dilluns, 20 de desembre de 2010

IO SATURNALIA


Pronto empezará un nuevo año y por si queréis seguir día a día las festividades griegas y romanas que están por venir con él en un kalendarium MMXI os recordamos nuestro trabajo cuyas características podéis ver en este enlace.


Queremos desearos a todos unos agradables días de descanso y un feliz y própero Año Nuevo 2011. Esperamos poder seguir acudiendo a nuestra cita semanal en el hortus y que disfrutemos de vuestra visita.

¡Nos vemos el año que viene!



diumenge, 19 de desembre de 2010

Sigillaria y Saturnalia


En estos días en que nos encontramos en Roma se celebraban las Saturnalia (del 17 al 23 de diciembre). Los últimos días eran los de la fiesta de las Sigillaria, término con tres acepciones: las fiestas, los regalos propios de estas fiestas y el mercado. Vamos a verlo pues, por partes.




I. FIESTA,
se caracteriza por hacer regalos de sigillaria (muñecos de terracota) sobre todo a los niños y cerei, velas, principalmente a los patronos.

1. Duración

En Macrobio Saturnalia, 1, 10, 23-4 leemos una conversación durante las saturnales en casa de Vettius Praetextatus quien resalta la gra
n popularidad de la fiesta de las Saturnales y las Sigillaria desde la época de César por la que se aumentó su duración hasta los siete días (del 17 al 23 de diciembre)
23. Considero que ya hemos probado suficientemente que las Saturnales solían celebrarse en un sólo día, el decimocuarto día antes de las calendas, pero que después se prolongaron por espacio de tres días: en primer término debido a los días añadidos a este mes por César; en segundo, debido a un edicto de Augusto en el que añadió a las Saturnales fiestas por tres días. En consecuencia, iniciadas el día decimosexto, acaban el decimocuarto, único día en el que habitualmente antes se habían celebrado. 24. Mas añadida la celebración de las Sigilares se extendió la agitación pública y la felicidad de la celebración hasta el séptimo día.

2. Origen. Praetextatus (Macrobio Sat, 1.46-509) argumenta que su origen está en las estatuillas que como ofrenda expiatoria se entregaban a Saturno, tras descartar la explicación que hace a Hércules su creador.

46. Ahora he de pasar revista con pocas palabras a las Sigilares para que no pienses que he dicho que son más dignas de risa que sagradas. 47 Epicado, cuenta que Hércules, una vez muerto Gerión, conducía victorioso el ganado a través de Italia; desde un puente dispuesto para la ocasión que ahora se denomina Sublicio arrojó al río tantas estatuillas de hombres como el número de compañeros que había perdido en los azares del viaje, para que después que la corriente de agua llegara al mar, retornaran a las sedes paternas en lugar de los cuerpos de los difuntos. En lo sucesivo se mantuvo el hábito de realizar esas estatuillas en las ocasiones sagradas. 48. Ahora bien, considero que es más veraz aquel origen de este asunto que poco antes he referido: los pelasgos, después que una interpretación más propicia designó cabezas, no de personas vivas, sino de barro y que la traducción de phôta no sólo era hombre, sino también antorcha comenzaron a encender velas a Saturno y a llevar al santuario de Dite, que estaba junto al altar de Saturno, algunas figuritas en lugar de sus cabezas. 49 A partir de ahí se trasmitió que se intercambiaran velas en las Saturnales, que se modelasen en barro estatuillas y se dispusieran a la venta con las que los hombres hicieran un sacrificio propiciatorio a Saturno a favor de los suyos y de sí mismos en lugar de a Dite. 50. Por ello para las Saturnales la animación de tales comercios se prolonga siete días, lo que provoca que éstos sean ociosos, pero no todos solemnes.


3. Vinculación con la infancia

En la conversación (op. cit.11.1) Evangelos dice que estas fiestas eran propias de niños que andan a gatas
Pretende que las Sigilares que ofrecen diversión con sus figuritas de arcilla a la infancia que todavía gatea, sean adscritas a una práctica religiosa.

La vinculación de esta fiesta con los regalos infantiles la encontramos también en Séneca, Epistolas a Lucilio, 12, 3

Soy yo, Felicio, tu pequeñuelo, tu favorito, a quien solías regalar estatuillas, soy el hijo de tu mayordomo Filostio.
y en Suetonio, Claudio V:
Su tío Tiberio le concedió, a petición suya, los ornamentos consulares, pero como instaba para obtener en seguida el consulado, le escribió por toda contestación: Te mando cuarenta piezas de oro para las Saturnales y Sigilarias

II. LOS REGALOS eran las estatuillas de arcilla o sigilla, que dan nombre al festival.
Por sigillum (diminutivo de signum) se hace referencia a toda estatuilla de divinidades, hombres o animales y también al material con fines religiosos, decorativos y funerarios que podemos encontrar en los santuarios como exvotos o en las tumbas como ofrendas a los difuntos cuyos ejemplares más celebres son los de Tanagra.

Pero en estas fiestas no son los únicos regalos hay además libros, vajillas, perfumes, alimentos, ropa y obras de arte. Marcial, VII, LIII nos presenta muchos de los regalos de las Saturnales, por ejemplo los que recibe de Umbro
Me enviaste en los Saturnales, Umbro, todos los regalos que te habían acumulado esos cinco días. Dos juegos de seis trípticos y siete mondadientes. A esto se añadió la compañía de una esponja, una servilleta, una copa, medio modio de habas, con un cestito de olivas del Piceno y una frasca de negro arrope de Laletania. Y junto con unas ciruelas pasas vinieron unos pequeños higos de Siria y una orza pesada debido a la cantidad de higos de Libia. Creo que escasamente costarían treinta sestercios todos los regalos que trajeron ocho hombretones sirios. ¡Cuánto más cómodamente pudo traerme sin ningún trabajo cinco libras de plata un esclavo!
En su libro XIV, Apophoreta, Marcial se centra en los regalos de Saturnales, entre los que menciona cuatro figuras realizadas en arcilla (una máscara, Hércules, jorobado y Bruto).

CLXXI, Bruto
La gloria de tan pequeña estatuilla no es oscura; de ese niño, Bruto era el amante.

CLXXVI, Máscara
Soy, entretenimiento de un alfarero, la máscara de un pelirrojo bátavo. Esta cara de la que tú te burlas un niño la teme.

CLXXVIII, Hércules
Soy frágil; pero tú, te lo advierto, no desprecies la estatuilla. No le da vergüenza al Alcida de llevar mi nombre.

CLXXXII, Jorobado
Borracho dio a las tierras, pienso yo, estos monstruos Prometeo. Con el barro saturnalicio ha jugado hasta él.

Otro testimonio de los regalos de las saturnales leemos en Suetonio sobre Augusto,(Aug. 75) que hacía donaciones y subastas
LXXV. Celebraba las fiestas y solemnidades con gran magnificencia, pero a menudo no buscaba en ello más que ocasión de burlas. Así, en las Saturnales y en otras épocas, a elección suya, enviaba a sus amigos regalos, consistentes en vestidos, oro, plata, monedas procedentes de todas partes, antiguas piezas del tiempo de los reyes o de fabricación extranjera, telas groseras, esponjas, pinzas, tijeras y otros objetos del mismo género, con inscripciones obscuras y de doble sentido. En sus comidas hacía sortear lotes de valor muy desigual, o bien ponía en venta cuadros vueltos al revés, depediendo del azar que se realizaran o frustraran las esperanzas del comprador. Para cada cuadro existía una licitación, y los convidados se comunicaban unos a otros su buena o mala fortuna.


Estos regalos de saturnales llegaron a ser tan caros que según Macrobio 1, 7, 33 un tribuno había presentado una ley por la que se prohibía hacer otros regalos que no fueran los cerei o sigillaria.
Muchos con ocasión de las Saturnales exigían por avaricia de sus clientes regalos exagerados y aquella carga gravaba a los más débiles, el tribuno de la plebe Publicio estableció que no se intercambiaran con los más ricos salvo velas.

III. EL MERCADO ESPECÍFICO, pues Sigillaria era también el nombre del barrio de Roma donde se fabricaban y vendían estas figuritas en el que habitaban también muchos libreros. Leemos en Aulo Gelio dos menciones a libros comprados en este barrio.
Noches Áticas 2, 3, 5: Un día recuerdo que Fido Optato, un gramático de mucho renombre en Roma, me mostró unantiguo ejemplar del libro segundo de La Eneida, que había comprado por veinte aureos en el barrio de las Sigilarias.

Noches Áticas 5, 4, 1: Encontrándome un día en una librería del barrio de las Sigilarias con uno de los hombres más eruditos de nuestro tiempo, el poeta Julio Paulo(...)

También se podían comprar otros objetos, como objetos artísticos de plata, vemos en Suetonio, Claudio 16, 4

Se advirtió también, entre otras singularidades de su censura, que hizo comprar y romper públicamente un carro de plata de maravilloso trabajo que habían puesto en venta cerca de las Sigilarias, y que en un solo día publicó veinte edictos, entre los cuales había uno que disponía embrear bien toneles atendiendo a que habría mucho vino aquel año; y otros que aconsejaba el jugo del tejo como eficaz remedio contra la mordedura de víbora.

Debía ser un lugar muy concurrido en estas fechas pues el sitio elegido por Nerón para pasearse con Sporo, con quien se había casado, según nos cuenta Suetonio Nero 28.2;

Vistió a este Sporo con el traje de las emperatrices, se hizo llevar con él en litera a las reuniones y mercados de Grecia y durante las fiestas sigilarias de Roma, besándole continuamente.
La ubicación exacta es desconocida pero se cree que debió ser in porticu Agrippiana y posteriormente in porticu Traianarum thermarum, por la mención que aparece en las Sátira VI de Juvenal:
En el mes del frío, cuando Jasón metido a mercader queda encerrado y la blanca tienda estorba a sus marineros armados, ella se lleva enormes vasos de cristal de roca, los mayores de ágata también y además un diamante celebérrimo y que le sale más caro por haber estado en el dedo de Berenice.
Según el comentario a esta sátira parece que se montaba en el campo de Marte el mercado callejero de las Sigillaria, en el que los puestos y tiendas tapaban a la vista unas pinturas murales del Pórtico de Agripa que representaban a Jasón y los argonautas. La figura de Jasón sobresaldría sobre las cabezas de los comerciantes como uno más, y sus marineros, representados en actitud de marcha, parecen estorbados por los tenderetes.

Así pues hay otro rasgo en común entre las Saturnalia y nuestras fiestas de Navidad, los mercaditos en los que puedes comprar desde una figurita para el belén , adornos de decoración , libros o juguetes... un poco de todo.

TALLE
R DE SIGILLARIA


Os proponemos ahora una sencilla actividad didáctica sobre este apartado de las sigillaria, con el que podéis completar la recreación de las Saturnalia, o bien, plantearlo como una unidad independiente.

Estas fotos son un documento histórico, el taller de navidad del curso 2006-2007 en el instituto antiguo de Cheste.
Sobre las mesas están sus magníficas sigillaria.




Necesitaremos los materiales siguientes:

-pasta de modelar de la que se seca al aire y no hace falta hornear.
-rodillo
-palillos
-moldes para galletas con diferentes formas.
-cordón símil cuero.



Repartimos la pasta de modelar a cada alumno para que según sus habilidades elabore una figurita. Se les facilita material gráfico para orientarles en la imagenes anteriores vemos dados, fichas de juego, una paloma, un caballo, dos jarrones, una pequeña lucerna y una bulla. En la otra imagen hay tres tintinnabula como el de Mérida. (Más información sobre el tintinnabula de Mérida, aquí)

Si queremos hacer algo más sencillo podemos recurrir a los moldes para galletas con diferentes formas de estrella, corazón, osito, luna,...

El proceso sería:
1. Cubrimos la superficie de trabajo con plástico para que sea más fácil quitar después la pasta.
2. Con el rodillo amasar una porción de pasta de modelar procurando que quede la superficie fina y de igual grosor.
3. Insertar los moldes con las formas deseadas en la pasta.



4. Desmoldar con cuidado y hacer el agujero para el cordón. Mientras está húmeda pueden poner su nombre, la fecha, las iniciales...y después dejar secar.


5. Una vez seca como esta pasta admite la pintura podemos pintar los colgantes o dejarlos en el tono natural. Les ponemos el cordón de cuero y ya tenemos nuestras sigillaria personalizadas.

Finalmente con nuestros trabajos envueltos como regalos podemos recrear un sorteo de los habituales estos días siguiendo las recomendaciones de Charo Marco en su blog De Re Coquinaria sobre los apophoreta.

Esperamos que os resulte útil

Plurimam salutem!!

diumenge, 12 de desembre de 2010

LAS PROCESIONES

En época homérica, cuando el mundo griego se regía todavía por la cultura aristocrática, las procesiones eran únicamente cortejos fúnebres destinados a acompañar al muerto al crematorio y sepultar sus cenizas. Sólo en el marco de la polis, en época arcaica y clásica (finales del siglo VIII-IV aC), con sus propias instituciones ya implantadas, empezó a dársele importancia a la procesión y adquirió el valor que acabaría teniendo, erigiéndose en el exponente principal de la vida pública de la ciudad como colectividad humana.

De todas formas, la procesión no es más que la primera de las tres fases que conformaban el ritual de la festividad: procesión, sacrificio y agón. Podía pasar también que la festividad requiriese una vigilia, una preparación, conocida en el lenguaje ritual con el nombre de pannychís. Si faltaba uno de los tres elementos, el primero, la procesión, quedaba desvirtuado y debía cambiársele el nombre o ir acompañado de algún calificativo: procesión mágica, carnaval, etc. Es el caso de algunos de los cortejos de época arcaica asimilados más tarde a festivales de mayor envergadura, con lo cual entraban a formar parte de auténticas procesiones como actos de culto: por ejemplo, los cortejos que llevaban en andas un enorme falo con acompañamiento de un séquito de bacantes fueron incorporados a las Dionisíacas Mayores.

La procesión griega no constituye un acto de culto religioso en líneas generales, sino más bien la preparación o la marcha hacia el mismo y, de hecho, conviven procesiones de acentuado espíritu religioso, como la que iba de Atenas a Eleusis, con otras de carácter cívico, como las Grandes Panateneas. Era el espejo en el que se mostraba y miraba la ciudad: los ciudadanos, distribuidos en grupos significativos, se jerarquizaban y mostraban su cohesión ante los hombres, pero también ante la divinidad a la que estaba dedicada la fiesta. La procesión, además, marca el territorio ritual de la ciudad y la mayor importancia del centro con respecto a la periferia_ la importancia y el dominio político de Atenas, la ciudad principal, respecto de las periféricas bajo su poder administrativo.

La ciudad misma se presenta como el marco por excelencia de la vida religiosa. Sus santuarios y sus cultos atraen el interés del ciudadano, que, sólo en la medida en que participa de sus creencias comunes, se siente parte y miembro del cuerpo cívico. Tal y como reza el juramento de los efebos, s. IV_ Combatiré para defender los santuarios y la ciudad..., Honraré los cultos ancestrales,..._ la patria, para el ciudadano, era primeramente la religión transmitida por sus antepasados y por ello daban tanta importancia a las grandes ceremonias sagradas, en virtud de las cuales tenían el sentimiento de participar de una manera activa y completa en la vida de la ciudad en lo que tenía de esencial y más precioso.

La más antigua representación plástica de una procesión, o al menos de un rito que presenta formas procesionales, la constituye el sarcófago de Hagia Triada, del 1300-1400 aC. Se trata de un sarcófago de cuatro caras de piedra caliza pintado con la técnica del fresco y que presenta escenas de una procesión en movimiento al son de la música, con transporte de ofrendas, objetos de culto y víctimas sacrificiales.

En la cara A puede verse una escena con tres hombres portando ofrendas, consistentes en animales y una maqueta de un barco, ante un sacerdote o un dios o, incluso, el mismo difunto (la imagen presenta un hombre rígido y sin brazos y hay varias interpretaciones al respecto) delante de su tumba. Detrás se ve el árbol de la vida. La otra escena presenta tres porteadoras. Una de ellas, posiblemente una sacerdotisa, se dirige, para hacer una libación, hacia una gran crátera situada entre dos árboles, o columnas, coronados con la doble hacha minoica (labrys) y pájaros, que representan a la diosa pájaro cretense _el pájaro es, desde el Paleolítico, el mensajero de la distancia vasta e incomprensible y, por lo tanto, de todo el mundo invisible. Los minoicos lo tomaron para hacer de él la imagen suprema de la Epifanía, del mostrarse de la divinidad.


En la cara B se ve el ritual del sacrificio de un toro: atado con cuerdas sobre la mesa de sacrificio frente a un altar adornado con los cuernos de consagración y un pequeño árbol junto a un labrys con un pájaro. A la derecha, una mujer se prepara para la ceremonia y un joven aparece tocando el aulos.









En una de las caras laterales aparece la pareja de difuntos sobre un carro tirado por dos grifos y en la otra, por dos caballos. Otra interpretación presenta estos personajes como dioses o personas notables desfilando en carros, es decir, como asistentes prestigiosos a la procesión.


diumenge, 5 de desembre de 2010

Los clientes y su jornada diaria



Un cliente es un ciudadano libre rico o pobre que acude diariamente a rendir homenaje al padre de familia y que se proclama públicamente como su cliente para beneciarse de su situación e influencia. Este protector puede ser a su vez cliente de otro más influyente, del mismo modo que un cliente puede tener varios patronos o protectores.

Se pueden distinguir cuatro clases de clientes:

  • aquellos interesados en hacer carrera política y que tienen la protección de su patrono
  • los hombres de negocios con intereses comerciales serán favorecidos por la influencia política del patrono, quien seguramente se beneficiará como un socio más.
  • los poetas, filósofos, que sobreviven gracias a las limosnas del patrono
  • y los que aún siendo ricos, desean figurar en el testamento del patrono como beneficiarios en agradecimiento a sus atenciones.

Marcial 12, XXIX, (XXVI) nos habla de las desigualdades entre clientes, en concreto entre un senador y él mismo que cumpliendo con sus obligaciones de clientes no reciben las mismas compensaciones.

Como te trillas innumerables umbrales por la mañana siendo senador, te parezco ser un caballero dejado, porque no corro de un lado para otro con las primeras luces por la ciudad y no me llevo, cansado, miles de besos de vuelta a casa. Pero tú [lo haces] para agregar nombres nuevos a los fastos purpúreos (1), o para dirigirte (2) a los pueblos de los nómadas o de los capadocios; en cambio yo, a quien obligas a interrumpir el sueño a mitad y a soportar y a padecer el barro matinal ¿qué busco? Cuando mi pie sin rumbo se me sale del zapato roto y me cae un súbito chaparrón de agua gorda (3), y no llega mi esclavo, llamado a gritos después de quitarme el manto, se acerca tu esclavo a mi oreja helada y me dice: “Letorio te invita a cenar con él”. ¿Por veinte sestercios? Yo no voy; prefiero el hambre a tener yo una cena como recompensa y tú tener una provincia y que hagamos lo mismo y no ganemos lo mismo.

1. Consulares

2. Como gobernador.

3. Aguas negras que se arrojaban por las ventanas al grito de “¡agua va!”.

La jornada

Debía levantarse muy temprano, a veces aún de noche y vestido con la toga recorrer largas distancias. Una vez ante la puerta del patrono se reúne cada mañana un variopinto grupo de personas togadas para cumplir el rito del saludo matinal, la salutatio matutina.

La acogida a los salutatores dependía de su condición social, no de su orden de llegada. Desde la puerta se les dividía en dos clases eran: primae et secundae admissionis. Séneca en su tratado De beneficiis VI, XXXIV, 2, nos informa de que los primeros que establecieron un orden en la salutatio fueron Graco y Livio Druso:

Los primeros que entre nosotros usaron dividir la turba de sus paniaguados fueron Graco y Livio Druso, recibiendo a unos en secreto, a otros oyéndolos entre muchos y a otros con todos; y así se puede decir de ellos que tuvieron amigos primeros y segundos, pero no verdaderos. ¿Amigo llamas a aquel cuya entrada en tu casa ha de esperar la tanda de la lista?

  • Primae admissionis eran los amigos personajes de renombre que podían ser recibidos individualmente o en pequeños grupos en una sala cerrada aparte.
  • Secundae admissionis, eran el resto de clientes que eran recibidos en el atrio, simplemente desfilaban delante del patrono quien a veces ofrecía la mano, o bien contestaba repitiendo el nombre del cliente que le recordaba cada vez el nomenclator, o no respondían al saludo de los clientes quienes le llamaban rex, dominus. El saludo sería: ave domine!, ave rex!

También en esto Marcial Libro I, CXII da una pincelada de humor, pues deja de llamar señor a su patrono por su tacañería y abandonando el tratamiento de rey vuelve a llamarle por su nombre.

Cuando no te conocía, te llamaba mi señor y mi rey; ahora te conozco bien: para mí serás ya Prisco

Los deberes del cliente eran acudir al saludo de la mañana, la salutatio matutina y después la deductio que era el salir de la casa del patrón formando parte de su cortejo y la assectatio, acompañarlo el resto del día en sus obligaciones diarias. Debían rodear al dominus cuando declamaba o leía sus versos, alabando y aplaudiendo todo lo que hacía. Marcial III, XLVI intenta librarse de sus obligaciones de cliente enviando a su liberto quien le será más útil al patrón

Tú me exiges, sin que les vea el fin, mis servicios de cliente. No voy, pero te envío a mi liberto. —No es lo mismo, me dices. —Te probaré que es mucho más. Yo apenas podría seguir la litera; él la llevará. Cuando te veas atascado entre la multitud, él abrirá paso a codazo limpio; yo tengo los costados débiles y delicados. Si tú narras cualquier cosa en el discurso de la causa, yo me callaré; pero él te berreará un triple “¡muy bien!”. Que tienes un proceso, él dejará oír sus insultos a grandes voces; el pudor ha contenido siempre en mi boca las palabras gruesas. —Entonces, agregas, tú, amigo mío, ¿no me prestarás nada?. —Sí, Cándido, lo que no pueda el liberto.


A cambio recibe su sustento diario en forma de invitación a cenar, de comida para llevar o de dinero, a lo que se llamaba sportula. Primero la esportula era una pequeña canastilla con provisiones que luego fue sustituída por una suma de dinero, cien cuadrantes sobre todo a partir de Nerón. Juvenal Sat, I, 120

Una apretada fila de literas solicita los cien cuartos,

Con este dinero comían, se vestían y se calentaban según leemos en Juvenal Sat, I, 119: sacan de ahí su toga, de ahí sus zapatos y el pan y el humo de su hogar.

En el atrio o vestíbulo les es entregada por un servidor encargado de esta función, en orden y bajo la vigilancia del patrón, pues siempre algún aprovechado que intentaba conseguir una esportula de quien no era su patrono. (Juvenal Sat, I)

El señor sin embargo examina primero las caras y tiembla ante la idea de que tú vengas en lugar de otro a pedir con nombre falso. Una vez identificado, tendrás lo tuyo. Manda que el pregonero vaya nombrando a los mismísimos troyúgenas, pues machacan el umbral también ellos con nosotros. “Dale al pretor, luego al tribuno”

El orden quedaba establecido por su clase social, así un descendiente de esclavos está antes que el tribuno pues las rentas de sus negocios lo han hecho caballero y lo proclama:

Que esperen, pues, los tribunos, que triunfen las riquezas, que no ceda ante un cargo venerable quien ha llegado hace poco a esta ciudad con los pies blanqueados *

*en las ventas de esclavos se pintaba de cal los pies de los esclavos importados para diferencialos de los del lugar. Tal como vemos en este cuadro de Boulanger

Otros intentan saltarse el orden y ser atendido antes destacando sus cargas familiares, como en Juvenal I, 125:

Uno, ducho ya en los trucos habituales, solicita para la ausente mostrando en lugar de la esposa una litera vacía y cerrada. “Se trata de mi Gala-dice-, despáchame pronto. ¿Qué esperas? Saca la cabeza Gala. No la molestes, por favor. Está descansando"

El cliente no recibía siempre la sportula, por ejemplo:

  • si el patrono estaba enfermo no tenía sportula, y el cliente naturalmente se lamentaba. Marcial, libro IX, LXXXV

Si alguna vez, Atilio, nuestro Paulo se encuentra un poco alicaído, no se pone él a dieta, sino que pone a sus convidados. Tú padeces, desde luego, una flojera inesperada y fingida, pero mi espórtula, Paulo, ha estirado la pata.

  • a veces los patronos eran especialmente tacaños. Marcial 4, 26;

¿Quieres que te diga cuánto he perdido,Póstumo, por no haberte visitado de mañana en tu casa en todo el año? Creo que unas dos veces treinta o creo que unas tres veces veinte sestercios: perdóname. Una miserable toga, Póstumo, me cuesta más dineros.

.

  • o humillaban a los clientes no recibiéndolos después de recorrer largas distancias, Marcial, V, XXII

(...)Y lo que es todavía más grave, Paulo:que, después de superar tantas fatigas y llegar cansado, te diga el portero que no estás en casa. Éste es el final de mi vano esfuerzo y de sudar mi pobre toga: resulta difícil que valga tanto la pena el ver a Paulo por la mañana. Un cliente servicial siempre tiene amigos inhumanos. A menos que te quedes dormido, no puedes ser mi patrón.

VI (VII)

A tu vuelta de los pueblos de Libia, Afro, he querido darte los “buenos días” cinco días seguidos: “No tiene tiempo” o “duerme”, me han dicho al volver dos o tres veces. Ya está bien. No quieres, Afro, los “buenos días”. Adiós.

Por lo contrario otras veces eran especialmente generosos, En los días de fiesta, nacimientos, matrimonios, toma de la toga viril, se daban esportulas más importantes. Por ejemplo los treinta sestercios, más o menos 120 ases o 480 cuadrantes (viene a ser cinco veces más la cantidad habitual de cien cuadrantes o 25 ases o seis sestercios y un as) que entregan por el cumpleaños del patrón, Marcial 10, 27

En tu cumpleaños, Diodoro, el senado se sienta a tu mesa como convidado y pocos caballeros dejan de adherirse y tu espórtula reparte con largueza treinta sestercios por cabeza. Sin embargo, Diodoro, nadie te cree nacido.

La espórtula según hemos visto en Juvenal se daba por la mañana en la salutatio . Sin embargo hay otro testimonio de Marcial , libro III, VI en el que es entregada por la tarde tras el baño.

Adiós ya, centenar de pobrecillos cuadrantes, donativo que hacía a sus fatigados clientes un bañista empapado. ¿Qué pensáis, amigos hambrientos? Se acabaron las espórtulas de un patrón orgulloso. “Ya no hay disimulo, ya es un salario lo que tiene que dar”.


Esta servidumbre del cliente hacía que nunca fueran dueños de su jornada y a Marcial XI, XXIV le impedía escribir sus libros

Mientras te acompaño y te devuelvo a tu casa, mientras presto oídos a tus charlatanerías y aplaudo todo lo que dices y haces, ¡cuántos versos podían nacer, Labulo! ¿No te parece que es un perjuicio si lo que Roma lee, busca el forastero, no ridiculiza el caballero, se sabe de memoria el senador, elogia el abogado, el poeta desuella, perece por tu culpa? ¿Es esto verdad, Labulo? ¿Quién va a tolerar eso de que, para tener tú un mayor número de pobrecillos togados, sea menor el número de mis libros? ¡En casi treinta días ya, apenas si he terminado una sola página! Es lo que pasa cuando el poeta no quiere cenar en casa.

En la Sátira I de Juvenal vemos un resumen de una jornada del cliente que acaba cenando en su casa unas coles

La jornada en sí se distribuye según un bonito programa: la esportilla, después el foro con Apolo experto en leyes y las imágenes triunfales, entre las que un don nadie, ante cuyo retrato no sólo echar una meada está permitido, ha osado poner sus títulos de “Egipcio” y “Arabarca”. Se retiran de sus zaguanes los antiguos y cansados clientes desistiendo de sus deseos, aunque la esperanza de una invitación a cenar es lo último que se pierde; tienen que comprar los desgraciados su coles y su leña. Devorará entre tanto lo más exquisito del monte y de la mar el patrón de esta gente y él sólo se pondrá a la mesa entre vacios respaldos...

Pero aunque hubiera sido invitado a cenar, quizá no hubiera sido bien tratado a tenor de lo que nos cuenta Marcial VI, LXVIII, y I, LX

Me invitas por cien cuadrantes y tú cenas a base de bien. ¿Me invitas, Sexto, a cenar, o a sentir envidia?

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Siendo invitado a la cena ya no como antes, en calidad de cliente pagado,¿por qué no me sirven la misma cena que a ti? Tú tomas ostras engordadas en el lago Lucrino, yo sorbo un mejillón habiéndome cortado la boca. Tú tienes hongos boletos, yo tomo hongos de los cerdos; tú te peleas con un rodaballo, en cambio yo, con un sargo. A ti te llena una dorada tórtola de enormes muslos; a mí me ponen una picaza muerta en su jaula. ¿Por qué ceno sin ti, Póntico, cenando contigo? Que sirva de algo la desaparición de la espórtula: cenemos lo mismo.

En el blog De Re Coquinaria podemos leer las comidas de la jornada del cliente así como la recreación de esta cena y su adaptación. No os lo perdáis!


Las imágenes pertenecen a este álbum de flickr. Se trata de unos antiguos cromos publicitarios de la firma Liebig. Por si queréis saber algo más, os dejo lo que he encontrado esta breve explicación y el catálogo completo.


Salutem plurimam!