésimo sexta Olimpiada, como dice Sosibio en el libro Sobre la cronología. Jerónimo, en el libro Sobre los citaristas, que es el quinto de la obra Sobre los poetas, dice que Terpandro venció en tiempos del legislador Licurgo, que todos están de acuerdo en decir que dispuso la primera institución numerada de las Olimpiadas junto a Ífito de Elis.

No hay, en cambio, ninguna certeza sobre la existencia de competiciones atléticas.

Por otra parte, la cuestión de cuándo se celebraban plantea dos problemas: la posición del mes Carneo en el calendario de las ciudades dóricas y el período del mes en que se celebraban las Carneas. El carácter y el ámbito dórico del mes están atestiguados en fuentes literarias y epigráficas. Pero no se puede hacer una correspondencia fija con un mes preciso en todas las localidades en las que está atestiguado; según las fuentes, se puede, en todo caso, señalar un período amplio que va de finales de verano al inicio del otoño.

El mes Carneo

Como se ha dicho, está atestiguado solo en el ámbito dórico: en Laconia (IG V 1, 931, ll. 37-38, s. II a.C.), Epidauro (IG IV2 1, 103, ll. 2-3, 56, 77, 93, 153, s. IV a.C), Argos (P. Charneux, Inscriptions d‟Argos, «BCH» 82, 1958, pp. 1-15; II B, pp. 7-13, s. III a.C), Bouthrotos (P. Cabanes, Corpus des inscriptions grecques d‟Illyrie méridionale et d’Épire, 2.2. Inscriptions de Bouthrotos, Athènes 2007), Rodas, Nisyros (IG XII 3, 91, l. 10, circa 200 a.C.), Cos (M. Segre, Iscrizioni di Cos, Roma 1993, ED 145, l. 72; 154, l. 2; 174, l. 1; 216, ll. 6-7, 10) y Kálimnos (M. Segre, Tituli Calymnii, «ASAA» 22-23 (1944-45) [1952], pp. 1-248), Creta (IC IV, 172, l. 21), Tauromenio (IG XIV 425 III, l. 49. Época romana), Phintias (IG XIV 256, l. 5, s. I a.C), Akragas (IG XIV 952, l. 8. s. III a.C.)

El mes Carneo estaba presente también en el calendario de Bizancio (Corpus glossariorum latinorum, vol. VI, 1899: Byzantinorum lingua November mensis dicitur). Si se parte de la premisa obvia de que las Carneas se celebraban en el mes Carneo, Heródoto, en la narración de la batalla de Maratón y la de las Termópilas, ofrece algunas indicaciones útiles para intentar la colocación del mes en el calendario espartano. Cuenta que los espartanos no participaron en la batalla de Maratón porque debían atender el plenilunio; después no enviaron a todo el ejército con Leónidas a las Termópilas porque se estaban celebrando las Carneas, que ese año coincidían con las Olimpiadas.

Anunció a los espartanos cuanto les había sido ordenado y decidieron ayudar a los atenienses, pero les era imposible hacerlo enseguida no queriendo transgredir la ley: era, en efecto, el noveno día del inicio del mes y dijeron que no iban a partir no siendo todavía el plenilunio. Heródoto VI 106, 3.

Los espartanos habían enviado primero a Leónidas y los suyos, para que los otros aliados, al verlos, descendieran al campo y no se pasaran también ellos al bando de los Medos, al darse cuenta de que los espartanos se hacían esperar; después (en aquel período, en efecto, estaban imposibilitados por las fiestas Carneas) pretendían, celebradas las fiestas y dejada una guarnición en Esparta, acudir rápidamente con todas sus fuerzas. También los demás aliados pensaban hacer otro tanto: en efecto, coincidían con este acontecimiento los juegos olímpicos; por eso, no creyendo que la guerra en las Termópilas se decidiría tan rápidamente, habían enviado solo algunas vanguardias. Heródoto VII 206.

Tucídides menciona el mes Carneo en relación a una expedición de los espartanos y sus aliados contra Leuctra en el verano del 419/418 a.C. La expedición se interrumpió por los malos auspicios revelados por los sacrificios y por la inminencia del mes Carneo, que exigía la tregua de las armas para los espartanos. El pasaje atestigua la existencia del mes y el vínculo de la tregua de las armas también para Argos y para algunos aliados de Epidauro:

En aquel mismo período también los lacedemonios hicieron una expedición en masa contra Leuctra […] Los guiaba el rey Agis de Arquidamo. Nadie sabía dónde querían hacer la expedición, ni siquiera las ciudades de las que habían sido enviadas tropas. Pero porque en sus sacrificios para el paso de la frontera los auspicios no resultaron propicios, se retiraron a casa y anunciaron a los aliados que se prepararan para la expedición después del siguiente mes (era el mes Carneo, mes sagrado para los Dorios). Los Argivos, que habían salido el cuarto último día antes del final del mes anterior al Carneo, imaginando todo el tiempo estar todavía en ese día, invadieron el territorio de Epidauro y lo saquearon. Los de Epidauro llamaron a sus aliados, pero algunos de ellos tomaron como pretexto el mes sagrado, los otros, aunque llegaron a la frontera del territorio de Epidauro, se detuvieron. Tucídides V 54.

Tucídides nombra el mes Carneo en pasajes sucesivos, cuando el rey Plistoanacte corre en ayuda del otro rey, Agis, durante la batalla de Mantinea (418 a.C.). Pero la batalla ya había concluido victoriosamente, por eso Plistoanacte llevó de vuelta a Esparta al ejército para festejar las Carneas, puesto que era el mes Carneo.

[1] Cuando estaba por suceder la batalla también Plistoanacte, el otro rey, llegó en ayuda con los más ancianos y los más jóvenes y llegó hasta Tegea; pero, oída la noticia de la victoria, se retiró. [2] A los aliados que venían de Corinto y de fuera del Istmo los mandaron retroceder los mensajeros enviados por los lacedemonios, los cuales, retirados y despedidos los aliados, celebraron la fiesta, ya que era el mes Carneo. [3]…. [4] El día anterior a esta batalla, sucedió que también los de Epidauro con todas sus fuerzas invadieron el territorio de Argos, pensando que la encontrarían indefensa, y mataron gran número de aquellos que habían sido dejados de guardia cuando los otros habían partido. [5] Pero, puesto que después de la batalla tres mil hoplitas Eleos corrieron en ayuda de los mantineos, y mil atenienses además de los primeros, todos estos aliados hicieron una expedición contra Epidauro mientras los lacedemonios celebraban las Carneas y, dividiéndose el trabajo, rodearon la ciudad. [6] … Y el verano terminaba. Tucídides V 75.

En el capítulo siguiente, las Carneas aparecen por última vez en la obra de Tucídides. Se trata en este caso de la vuelta a las hostilidades después de la celebración de las Carneas en el mismo año de la campaña de Mantinea.

Inmediatamente al inicio del invierno siguiente, los lacedemonios, después de haber celebrado las fiestas Carneas, hicieron una expedición y, llegados a Tegea, mandaron a Argos propuestas de acuerdo. Tucídides V 76, 1.

Cuando indica el día en que Nicias es capturado por los siracusanos, Plutarco nos ofrece una información todavía más precisa: el mes Carneo corresponde al Metagitnión de Atenas.

El día era el vigésimo sexto del mes Carneo, que los atenienses llaman Metagitnión. Plutarco, Nicias 28, 2

Los datos evidencian una discordancia en la colocación del mes Carneo en los calendarios de las ciudades griegas: Plutarco lo hace coincidir con el Metagitnión ateniense (agosto-septiembre), mientras que Tucídides (V 76) parece colocarlo al inicio del invierno. La batalla de Maratón tuvo lugar en el mes de Boedromión (septiembre-octubre), el día después al plenilunio en que, según el pasaje de Heródoto, se habrían debido acabar las Carneas. También la fecha de la batalla de las Termópilas, y por tanto de las Carneas, que impidieron el envío de todo el ejército, es objeto de discusión entre algunos estudiosos: algunos aceptan la cronología propuesta por G. Busolt, que data el evento hacia finales de agosto o al inicio de septiembre; otros, en cambio, siguen la tesis de J. Beloch, que coloca los acontecimientos entre finales de julio y los primeros días de agosto.

Las Carneas eran efectivamente una fiesta particularmente difundida y famosa, que tenía una colocación bien definida en el transcurso del año: en uno de los pasajes de Tucídides, el período de las Carneas en que había de ser observada la tregua parece ser el mismo para los espartanos, los argivos y los aliados de Epidauro. Por tanto, es posible que sea correcta la tesis de Trümpy de que el Carneo estuviese situado en un arco de tiempo que iría de finales de verano a inicios de otoño (C. Trümpy, Untersuchungen zu den altgriechischen Monatsnamen und Monatsfolgen, Heidelberg 1997; pp 129-130) Esta colocación no excesivamente rígida del mes permitiría explicar las ligeras diferencias de su posición de un calendario a otro sin forzar los datos ofrecidos por las fuentes. Esto, además, explicaría los elementos que parecen vincular una parte del rito de las Carneas con la vendimia: las fuentes atestiguan la existencia de los staphylodromoi entre los Karneatai (Como hemos visto en Hesiquio: σταφυλοδρόμοι: τινες τῶν Καρνεατῶν, παρορμῶντες τοὺς ἐπὶ τρύγῃ).

El período de las Carneas

Ya hemos visto dos testimonios, pertenecientes al siglo V a.C., en los que se refiere que el desarrollo de las Carneas en Esparta coincidía con el plenilunio. Respecto a si por sí mismo el plenilunio comportaba un obstáculo para el envío de una expedición militar, es probable que la decisión de los espartanos se viese condicionada por la coincidencia de la luna llena con un acontecimiento religioso significativo. Las Carneas no se nombran explícitamente, pero, si en otros pasajes se especifica que esta festividad impide a los espartanos participar en eventos bélicos, se puede suponer que el párrafo citado se pueda referir a una noche de luna llena en el transcurso de las Carneas (Heródoto VII 206; VIII 72. Tucídides V 54; 75-76, 1)

En el Alcestis 445-454, Eurípides proclama que la gloria de la esposa de Admeto será celebrada en Esparta durante el mes Carneo, cuando la noche será iluminada por la luna llena. Si como parece probable, el mes Carneo es una metonimia para indicar la fiesta que se desarrolla en este período, tenemos una segunda indicación del vínculo Carneas-plenilunio:

Con frecuencia los cantores celebran tu gloria,

en las cuerdas de la lira que viene de los montes,

o con himnos sin lira,

en Esparta, con el volver de las estaciones,

volverá el mes Carneo,

la luna alta en el cielo toda la noche,

y en la rica y espléndida Atenas.

Es bello el canto que has dejado

con la tu muerte a los poetas.

Ya hemos visto el párrafo de los Deipnosofistas de Ateneo en el que se dice que la fiesta de las Carneas duraba nueve días. Se supone que también en este caso la noticia se refiere a Esparta, aunque no explicita a qué período se refiere.

Una última indicación sobre el período en que se desarrollaba la fiesta la encontramos en Quaestiones convivales de Plutarco: en Cirene las Carneas se celebraban el séptimo día del mes.

Floro dijo que Carneade no era indigno de recuerdo en el día del nacimiento de Platón, ilustrísimo seguidor de la Academia: en efecto, ambos nacieron durante las fiestas de Apolo, el uno durante las Targelias en Atenas, el otro, celebrando los de Cirene las Carneas: las dos se celebran el séptimo día. Plutarco, Quaestiones convivales 717.D.

Los datos disponibles parecen formar un cuadro coherente del período de celebración (aunque siempre con reservas): empezaban el 7 del mes Carneo, duraban nueve días y concluían con el plenilunio, el 15 del mes Carneo.



diumenge, 18 de març de 2012

Idus de marzo y Anna Perenna

Los idus de marzo, el 15 de ese mes  han pasado a la historia porque en ese día del año 44 a.C. fue asesinado Julio César. Para algunos autores la fecha no fue casual sino que tiene un valor simbólico importante pues según los  Fasti Vaticani, Antiates y Farnesiani se celebraba la fiesta de Anna Perenna junto al primer miliario de la via Flaminia
Via Flaminia ad lapidem primum (F. Vat).

La personalidad de la diosa es compleja y las fuentes literarias no son muy completas. La información más amplia nos la ofrece Ovidio en Fasti III, pero tampoco él puede identificar claramente a  Anna Perenna. Sin embargo nos da una imagen muy detallada de su fiesta

El día de los Idus es el festival del genio de Ana Perenna, no lejos de tus riberas, Tíber, advenedizo. Se reúne la plebe, y echándose por doquier en la hierba verde, se pone a beber, y cada cual se recuesta con su pareja. Algunos aguantan a cielo raso; unos pocos ponen tiendas; otros levantan una chabola de hojas y ramas; otra parte, así que han levantado cañas a manera de rígidas columnas, colocan encima las togas extendidas. Sin embargo entran en calor con el sol y el vino, y se desean tantos años como copas toman, y beben contándolas. Allí podrías encontrar al que se bebe los años de Néstor y la que se convierte en la Sibila con las copas que se toma. Allí también cantan lo que aprenden en el teatro y baten hábilmente las palmas siguiendo la letra; colocan un cráter en el suelo y ejecutan duras danzas, y una muchacha ataviada baila con el pelo suelto. Cuando viene de vuelta, van haciendo eses y son el espectáculo de la gente, y los grupos con los que se topan los llaman afortunados. No hace mucho me tropecé con una romería (me ha parecido digno de referir). Una vieja borracha llevaba a rastras a un viejo borracho.

Son varios los aspectos que Anna Perenna aúna en sí misma:

-Diosa del agua.Ovidio en Fasti 524 nos dice que Anna, hermana de Dido desaparece en un río 
Pareció que hablaba ella misma:“Soy ahora la ninfa del apacible Numicio; en este río perenne tengo mi refugio, y mi nombre será Ana Perenna"
Simbólicamente el río que significa su muerte propicia su renacimiento posterior, es un ciclo de muerte y regeneración periódica que representa el inicio de un nuevo año, el renacimiento de la primavera. Desde un punto de vista político la muerte de César marcaría el final y el comienzo de una nueva era que inicia Augusto. 

-Diosa del tiempo, Ovidio nos dice que es la Luna, o Temis, la madre de las Horas

Para algunos ella es la luna porque completa el año con los meses; otros creen que es Temis, y otros, que es la novilla de Ínaco.

Si nos fijamos en el calendario la fiesta se celebra en los idus de marzo que son el primer plenilunio del primer mes del año antiguo (el de Rómulo), por lo que nos da la visión de la luna en su apoteosis del año nuevo con lo que conlleva de renovación cíclica

Macrobio en Saturnales I, 12, 5 al hablar del mes de Marzo explicando los rituales de año nuevo nos aporta un dato importante:

Incluso en el mismo mes, tanto en público como en privado, se realiza un sacrificio a Anna Perenna, para que sea lícito pasar el año felizmente y durar perennemente.

Ut annare perennareque commode liceat

Tal como hemos visto en Ovidio se le pedía a la diosa, vivir tantos años como copas se bebían, de manera que querían igualar a Nestor (quien sobrevivió a tres generaciones)o a la Sibila (que vivió mil años), alcanzando el ideal representado por la pareja de ancianos bebidos que van en una romería/pompa.
Vino Shiraz cabernet 2009
Ellos simbolizan la eternidad que procura la diosa a través de la borrachera ritual que han alcanzado cada año con la han logrado una gran  longevidad, así pues  el vino sería la bebida mística que aporta la inmortalidad a los hombres, semejante a la ambrosía de los dioses.
La fiesta destaca sobre todo por la alegría desenfrenada, el júbilo, los cantos, bailes y las uniones sexuales. Este día la diosa lunar se muestra en su máximo esplendor y se le pide que facilite todo el año esta opulencia y la alegría.

-Diosa nutricia

Encontrarás, Ana, quienes te llamen la ninfa Azanida y digan que tú diste a Jupiter los primeros alimentos. También ha llegado a mis oidos la opinión que voy a relatar y que no dista de la creencia verdadera. La plebe antigua, cuando atin no te& la garantía de los tribunos, escapó y se instaló en la cima del Monte Sacro. Ya les faltaba también el alimento que habían llevado consigo y el trigo apropiado para las necesidades humanas.
De las Bovilas, un arrabal de la ciudad, era originaria una tal Ana, una vieja pobre, pero de grandes recursos. Con el pelo canoso ceñido por una mitra de poco peso, aderezaba tortas rústicas con sus manos temblonas, y de este modo, humeantes todavía, solía repartirlas entre el pueblo por la mañana, Tal abastecimiento resultaba grato a la gente. Cuando se hizo la paz en la ciudad, levantaron una estatua a Perenna por haberles ayudado  cuando estuvieron necesitados.


También se elevan los ruegos a Anna Perenna como diosa nutricia para que eternice su acción benéfica durante todo el año, que asegure el bienestar de la ciudad, representada en la narración de la anciana Anna de Bovilas que alimentaba  a la plebe durante la secesión al Monte Sacro con los pastelillos que ella realizaba

-Diosa de la fertilidad.

Para justificar las canciones indecentes que eran habituales en esta fiesta Ovidio nos cuenta la burla que Anna hace del dios Marte que pretendía a la diosa Minerva y se ve engañado por una anciana Anna que se hace pasar por una joven novia.

Ahora me queda por decir por qué  las muchachas cantan canciones obscenas; pues efectivamente se reúnen y cantan determinadas chocarrerías. 
Hacía poco que la habían declarado diosa. Gradivo se llegó a Ana y, llamándola aparte, tuvo con ella el siguiente coloquio: “Se te venera durante mi mes; he unido mi estación contigo; tengo grandes esperanza en el servicio que puedes hacerme. Portador da armas como soy, me abraso absorto en el amor de Minerva, portadora de armas, y desde largo tiempo alimento esta herida. Haz que ella y yo, dioses de funciones parejas, podamos unirnos.  Esta misión te cuadra bien a ti, amable vieja”. Esto dijo. Ella engañó al dios con una promesa vana y con sospechosas tardanzas daba largas a su necia esperanza. Ante la insistencia del dios, le dijo: «He realizado tu encargo; ella ha sido conquistada y al fin ha respondido a tus ruegos». El enamorado lo creyó y preparó la alcoba. A ella acudió Ana, como la novia que iba a casarse, con la cara cubierta. Al ir a darle un beso, Marte vio de pronto a Ana: ya la vergüenza de haber sido engañado, ya la rabia, le entró al dios.  La nueva diosa se rió del enamorado de su querida Minerva, y ninguna otra cosa fue más agradable a Venus que ésta. A partir de entonces se cantan chanzas antiguas y palabras obscenas y produce regocijo que Ana hubiese engañado a un gran dios.


Seguramente con fines apotropaicos eran habituales las expresiones obscenas asociadas a las ceremonias nupciales y a las ceremonias  de triunfo. También en esta fiesta las jóvenes virgenes cantaban canciones de este estilo. Sabemos que reciben la denominación de nupta verba las palabras que una joven no debía pronunciar, por lo que en esta fiesta se producía la violación de un tabú para aumentar el poder del ritual, el poder mágico de las obscenidades aumentaba por el hecho de ser dichas por jóvenes vírgenes, que no debían decirlas. Del mismo modo en los cortejos nupciales, Festo indica que eran los niños pueri, los puros, quienes decían las frases obscenas a la recién casada.


Nupta uerba dicebantur ab antiquis quae uirginem dicere non licebat, ut Plautus in Discolo (71) : Virgo sum; nondum didici nupta uerba dicere (Fest, p. 174 L).
La iniciación de la doncella incluía la revelación de las relaciones sexuales y las palabras relacionadas, que las no iniciadas aún desconocían.


Se ha pretendido ver en Anna la diosa protectora de las mujeres en su primera menstruación, a partir del verso de Marcial, IV,  LXIV, 16-17

y el fructífero bosque sagrado de Anna Perenna, que disfruta con sangre virginal


Et quod uirgineo cruore gaudet
Annae pomiferum nemus Perennae
Sin embargo parece que no es la  primera sangre menstrual sino que se trataría  más bien  de las primeras relaciones sexuales.
En un ambiente de alegría desenfrenada, bebida abundante, baile y música, canciones obscenas, no es de extrañar que algunas jóvenes perdieran su virginidad en el bosque de la diosa. Por magia simpática las uniones carnales despertarían la fecundidad de la propia tierra.

Evolución en el culto a ANNA PERENNA

Además su culto fue modificándose con el tiempo. Se pueden establecer diferentes fases, justificadas con pruebas arqueológicas halladas  fundamentalmente en la fuente de Anna Perenna descubierta  en 1999 en la plaza Euclide, en el distrito de Parioli de Roma y estudiadas por Marina Piranomonte.

  • Época augústea: Nos encontraríamos con la fiesta de primavera y de renovación anual de gran alegría que nos describe Ovidio. La costumbre de lanzar como señal de devoción monedas o diferentes objetos en los santuarios o lugares de culto en honor de la ninfa o diosa protectora del lugar está atestiguada también en esta fuente desde la época de Augusto hasta Teodosio.


  • Siglo II d. C. Además de lo anterior, debieron celebrarse certámenes o competiciones, cuyos vencedores dedicaban aras  a la diosa en agradecimiento.

Se han hallado tres inscripciones a las ninfas consagradas a Anna Perenna NIMPHIS SACRATIS ANNAE PERENNAE 
En dos de ellas se mencionan a las mismas personas, Suetonius Germanus y su esposa Licinia, que vencedores por segunda vez prometieron a Anna Perenna dedicarle un ara, lo que hacen el del 5 de abril de año 156 d.C.

Nymphis sacratis
Svetonius Germanus cum
Licinia coniuge
Annae Perennae votum
quod susceperant si se victo-
res statuerent aram mar-
moream se posituros, denuo
victores facti, votum me-
riti solvimus
Ded(icata) non(is) Apr(ilis), Silvano et Augurino co(n)s(ulibus).



Suetonius Germanus /nymphis sacratis/ Annae Perennae d(ono) d(edit).

La tercera es la dedicada por un liberto a las ninfas de Anna Perenna por la victoria de su patrón Caius Acilius Eutyches, se trata de una inscripción en versos senarios yámbicos.


Votum  sacratis quondam / Nymphis feceram,/ boni patroni meritis ob victoriam/ C(ai) Acili Eutychetis reddimus/et esse sanctas confitemnur versibus /aramque  gratis dedicamus fontibus/ Eutychides lib(ertus)


 No se sabe con exactitud a que tipo de competición se refieren o bien a beber más copas de vino que los demás participantes o bien a vencer en canto, baile, poesía, …

  •  Siglo IV d. C., Destaca la ofrenda de monedas y miniaturas votivas relacionadas con rituales de magia como un caccabus, un caldero de cobre, y 69 lucernas, la mayoría nuevas que han sido datadas por sus motivos decorativos desde el siglo IV al VI. En el interior de 22 de ellas se han encontrado defixiones, láminas de plomo enrolladas con mensajes de maldición grabados y 14 recipientes de plomo, sellados, que además de las inscripciones contienen figuras antropomórficas hechas de materia orgánica e introducidas cabeza abajo.





 Para conocer el interesante trabajo de la arqueóloga Marina Piranomonte sobre la Fuente de Anna Perenna y su relación con la magia negra os dejo dos enlaces, el primero en italiano con imágenes en blanco y negro, y el segundo en inglés y con imágenes a color.


Y tal como nos dice Ovidio que sea lícito pasar el año felizmente y durar perennemente.


Ut annare perennareque commode liceat!

dilluns, 12 de març de 2012

Ártemis Ortia. La διαμαστίγωσις

La indómita y agreste Ártemis griega, cuyo nombre, de origen no griego, aparece en las tablillas micénicas de Pilos como A-ti-mi-te (dativo) y A-ti-mi-to (Genitivo), es descendiente de la Gran Diosa Madre prehelénica, asociada a ella por su relación con los animales salvajes. Una Diosa Madre de la Fecundidad de la naturaleza y de los animales identificada también con la diosa minoica que en las tablillas micénicas aparece con el nombre de Potnia theron, Señora de los animales. En la cultura mediterránea se la representaba como una mujer obesa sentada o erguida y acompañada de animales salvajes. Esta tesis tiene su base en el culto de Ártemis en ciudades de Asia Menor, como Éfeso, y en la isla de Delos. La imagen que se veneraba en Éfeso muestra una diosa con múltiples senos, lo que entronca fácilmente con la Gran Diosa Madre. La heredera de la diosa prehelénica de la Fecundidad, carente de compañero fijo, pudo ser reinterpretada con facilidad como una diosa virgen.










Sus atribuciones clásicas presentan, sin embargo, aspectos contradictorios con lo expuesto: la diosa cazadora, pura ella misma y sus acompañantes, y defensora de la castidad se aviene mal con su antigua atribución de diosa de la Fecundidad. Es por eso que algunos estudiosos han considerado el sincretismo como explicación: una diosa cazadora fundida con una prehelénica Diosa Madre típica de la civilización asiático-egea (J. Chadwick cree que la Potnia fue conectada con el culto de la madre tierra, dominante a partir del Heládico Tardío sobre toda la religión egea, y supone que este culto continuó con una variedad de nombres en el período clásico. M. P. Nilson, por su parte, consideró que el papel de la Potnia en la religión clásica griega fue asumido por Atenea, Gea y Hera. Para otros sus funciones fueron asimiladas por Ártemis o Deméter: en el himno homérico a Afrodita, esta es seguida por las sagradas laderas del monte Ida por lobos, leones, osos y panteras que, bajo su hechizo se unen en sus guaridas; entre las tablillas micénicas de Pilos inscritas en lineal B, John Chadwick identificó una conteniendo la frase a-ta-na-po-ti-ni-ja: Ningún experto en griego podría leer la primera palabra sin dividirla en Athana potnia, Señora Atenea, casi un eco de la forma homérica, potni(a) Athenaie. Chadwick, J. (1976). The Mycenaean world. Cambridge University Press)

Ártemis, como espíritu de la naturaleza, cuida y protege a todos los animales que nacen, incluido el hombre (asiste a las mujeres en el momento del parto, igual que hizo con su madre Leto cuando parió a Apolo y, de la misma forma que cuida a los cachorros, se encarga del cuidado y educación de los niños), pero también los mata. Es el carácter bravío y solitario de la naturaleza, entendida en todo su esplendor. En Homero aparece como una diosa típicamente griega: lanzadora de flechas, caminando por las cumbres del Taigeto o del Erimanto, persiguiendo salvajes jabalíes y ciervos, pero también como potnia theron (Homero, Ilíada XXI.470) Finalmente, además, fue identificada con la Luna.

De todas estas atribuciones de la diosa surgen los numerosos epítetos con los que se la nombra. Y de ellos, nos interesa el de potnia theron que, identificada simplemente como Ὄρθια (o Λυγοδέσμα) en inscripciones de su santuario cerca de Esparta, fue absorbida por Artemisa como Artemisa Ortia. La imagen de culto de su altar era una antigua figura de madera, un xoanon. Como tal fue adorada en las cuatro poblaciones constitutivas de la Esparta original: Limnai, Pitane, Kynosoura y Mesoa. Su culto está probablemente precedido, cronológicamente hablando, por el culto de la divinidad políada de Esparta, Atenea Πολιοῦχος (protectora de la ciudad) o Χαλκίοικος (de la Casa de Bronce)

El culto de Ortia, originalmente perteneciente a una religión preantropomórfica y preolímpica., se dirige a su xoanon, considerado maléfico. Pausanias cuenta que su imagen, originaria de Táuride, fue robada por Orestes e Ifigenia. Volvía locos a los que la encontraban y hacía matarse a los espartanos que le ofrecían sacrificios. Sólo la intervención de un oráculo permitió domesticar la estatua: se derramaba sobre el altar la sangre de sacrificios. El legislador Licurgo los remplazó por la flagelación ritual de los efebos, la διαμαστίγωσις.


El lugar llamado Limneo es el santuario de Ártemis Ortia. La imagen de madera es, según se dice, la que Orestes e Ifigenia robaron en otro tiempo en Táuride… Un día que los de Limnai, de Cinosura, de Mesoa y de Pitane sacrificaban a Ártemis, se pelearon, se llevaron golpes mortales y mancharon de sangre el altar de la diosa. Inmediatamente se desencadenó una peste terrible. Un oráculo consultado ordenó que el altar fuese rociado de sangre humana. La suerte recayó sobre un hombre que fue inmolado; pero Licurgo sustituyó este uso por el de flagelar a los jóvenes, de manera que el altar de Ártemis está con regularidad ensangrentado. La sacerdotisa asiste a la ceremonia sosteniendo la imagen de madera de la diosa. La imagen es plana y ligera; pero si los flageladores obran demasiado suavemente, en virtud de la belleza o de la nobleza de los jóvenes, la imagen se convierte en tan pesada que la sacerdotisa apenas puede sostenerla y denuncia a los flageladores, diciendo que su inercia pesa sobre ella. Así, el gusto por la sangre humana ha quedado unido a esta estatua desde el día en que se le ofrecieron víctimas en tierra táurica. Llaman a esta imagen Lygodésma (es decir, atada de mimbre), o bien Orthia (de pie), porque fue descubierta entre unas matas de mimbre y las ramas entrelazadas a su alrededor la mantuvieron de pie.

Pausanias, III, 16, 10


Artemisa era invocada como Λυγοδέσμα (en el lazo de mimbre), nombre que, como hemos visto, para Pausanias se explica porque se habría encontrado el xoanon en un matorral de mimbre, que mantuvo a la estatuilla orthia, es decir derecha. Su culto comprendía, además de la flagelación, danzas individuales de jóvenes y danzas de coros de chicas. Para los chicos, el premio del concurso era una hoz, lo que hace suponer que se trataba de un rito agrario.


ἦλθον μὲν εἰς Σπάρτην ἀμφότεροι (Θησεὺς καὶ Πειρίθοος) καὶ τὴν κόρην ἐν ἱερῷ Ἀρτέμιδος Ὀρθίας χορεύουσαν ἁρπάσαντες ἔφυγον· τῶν δὲ πεμφθέντων ἐπὶ τὴν δίωξιν οὐ πορρωτέρω Τεγέας ἐπακολουθησάντων, ἐν ἀδείᾳ γενόμενοι καὶ διελθόντες τὴν Πελοπόννησον ἐποιήσαντο συνθήκας, τὸν μὲν λαχόντα κλήρῳ τὴν Ἑλένην ἔχειν γυναῖκα, συμπράττειν δὲ θατέρῳ γάμον ἄλλον. [3] ἐπὶ ταύταις δὲ κληρουμένων ταῖς ὁμολογίαις ἔλαχε Θησεύς· καὶ παραλαβὼν τὴν παρθένον οὔπω γάμων ὥραν ἔχουσαν εἰς Ἀφίδνας ἐκόμισε· καὶ τὴν μητέρα καταστήσας μετ' αὐτῆς Ἀφίδνῳ παρέδωκεν ὄντι φίλῳ, διακελευσάμενος φυλάττειν καὶ λανθάνειν τοὺς ἄλλους. Plut. Thes.31, 2


La presencia de exvotos atestigua la popularidad del culto: máscaras de arcilla representaban a ancianos u hoplitas, así como figurillas de de terracota mostrando a hombres y mujeres tocando la flauta, la lira o los címbalos, o montando a caballo.


Entre los rituales ofrecidos a la diosa, el más cruel y conocido es la singular ceremonia de la διαμαστίγωσις. M. A. Thomsen (Anton Thomsen, Orthia, Copenhague. 1902. Análisis detallado en alemán, publicado por M. S. Wide, Berl. Philol. Wochenschrift, 1903, p. 1230) intenta aportar una nueva visión y una explicación más plausible que aquellas que nos han llegado ya desde la antigüedad:


Plutarco, Licurgo 18, relata:


Con tal diligencia hacían los muchachos estos hurtos, que se cuenta de uno que hurtó un zorrillo y lo ocultó debajo de la ropa, y despedazándole este el vientre con las uñas y con los dientes, aguantó y se dejó morir por no ser descubierto; lo que no se hace increíble aun respecto de los jóvenes de ahora (circa 120 aC.), a muchos de los cuales hemos visto desfallecer aguantando los azotes sobre el ara de Ártemis Ortia.

En Instituciones de los Lacedemonios, 40:


Los jóvenes espartanos son flagelados durante todo un día sobre el altar de Ártemis Ortia y con frecuencia persisten hasta la muerte con un aire de alegría y de arrogancia, rivalizando a ver quién soportará los golpes más pacientemente y durante más tiempo. El vencedor es rodeado de una estima particular. Este concurso se llama la flagelación y se celebra cada año.

En Luciano, Anacarsis, 38, leemos:

O cuando, en especial, veas a los jóvenes flagelados cerca del ara manar sangre, y a los padres y madres presentes no compadecerlos, sino gritarles si no aguantan los golpes y animarlos a aguantar el tormento tanto como puedan y resistir el dolor. Muchos han muerto en esta prueba porque no querían, si no en el último aliento, mostrar flaqueza a los ojos de sus padres ni ceder al dolor del cuerpo: de estos, verás sus estatuas erigidas por Esparta y públicamente honradas. Cuando veas, pues, estas cosas no vayas a creer que están locos ni digas que se martirizan sin necesidad, sin un tirano que los obligue, sin un enemigo que lo ordene. Porque sobre esto Licurgo, su legislador, te diría muchas y buenas razones, y con qué objetivo los golpea, no por enemistad, ni por odio, ni por destruir inútilmente la juventud de la ciudad, sino porque él cree que así serán más fuertes y despreciarán cualquier tormento aquellos que deben defender la patria. Y aún cuando no lo dijera Licurgo, comprendes por ti mismo que, si alguno de ellos es hecho prisionero en la guerra, nunca revelará el secreto de esparta por muchos tormentos que el enemigo le haga pasar, sino que, riéndose, desafiará a quien lo flagela a probar quién se cansa antes.

En el diálogo de Luciano, Anacarsis no se deja convencer por Solón y encuentra ridículo ser flagelado desnudo sin que eso sea útil a nadie.

Anacarsis: No por eso, sino porque parece que sepas lo que es ser flagelado desnudo, con los brazos levantados, sin ninguna utilidad privada o pública. Por lo que, si alguna vez voy a Esparta en tiempos de esta ceremonia, seguramente me lapidarán, porque no podré aguantar la risa viéndolos fustigarse como ladrones o algo parecido. Me parece que de verdad necesitarían una buena dosis de eléboro estos espartanos que se maltratan entre ellos de esa manera.

Es Luciano, de forma intuitiva y por medio de Anacarsis, el que pone en entredicho la explicación utilitaria de este uso, aunque no sabe reconocer que debajo sobrevive una vieja superstición y no un simple capricho de perturbados.

Se ha intentado explicar la flagelación espartana como una atenuación de los sacrificios humanos que estaban prescritos en el culto a Ártemis entre los escitas de la Táuride:


Los lacedemonios, dice Apolonio de Tiana en la obra de Filóstrato, han modificado ingeniosamente el carácter implacable de este sacrificio; lo han reemplazado por una prueba de coraje, en la que nadie resulta muerto, pero en la que el altar de la diosa no está menos rociado de sangre. (Filóstrato, Vit. Apoll., VI, 20, 2.)


Según dice, los jóvenes no sucumbían al látigo; Plutarco y Luciano, pues, han exagerado mucho, o han generalizado, un accidente aislado.


Pausanias (III, 16, l0), como Filóstrato, identifica esta Ártemis Ortia de Esparta con la Ártemis sanguinaria de los escitas, tal y como hemos leído en el texto anteriormente citado.


En otro pasaje (VIII, 23, I), Pausanias cuenta que hay en Alea, en el Peloponeso, un santuario de Dioniso, en el que, en una fiesta que se celebra cada dos años, las mujeres son flageladas, como los efebos espartanos ante la estatua de Ortia. Este rito se practica para obedecer a un oráculo.


En los textos que hemos citado, hay dos cosas: la constatación de un uso, que es un hecho histórico, y la hipótesis del origen escita del culto, en el que la flagelación ha sustituido al sacrificio humano. La hipótesis no tiene base alguna, primero porque no hay trazas serias de la influencia de los cultos escitas en Grecia, después, y sobre todo, porque la sustitución, así practicada, sería absurda. En lugar de la víctima humana, se hubiera podido flagelar a uno o dos niños hasta llegar a hacerlos sangrar, escogidos, incluso, entre los que hubieran cometido faltas graves; no era necesario llegar a extremos tan duros.



Los estudiosos se dividen entre dos opiniones: los que siguen la explicación de Pausanias y Filóstrato, admitiendo la flagelación como sustituto de la inmolación; y los mucho más numerosos que opinan que Luciano pone en boca de Solón, en relación a la virtud de los lacedemonios, la alta estima en que tenían la fortaleza física y el valor y el esmero que ponían en mantener la tradición.


Relacionado con la flagelación ritual, hay un estudio de Mannhardt (Mythol. Forschungen (1884), p. 72 y sig) sobre las Lupercalia que pone de manifiesto algunos elementos comunes entre ambos rituales:

- los jóvenes espartanos son azotados con varillas de mimbre y la diosa que preside la ceremonia es, ella misma, la diosa del mimbre (Lygodesma, del griego lygos, mimbre)

- con tiras de cuero de macho cabrío los lupercos golpeaban a las mujeres romanas y la diosa que preside la ceremonia, dea Luperca, participa a la vez de dos naturalezas: la de loba y la de cabra (lupus, hircus)

Por tanto, el objeto de la flagelación es el de hacer pasar al cuerpo del que la sufre la fuerza y la vitalidad, según el caso, del árbol o del animal, que, probablemente, sería un antiguo tótem. Visto así, parece que la ceremonia no es otra cosa que una vieja forma de comunión con la divinidad bajo el prisma de la superstición, que, como es bien sabido, conoce otras formas de absorber y de asimilar la energía de un árbol, de un animal, de la misma tierra… _ por ejemplo, pasando por la cavidad de un roble, vistiendo la piel de un lobo o un perro, tendiéndose sobre la tierra (como los de Selles en el Epiro en tiempos de Homero, que se acostaban sobre la tierra y no se lavaban nunca los pies. Esto forma parte de la superstición de todas las épocas. En el siglo XVII, la duquesa de Alba, alarmada por el estado de salud de su hijo, hizo pedir a los monjes de Madrid algunas reliquias. Obtuvo un dedo de san Isidoro, lo hizo machacar y se lo hizo tomar a su hijo, una parte en poción, otra parte en clistel. (Louville, Mémoires, t. II, p. 107) Así, el rito espartano no sería una prueba de dureza ni la sustitución de un sacrificio humano, sino un rito de comunión, un sacramento que remontaría a una época infinitamente lejana en que florecería el totemismo vegetal.


Los usos persisten y es el progreso intelectual y religioso el que periódicamente los modera. En la época de Heródoto, o incluso anterior, los espartanos creían, seguramente de buena fe, que flagelaban a sus niños para inspirar en ellos el desprecio al sufrimiento y endurecerlos ante el dolor. Pero, precisamente porque creían esto, no puede ser esta la explicación real y primitiva sin lo cual la evolución de las ideas, en contraste con el estancamiento de los ritos, sería una expresión vana. Incluso hoy en día, podemos constatar un cambio parecido respecto a la primera comunión de los niños. El hecho mismo de la comunión, de la deglución de la hostia consagrada, está solo en la superficie, el fondo es otro, según la observación de M. Samuel Wide: el paso de la infancia a la adolescencia, la llamada de la responsabilidad, que las exhortaciones del sacerdote vuelven más sensibles. Se podrían citar otros ejemplos sacados de los ritos funerarios y matrimoniales.

La idea de que la flagelación endurece o santifica parece que surgió en la Edad Media, con concepciones tan primitivas y salvajes que la aristocracia greco-romana habría tenido el error de creer muertas y olvidadas. No se trata de la flagelación considerada como un castigo disciplinar, ordenada por san Cesáreo en 508 contra las religiosas, sino de la flagelación voluntaria, cuyos ejemplos se multiplican desde el siglo XI. El teólogo galicano Bergier escribió: Quien más célebre se ha hecho por las flagelaciones voluntarias es santo Domingo el encorazado, así llamado por una cota de malla que llevaba siempre y que no se quitaba si no para flagelarse. Su piel se ha hecho parecida a la de un negro; no solo quería expiar así sus propios pecados, sino borrar los de los otros. Se creía entonces que veinte salterios recitados, mientras se aplicaba la disciplina, pagaban cien años de penitencia. Esta opinión estaba bastante mal fundada y ha contribuido a la relajación de las costumbres.


Los flagelantes creían sin duda que la flagelación constituía una expiación; pero también es una idea secundaria que recubre mal un fondo más antiguo y más bárbaro. Los reyes, los papas y la inquisición de finales de la Edad Media persiguieron encarnizadamente a los flagelantes porque adivinaban un fondo de herejía en sus prácticas. En otra cita, Bergier dice: Hacia el año 1348, cuando la peste negra y otras calamidades habían desolado Europa entera, el furor de las flagelaciones resurgió en Alemania. Los que se dejaron llevar se agrupaban, dejaban sus casas, recorrían pueblos y ciudades, exhortaban a todo el mundo a flagelarse y daban ejemplo. Enseñaban que la flagelación tenía el mismo valor que el bautismo y los demás sacramentos; que, por medio de ella, podían obtener la remisión de sus pecados, sin la ayuda de los méritos de Jesucristo; que la ley que él había dado debía ser pronto abolida y dar paso a una nueva, que ordenaba el bautismo de sangre, sin el cual ningún creyente podría salvarse… Clemente VII condena esta secta; los inquisidores entregan al suplicio a algunos de estos fanáticos; los príncipes de Alemania se unen a los obispos para exterminarlos; el rey Felipe de Valois impide que entren en Francia. (Dictionnaire de théologie, éd. de 1789, t. Ill, p. 448. –en Madrid, en el siglo XVII, se veía a los flagelantes añadir a sus disciplinas (látigos) cintas regaladas por sus señoras. Estas damas los veían, desde sus ventanas, castigar su carne en plena calle y los alentaban a despellejarse vivos: Cuando se encuentran con una mujer hermosa, se golpean de tal forma que la sangre la rocía; es este un gran honor y la dama, reconocida, lo agradece. (Mme d’Aulnoy, Lettres d’Espagne, t. I. p. 304.) Nos encontramos ante una modificación galante del uso espartano, adornada con la idea española del pundonor; pero el hecho de las cintas atadas al látigo y el de las damas buscando ser salpicadas de sangre tienen un carácter a todas luces arcaico y salvaje, ciertamente anterior al cristianismo


Anacarsis, según dice Luciano, se contenta con prescribir a los espartanos algunos granos de eléboro, para curarlos de su locura flagelante; la iglesia de la Edad Media erige patíbulos y enciende hogueras. Sin embargo, la Iglesia conserva celosamente lo que, en el cristianismo de los Padres de la Iglesia, al pensamiento libre le parece una supervivencia, más o menos atenuada, de viejas ideas místicas y salvajes.